BARRIO A BARRIO | MADRE DE DIOS
La calle vallisoletana de las dominicas y los presos
Antes de que el ambiente universitario dominase la vía, un convento que le dio nombre y una cárcel que funcionó durante medio siglo explican buena parte de la historia de Madre de Dios, donde aún sobreviven comercios de toda la vida

Pavimentación de la calle Madre de Dios en los años 70
Hubo un tiempo en que la calle Madre de Dios estuvo marcada por la reclusión. Primero, por las madres dominicas, que fundaron allá por el año 1550 el convento que acabaría dando nombre a la vía; y después, por los presos, encerrados en las rejas de la antigua Prisión Provincial que aguantó en pie durante medio siglo. Hoy, sin el rastro del convento ni de la cárcel, los hábitos y los grilletes forman parte del pasado. No obstante, basta recorrer el largo recorrido para descubrir que aún conserva cierto aire de otra época, con negocios de toda la vida en tramos de aceras que siguen sin adoquinar.
El nombre de Madre de Dios invita a levantar la vista de vez en cuando, por si alguna señal llega desde el cielo. No suele hacerlo, aunque basta mirar hacia arriba para encontrar otro mensaje: el paso del tiempo no ha transformado esta calle tanto como a otras de Valladolid. Una prueba de ello puede ser los ladrillos ‘visten’ de arriba a a abajo cada uno de los bloques de viviendas que se elevan a ambos lados del entorno, con viejos cables de luz y telefonía que se entrelazan sobre las fachadas.
Cierto es que esos ‘adornos’ urbanos nunca estuvieron presentes en la vía, especialmente si uno indaga en el repertorio de Juan Agapito y Revilla sobre Las calles de Valladolid. De sus páginas se puede extraer que la nomenclatura de Madre de Dios no llegó hasta el año 1550, cuando Pedro González de León y su mujer María Coronel fundaron el convento de religiosas de la Orden de Santo Domingo de Guzmán bajo su patronazgo. La abadía, entonces, se levantó detrás de la Iglesia de San Pedro, justo al lado de la Cafetería Oviedo, que sigue presente con Iraitz García tras la barra.
Uno de los datos sobre el convento que sobrevive gracias a Agapito y Revilla es que entre sus obras de importancia destaca el sepulcro de los fundadores, realizado por Inocencio Berruguete, sobrino del escultor. «El contrato para hacer ese sepulcro de alabastro lleva la fecha de 17 de diciembre de 1550, y Doña María Coronel, como en él se dice, era ya difunta, y ello puede hacer suponer que el convento ya estaba construido en esa fecha, y sería de antes la fundación, aunque hasta el 1550 no se solicitara de la orden de Santo Domingo le tomase bajo su protección. Por esa circunstancia se dio a la calle el título de ‘calle de Madre de Dios’», refleja el escritor.
El paso de las dominicas por Madre de Dios duraría hasta 1806, cuando el convento, como tantas casas religiosas, fue demolido por estar en ruina ante la falta de recursos propios. Entonces, las monjas se trasladaron al convento de Porta Coeli el 29 de octubre de 2026, con mismo destino que el anterior, pero eso es ya otro tema.
El segundo gran protagonista de la historia de Madre de Dios no desapareció. Sigue ocupando el mismo lugar, aunque transformado desde el año 1990 en el Centro Cívico Esgueva. El cambio fue radical ya que antes albergaba a todos los presos de Valladolid, cuando el edificio tenía la utilidad de Prisión Provincial, concretamente desde el 20 de julio de 1935, finalizadas las obras proyectadas por José Luis Aranguren tres años antes. Desde ese mismo día se la conoció en la ciudad como «la cárcel nueva» ya que su función era sustituir al edificio de Chancillería, justo al final de la calle Madre de Dios, donde dos siglos antes eran enviados aquellas personas sobre quienes pesaba una condena.
Las 36 celdas de la Prisión Provincial dejaron de tener uso en 1985, invadida por el mal estado. Por ello, pasó de «la cárcel nueva» a la «vieja», un título que se vio reforzado tras la construcción del centro penitenciario de Villanubla.
Fue desprenderse la calle Madre de Dios de los grilletes y comenzar una nueva transformación, especialmente desde el ámbito educativo con la serie de facultades de la Universidad de Valladolid que empezaron a llenar el entorno. La más cercana, la de Comercio, llegó en 1994, ocupando el patio del Centro Cívico Esgueva. En frente se encuentra Filosofía y Letras, que se trasladó a esa ubicación en el año 1998.
Chuchi Ferrón es una de las personas que mejor conoce ese ambiente universitario. Y no es por que sea profesor, sino por ser el responsable principal del Bar El Templo, el sitio de referencia de los alumnos antes y después de las clases, incluso durante. «El año en el que comenzó el negocio fue en marzo de 1993. Los primeros cinco años lo tuvo un amigo mío, Manuel Fernández, y yo me hice cargo en 1998, cinco años a posteriori. Empezamos siendo una cafetería con desayunos, platos combinados, poníamos alguna copa y tal. Y a partir del 2003 introducimos un poco más el tema de la hamburguesa y el sándwich», cuenta este hostelero, también al frente de la Brasería El Peregrino, en la calle Doctor Morales.
Chuchi, con 6o años recién cumplidos dentro de la hostelería, decidió quedarse con El Templo por el «potencial» que vio al local ante el posible auge universitario, además por ser la calle Madre de Dios una de las principales puertas de salida de Valladolid hacia el norte. «Venían los autobuses de Palencia y aparcaban cerca. Entonces, bajaban muchísimos estudiantes junto a los conductores de los autobuses, que paraban mucho tiempo, y se acercaban al bar», recuerda. Pero pese a su privilegiada ubicación –«en segunda línea de playa», como dice Chuchi–, recalca que el barrio ha sufrido un intenso cambio en cuanto a la pérdida de locales de ambiente. «En este barrio ha habido, hasta la pandemia, siete pubs. Ahora no hay ni un sitio de noche. Nosotros cerramos a las 00.00 horas y somos de los pocos que todavía nos vamos y dejamos gente sentada en la terraza», asegura.
Si raro es quién no se haya pedido una ración de patatas con queso y bacon en El Templo, lo mismo ocurre para quién no haya tenido que ir a imprimir los apuntes en Gráficas Malpica. Esta empresa familiar, que llegó a tener imprenta tradicional, fue fundada en el año 1995 y sobrevive, incluso, a los grandes acaparadores del mercado como Amazon. ¿Cómo? «Con mucho esfuerzo y sin vivir directamente del negocio», responde Laura Cano, que no se olvida de la «reinvención» obligada ante las necesidades de la clientela, cuya gran parte recae en el público estudiantil. «Las universidades fueron el desencadenante para que abriese el negocio», refleja al respecto.
Otra superficie que también acecha a los negocios tradicionales es Mercadona, con una tienda situada en el Camino del Cementerio, cerca del Centro Especializado de Alto Rendimiento. Pero Rashid, que llegó a Valladolid en 2005 desde Bangladesh para abrir Rashid Store, donde uno puede encontrar cualquier variedad de fruta, explica que la «calidad del producto» y el «buen precio» permite mantener a flote el negocio.
También es importante la «fidelidad» con la clientela, como añade Noemí Vázquez, de la Peluquería Noe Sebastián, con servicios personalizados desde 1971. Ella cogió el testigo de su tío para que el negocio no cerrara, y lo mantuvo como el sitio de referencia de la calle Amor de Dios para retocarse el peinado. «Estamos tratando a generaciones completas. Gracias a mi tío, que venía el abuelo, luego el hijo, y ahora el nieto», asegura. Y cómo no, también ella tiene en el público joven gran parte de su clientela, especialmente por la cercanía de la residencia universitaria Labouré y del CEIP Macías Picavea.
De las dominicas a los presos, de los presos a los universitarios, en la calle Madre de Dios el tiempo transcurre sin freno. Sólo los comercios de toda la vida ofrecen esa pausa para recorrer una vía que es lugar de encuentro, estudio y vida cotidiana al mismo tiempo.

