BARRIO A BARRIO | CALLE SAN ILDEFONSO
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas
Entre el singular edificio de la Academia de Caballería y varios negocios con décadas de historia, esta céntrica vía que conecta el paseo de Zorrilla con el de Isabel la Católica esconde un pasado marcado por la huella religiosa

Vista de la calle San Ildefonso en 1959
Donde hoy se alzan los torreones de viviendas de la curva de San Ildefonso, una de las más reconocibles de Valladolid, hubo un colegio para niñas sin familia. Hoy casi nadie lo recuerda, salvo quien rebusca en los libros o se acerca hasta la calle Canterac, en el barrio de Las Delicias, donde su majestuosa fachada se trasladó después de consumarse su derribo en 1959.
Cierto es también que el trasiego diario poco tiene que ver con el que conoció aquel colegio en el siglo XVII, cuando el Colegio de Niñas Huérfanas y Nobles comenzó su actividad la calle de San Ildefonso. No obstante, su fundación aún se remonta más atrás, concretamente al año 1546 y al Hospital de Nuestra Señora de la Consolación, situado en la calle Santiago, donde lo fundaron Bernardino Pimentel y Alonso de Guevara bajo la advocación de San Luis, Rey de Francia. Antes de llegar a la esquina de la calle del Sacramento –ahora Paulina Harriet–, se mudó el convento de franciscanas de Jesús y María, en la actual Acera de Recoletos, y en 1604 Felipe III ordenó refundarlo en el Hospital de San Lázaro, al otro lado del Puente Mayor, donde apenas duró dos años.
En 1612, el escribano real Luis Meléndez de Nobles y su esposa, Ana del Castillo, se sumaron al proyecto con parte de sus bienes y unas casas de su propiedad, las llamadas de San Luis, como bien recuerda Juan Agapito y Revilla, en su recopilatorio de Las calles de Valladolid. Allí abrió de nuevo sus puertas el 12 de septiembre de 1613, pero once años después falleció Ana del Castillo, lo que abrió una nueva andadura por medio de Diego Valentín Díaz, quien era el sobrino carnal de Ana y uno de los pintores más relevantes del siglo XVII de Valladolid.
Antes hubo otro protagonista, Catalina de Canseco, quien ofreció a Luis Meléndez construir una nueva iglesia y aportar 400 ducados para reformar las cinco casas que él tenía en la calle Sacramento. «Las obras se empezaron con gran impulso; pero Doña Catalina se echó atrás y hubo que suspenderse aquellas», recuerda Agapito y Revilla.
La demanda interpuesta por Meléndez no llegó a verla resuelta en vida, ya que el escribano real falleció en 1632, un año después de que se paralizasen las obras. Fue entonces cuando Diego Valentín Díaz apareció en escena tras tomar el relevo en el pleito hasta lograr una sentencia definitiva el 22 de junio de 1635. El fallo obligaba a Catalina Canseco a terminar la iglesia o perder lo edificado y afrontar una pena económica de 500 ducados, luego rebajados a 400. No cumplió y el patronazgo pasó al pintor, que, junto a su mujer, continuó los trabajos y concluyó la iglesia, cambiando la advocación de San Luis por la del Dulce Nombre de María.
El templo concluyó en 1653, «pintando el mismo Diego Valentín el retablo mayor, las pinturas de toda la fábrica y hasta el monumento de Semana Santa», apunta Agapito y Revilla. Pero más allá de su construcción y decoración, lo que consiguió este prolífico artista fue que la cofradía de San Lucas, patrona de los pintores y escultores, trasladase allí su sede, lo que hizo que la Iglesia del Dulce Nombre de María fuese conocida también como ‘la iglesia de los pintores’.
Por otro lado, el Colegio de Niñas Huérfanas se amplió y acabó incorporando en 1726 el Colegio de Doncellas Nobles, regentado por las Hermanas Carmelitas de la Caridad, por lo que las alumnas ya no tenían que ser huérfanas.
Iglesia y seminario terminaron su historia en 1959, cuando fue derribado todo el edificio excepto su fachada. La demolición, sin embargó, no afectó al otro gran referente religioso de la zona, la parroquia de San Ildefonso, aunque su apariencia actual también dista mucho de la que tenía en sus orígenes por el año 1575, cuando fue creada utilizando como sede la Iglesia del Convento del Sacramento de las Dominicas. De la iglesia construida por Diego de Praves en 1618, siguiendo la traza del arquitecto Juan de Naveda, poco queda desde que se derruyó en 1965, ni siquiera el retablo mayor –desaparecido– ni sus esculturas –vendidas–. Sí se mantienen algunos de sus relieves, conservados frente a la corriente que sigue a la calle, con diversos cambios en sus negocios en los últimos años.
Por ejemplo, ya no hay rastro del bar ‘Noche y Día’, que estaba situado en la esquina de la calle San Ildefonso con el paseo de Zorrilla y que es recordado de forma popular como uno de los primeros lugares donde Bertín Osborne comenzó a cantar en sus años de juventud mientras estudiaba en Valladolid. O de ‘Muebles Valdajos’, en la esquina con Paulina Harriet.
Entre los portales aún hay espacio para los rótulos comerciales, aunque solo en uno de los lados de la vía. El otro está dominado por la Academia de Caballería, uno de los edificios más singulares de la capital vallisoletana, cuyo nombre oficial es Acuartelamiento General Shelly. Ninguna de las dos denominaciones remite a su función original, el de prisión, ámbito que nunca llegó a desempeñar. El paso del tiempo tampoco borra la huella de su reconstrucción en 1924, después de que un incendio destruyera el edificio original y que tenía forma octogonal. La piedra arenisca, tan característica de las construcciones salmantinas, se sigue imponiendo así a la tendencia arquitectónica predominante en Valladolid.
Las vistas a la Academia de Caballería siempre están presente en RED Arquitectura e Interiorismo, un negocio encerrado en un local totalmente acristalado que nació en el año 2015 de la mano de Eduardo Fernández y otros de sus socios. «Es una ubicación que está bastante céntrica y es zona de tránsito. Además, se tarda poco para realizar trámites con el ayuntamiento», reconoce desde su despacho. Pero no sólo la destacada visibilidad de sus escaparates relanza su actividad, sino también el tradicional ‘boca a boca’. «Para el sector nuestro es fundamental el desarrollar nuestro trabajo correctamente y que el cliente quede conforme, satisfecho y contento, porque así de esa manera lo va a transmitir a amigos y familiares para que se pongan en contacto con nosotros y nos contraten», reconoce.
En la misma línea se pronuncia Javier Vicente, al frente de la segunda generación de Cocinas Lucio. «Te diría que el 80% es ‘boca a boca’. A nosotros nos gusta trabajar bien, nos gusta dar un buen producto y a un precio bueno. Al final de la operación, la gente tiene que estar contenta y que nos recomiende a su compañero de trabajo, a su prima, a su hermana o a su vecina», refleja al respecto. Y es que era esa la intención del entorno profesional de Javier –incluido su padre, ya jubilado–, para trasladar la firma hace ya 15 años desde Vallelado, en Segovia, donde se originó la empresa. «Lo que teníamos en mente era facilitar a la gente que no tuviera que ir hasta Vallelado, porque en muchas ocasiones el cliente tenía que hacer dos viajes porque es verdad que una cocina, cerrarla en en una vez, es complicado (...) Y también, lógicamente, las instalaciones. Allí teníamos una exposición muy pequeñita, y aquí en San Ildefonso tenemos más visibilidad. Esta calle sí que nos encajó en parte por eso. De hecho, me sorprende porque creí que andando pasaba menos gente de la que pasa».
Dos diferentes negocios con más de una década de historia en San Ildefonso, y cerca de esa meta también está Inmogestión, una empresa dedicada a la promoción, compra, venta y construcción de toda clase de bienes inmuebles, tanto urbanos como rústicos. «Es una calle de mucho tránsito y muy céntrica», considera Miriam Juste, administradora de la sociedad. Dos ventajas que llevan a interrumpir el paseo para curiosear sobre los precios de diferentes viviendas ubicadas en Valladolid. Y más en estos tiempos convulsos. «Hay mucha demanda y poca oferta», reconoce Miriam.
Las vistas a la Academia de Caballería y al recurrente tráfico de la vía se interrumpen en un único negocio, en del Centro Dental San Ildefonso, abierta desde el año 2020. Por motivos obvios, claro está, para reservar tras su puerta un espacio de intimidad. «A nosotros nos encanta estar aquí porque siempre hay eventos de la Academia Militar y a la gente le encanta verlo. O la Vuelta Ciclista. Siempre tenemos algo por aquí cerca», agradece Claudia Morales, directora clínica.
Al fin y al cabo, José María, vecino de la zona desde hace más de 35 años, tiene una certeza: «Realmente no ha cambiado mucho la calle». Y, en parte, tiene razón. No solo por los negocios que todavía sobreviven a pie de calle, sino también por esa brisa del río Pisuerga que sigue acompañando los paseos desde San Ildefonso hasta Isabel la Católica.

