BARRIO A BARRIO | CALLE MANUEL SILVELA
La calle del intelectual de Valladolid que pintó Goya
Es una de las principales vías de Parquesol, donde el ir y venir de los estudiantes de cuatro centros educativos cercanos «aporta movimiento» a la zona
Los comercios veteranos destacan el crecimiento de la calle y una marcada «vida vecinal»

Panorámica de Parquesol en 1984
El museo del Prado de Madrid esconde la pintura de un ilustre vallisoletano que quizá es desconocido para muchos. Pese a dar título a una de las principales vías comerciales en Parquesol y tener dentro de su currículum el ser ‘consejero’ de José I Bonaparte, no todo el mundo sabe que la sangre de Manuel Silvela era vallisoletana.
Nacido en la capital del Pisuerga, aunque posteriormente su nombre se paseó por Ávila antes de trasladarse definitivamente a Madrid, el abogado, que también fue político y escritor, se volvió muy cercano a Francisco de Goya justo antes de que ambos se exiliaran a Burdeos por sus ideas afrancesadas, una amistad que terminó transformándose en un cuadro pintado al óleo de este intelectual vallisoletano que ahora observa a los visitantes del museo del Prado.
Dos siglos después de que Goya pintase a Silvela, la calle destaca, además de por estos tintes de rigor histórico y artístico, por la vida que aportan los diferentes centros educativos que se encuentran al comienzo y al final de la misma: el IES Parquesol y el CEIP Tierno Galván; y los colegios Marina Escobar y Julián Marías. Un ambiente de jóvenes y escolares que aumenta los fines de semana gracias al conocido como ‘Parque del Reloj’. Aunque no siempre fue así.
«Se podría decir que somos de la tercera remesa», bromean Belén y Javier, dos comerciantes ya históricos de la calle. «Hemos visto como han levantado muchos edificios», recuerdan desde su tienda Informática Imaz y Mate, que son, además, vecinos del barrio.
Un paso del tiempo que comienza a notarse en la clientela, que también ha cambiado su consumo. «Parquesol ha sido tradicionalmente un barrio joven hasta hace 20 años, pero es verdad que la gente se va haciendo mayor». Unido a la tradicional venta del tú a tú, el negocio se tuvo que adaptar al ‘boom’ de Internet. «Estamos abocados a transformarnos de muchas formas, más que nada, al mundo del servicio», reflexionan los dos comerciantes.
«Hemos llevado a nuestros hijos a los colegios que están aquí al lado, y valorábamos mucho la cercanía, porque pasaba cualquier cosa y estábamos en un momento», explica Belén Mate. Un ‘punto a favor’ con el que coincide Javier Imaz. «Me tiré mucho tiempo viajando por toda España por curro, y cuando experimentas algo así valoras más que nunca poder trabajar cerca de casa», reflexiona. Una influencia, la de los colegios e institutos, que convierte bares como La Plaza Mayor, TheCrown y Miguelángel Barra y Mantel son el oasis de profesores y alumnos cuando toca la sirena y los libros se cierran.
Los ojos de estos vecinos del barrio ‘de toda la vida’ también han sido testigos de cómo han ido creciendo los servicios. «Ahora mismo a nivel educativo y de servicios estamos saciados, pero cuando nosotros llegamos hace 28 años eran todo obras. El crecimiento es espectacular».
Un barrio que comenzó como una sucesión de mapas y un proyecto para el que hay que remontarse a los años 70, cuando Antonio Alfonso, promotor inmobiliario y presidente del Real Valladolid desde 1967 a 1970, adquirió los suelos para urbanizar lo que un día eran simples terrenos agrícolas y casas bajas y que se conoció como el ‘Cerro de la Gallinera’.
Siguiendo la estela de lo ‘histórico’, otro de los comercios que invitan a entrar cuando llega el antojo del dulce es La Antigua Tahona. Entre tartas, pastas, magdalenas y demás ‘pecados’, Cristina Tabanera conduce el céntrico negocio, pegado a la plaza Marcos Fernández, desde hace 26 años junto a su empleada Ainhoa. «Lo que más busca la gente son las perronillas o las zapatillas, que son típicas de Valladolid». Pese a ser una zona muy concurrida por ser zona de paso, Tabanera subraya que la vía es «de barrio». «Hay gente que ya conocemos de todos los días, que nos cuentan sus cosas y con la que el trato a tú a tú es una sella de identidad».
Un trabajo con un resultado de lo más dulce, pero que, confiesan, compensa más por el proceso. «El hacer las diferentes elaboraciones y poder luego colocar el resultado final es súper satisfactorio». Un refugio entre azúcar que se posiciona también como un lugar donde se comparten confidencias y no queda duda de la cercanía entre vecinos. «Algunos de mis clientes jugaban al mus con mi marido o sus hijos con los nuestros».
Los vecinos de Manuel Silvela también reservan un espacio para guadar sus recuerdos a buen recaudo. En ‘Pincel’, Celia se encarga de enmarcar fotografías, láminas, orlas y todo tipo de material artístico. Un trabajo que ha aumentado después del fin de la PAU. «Ahora mismo es una época de bastante trabajo con el tema de las graduaciones», confiesa.
Sin embargo, Pincel también se atreve con la comida. «Una vez nos pidieron que enmarcásemos unas galletas», rememora. «Nos sorprendió y les advertimos de que con el tiempo no iba a conservarse igual, pero insistieron». Desde la tienda de enmarcación destacan la variedad de servicios con la que cuenta la calle. Y es que, además de los bares, la calle alberga otros comercios como El Buen Gusto Vinos o la repostería Maro Valles Parquesol. «Está bien completita», afirma Celia.
El movimiento de la calle se vio frenado durante el apagón, un día en el que Manuel Silvela se transformó en un patio de vecinos. «Recuerdo que cuando se fue la luz salimos todos, vecinos y negocios, a contarnos nuestras vidas. Toda la situación era surrealista, pero la verdad es que fue divertido». Por poner un pero, la joven apunta al aparcamiento. «A veces los clientes quieren venir a coger un pedido grande y con lo difícil que está aparcar el tema se complica».
En la esquina con Amadeo Arias, la joyería OnTime se posiciona como el lugar donde las clientas de Marta Arranz escogen sus collares, pulseras y demás joyas desde hace ocho años. Una clientela que describe como «fiel, fija y cercana». «Tenemos hasta los teléfonos para llamar por si llega alguna cosilla que les pueda interesar», confiesa Arranz. Trabajar en el barrio es una de los principales atractivos que, a su juicio, tiene el negocio. «Es muy tranquilo y me puedo apañar sola en la tienda».
Así, entre colegios, escaparates y terrazas, la calle Manuel Silvela ha crecido al mismo ritmo que lo ha hecho Parquesol. Lo que comenzó como un lugar donde muchos vecinos han visto construir sus edificios desde cero, es ahora una de las vías más comerciales del barrio. Una vía que, pese a su ajetreo diario, conserva unas relaciones vecinales donde todos se llaman por su nombre. Mientras los jóvenes estudiantes siguen marcado el ritmo cada jornada, Manuel Silvela conserva lo que para sus vecinos es el mayor tesoro: una esencia de barrio que permanece intacta y donde se mantienen a la espera de que abran nuevos locales.