Antes de que el ambiente universitario dominase Madre de Dios, un convento que originó su nomenclatura y una cárcel que estuvo en pie 50 años explica a gran parte de l a una vía que aún conserva negocios de toda la vida
Fuente: ARCHIVO MUNICIPAL VALLADOLID / JUAN GARCÍA

Vista del CEIP Macías Picavea en la calle Madre de Dios en los años 70
La calle vallisoletana de las dominicas y los presos

Antiguo centro penitenciario, conocido como la 'Cárcel Nueva', en 1986
La calle vallisoletana de las dominicas y los presos

Edificio de la Cárcel Vieja, en los años 80
La calle vallisoletana de las dominicas y los presos

Esquina de un patio con la caseta de vigilancia, en la Cárcel Nueva de Madre de Dios, en 1986
La calle vallisoletana de las dominicas y los presos

Esquina de un patio con la caseta de vigilancia, en la Cárcel Nueva de Madre de Dios, en 1986
La calle vallisoletana de las dominicas y los presos

Casa de cultura, antigua Prisión Provincial, en 1993
La calle vallisoletana de las dominicas y los presos

Casa de cultura, antigua Prisión Provincial, en 1993
La calle vallisoletana de las dominicas y los presos

Calle Madre de Dios en 1995
La calle vallisoletana de las dominicas y los presos

Calle Madre de Dios en la actualidad
Calle Madre de Dios en la actualidad

Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
Calle Madre de Dios en la actualidad

Calle Madre de Dios en la actualidad
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Noemí Vázquez, dueña de la peluquería Noe Sebastián
Calle Madre de Dios en la actualidad

Noemí Vázquez, de la Peluquería Noe Sebastián, en una imagen antigua
La calle vallisoletana de las dominicas y los presos

Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
Calle Madre de Dios en la actualidad

Calle Madre de Dios en la actualidad
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Claudia Cruz ( con el caniche Yiyo), Sonia Revuelta, Luisa Alonso y Virginia Ingelmo son parte del equipo de RUBI 5 en el número 4 de la calle Madre de Dios
Calle Madre de Dios en la actualidad

Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
Calle Madre de Dios en la actualidad

Calle Madre de Dios en la actualidad
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Jesús Arribas es el gerente del taller de ortopedia técnica Ortopedia Valladolid en el número 4 de la calle Madre de Dios
Calle Madre de Dios en la actualidad

Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Laura Alderete, trabajadora de la peluquería Laura Mínguez en el número 27 en la calle Madre de Dios
Calle Madre de Dios en la actualidad

Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
Calle Madre de Dios en la actualidad

Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Sindri Gámez es la dueña de la frutería Roberto Polo en el número 21
Calle Madre de Dios en la actualidad

Rashid Mamon es el dueño de la tienda de alimentación Rashid Store en el número 19 de la calle Madre de Dios
Calle Madre de Dios en la actualidad

Tienda de alimentación Rashid Store en el número 19 de la calle Madre de Dios
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Calle Madre de Dios en la actualidad
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Teresa Peñalba, dueña del taller de costura Tere 2 en el número 13 en la calle Madre de Dios
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Iraitz García es el dueño de la cafetería Oviedo en el número 2 de la calle Madre de Dios
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