Mañueco, el reto de los desafíos y el crecimiento, no de autocomplacencia

Alfonso Fernández Mañueco durante el pleno de constitución de las Cortes.- ICAL
Al ocaso de la jornada de hoy Alfonso Fernández Mañueco, el líder indiscutible del PP de Castilla y León, y el barón que más solvencia ha demostrado a Feijóo en este ciclo electoral de aciago recuerdo para los socialistas y sentimientos contradictorio en VOX, saldrá de su tercera investidura rumbo a un nuevo mandato al frente de la Junta de Castilla y León, el tercero también, con cuatro gobiernos, tres en coalición y uno en solitario. Y será así fundamentalmente porque sume 47 de los 82 votos en liza de las Cortes de Castilla y León. Será así porque así lo han querido los ciudadanos de Castilla y León, que tras la derrota de 2019, la primera del PP en 35 años, han ido incrementando paulatinamente su respaldo a la forma de gobernar de Mañueco. Aquella amarga victoria de los socialistas en 2019, con Tudanca secuestrado por Igea, hoy diluido en la inexistencia de X, y todavía víctima del síndrome de Estocolmo, que vieron como Mañueco, como un tenista diestro, fino, paciente e irreductible, desde el fondo de la pista, levantaba tres bolas de match para hacerse con el torneo.
Desde entonces su PP sólo conoce la victoria, cada vez más intensa, en municipales, generales y autonómicas. Mañueco se repuso de aquel revés tras una insensata gestión sucesoria por la acción o desidia de JuanVicente Herrera, un político admirable y admirado en todo lo demás.
Hoy a Mañueco le corresponde seguir hablando de transformar la vida de la gente. De refrendar su determinación de seguir empujando el crecimiento económico y laboral de Castilla y León. Y a ser posible hacerlo sin la autocomplacencia que en ocasiones sobra en sus discursos. Lo que ya ha hecho ya lo sabe la gente, por eso le ha votado de forma mayoritaria y con mayor respaldo de lo que lo hizo en 2022 y en 2019. Sobra la complacencia y la letanía de éxitos. Tiene la oportunidad de romper esas dinámicas y afrontar el desafío de los retos pendientes. Los retos son constantes en un mundo cambiante y lleno de vértigo. Pero uno de los retos ancestrales, y cada vez más agudizado desde que Castilla y León es autonomía, es el de los desequilibrios. Y no los industriales o también, cuyas decisiones no competen únicamente a los gobiernos, sino más bien a las compañías y empresarios. Pero sí el de los desequilibrios puramente administrativos, el de los servicios. Y es imprescindible ya hacerlo en materia sanitaria. Que un ciudadano de Castilla y León no tenga que estar agraviado, por ejemplo, en la lista de espera en función del lugar donde se despierte. Eso es igualdad. La igualdad que reclama, en justicia, el PP a Sánchez en la financiación autonómica. Hay que vivir como se predica.