Maqueta del barrio de Parquesol en una fecha desconocida
La calle del intelectual de Valladolid que pintó Goya

Vista aérea de Valladolid. Barrio de Parquesol en 1984
La calle del intelectual de Valladolid que pintó Goya

Vista del Estadio José Zorrilla desde el cerro de las contiendas en Parquesol en 1982.
La calle del intelectual de Valladolid que pintó Goya

Viviendas en construcción entre las calles Juan de Valladolid y Manuel Silvela en 1985
La calle del intelectual de Valladolid que pintó Goya

Fructuoso Prieto es el propietario de la vinoteca El Buen Gusto Vinos, en el número 2.
La calle del intelectual de Valladolid que pintó Goya

Celia Cobos es la dueña del taller de enmacación Pincel, en el número 3
La calle del intelectual de Valladolid que pintó Goya

Luis Javier Imaz y Belén Mate son los dueños de la tienda de informática Imaz y Mate, en el número 3
La calle del intelectual de Valladolid que pintó Goya

Francisco Vergara, trabajador de la carnicería Felipe González, atiende a un cliente, en la esquina con la calle Juan Martínez Villergas
La calle del intelectual de Valladolid que pintó Goya

Viviana Naranjo es la dueña de la cafertería The Crown, en la esquina con la calle Amadeo Arias.
La calle del intelectual de Valladolid que pintó Goya

La calle Manuel Silvela en la actualidad
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