Tarjeta postal sobre el año 1910 con una vista panorámica del antiguo edificio de la Academia de Caballería y, al fondo, se ve la desaparecida iglesia de San Ildefonso.
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Vista de la plaza Tenerías desde la calle San Ildefonso en 1964
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Vista de la plaza Tenerías desde la calle San Ildefonso en 1964
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Vista de la plaza Tenerías desde la calle San Ildefonso en 1964
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Interior de la iglesia de San Ildefonso en un año no detallado
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Concierto de la Gran Semana de la Música y la Danza, en la Iglesia de San Ildefonso en 1982
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Concierto de la Gran Semana de la Música y la Danza, en la Iglesia de San Ildefonso en 1982
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Edificio en calle San Ildefonso en el año 1993
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Edificio en calle San Ildefonso en el año 1993
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Calle San Ildefonso tras la pavimentación con la campaña de renovación del aglomerado asfáltico en 2014
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Calle San Ildefonso tras la pavimentación con la campaña de renovación del aglomerado asfáltico en 2014
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Curva de la calle San Ildefonso en el año 2014
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Curva de la calle San Ildefonso en el año 2014
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Otra vista de la calle San Ildefonso en 2014
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

Otra vista de la calle San Ildefonso en 2014
La calle de Valladolid de las niñas huérfanas

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

Claudia Morales Meléndez, María, Estefanía, Tamara, Valentina y Andrea son el equipo del centro dental San Ildefonso M &M en el número 1
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

Parroquia de San Ildefonso
La calle de San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

Javier Vicente y María Mongil son parte del equipo de la tienda de cocinas Cocinas Lucio, en el número 11
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

Eduardo Fernández es uno de los socios del estudio de arquitectura RED Arquitectura e Interiorismo, en el número 13
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
La calle San Ildefonso en la actualidad

La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
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La calle San Ildefonso en la actualidad
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