Diario de Valladolid

CASO DEL CAMBIAZO DE ATAÚDES

El espeluznante juicio del caso ataúdes en Valladolid

Isabel vio a su niña en una caja de adulto, Sergio a su bebé sobre un palé y a la hija de Antonio le prohibieron abrir el ataúd

Una veintena de testigos dejan sobrecogedores testimonios sobre cómo actuaba la trama de la reutilización de féretros del Salvador

Agentes de la Policía Nacional practicando registros en El Salvador en 2019

Agentes de la Policía Nacional practicando registros en El Salvador en 2019ICAL

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Valladolid

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Las palabras de Sergio encierran una doble pesadilla: enfrentó la dolorosa pérdida de su bebé con sólo ocho meses y años después tuvo que ver una fotografía con el cadáver del pequeño tendido sobre una madera antes de su incineración, en vez de resguardado en el ataúd elegido. «Son personas inhumanas», expresó en el espeluznante juicio del llamado ‘caso ataúdes’, que muestra en Valladolid la cara más ruin del ser humano, encarnada en el grupo funerario El Salvador que, según defiende la Fiscalía, usaba una y otra vez las cajas de los muertos para otros difuntos.

Sergio no conocía a Elena, Agustina, Antonio, Francisco o Isabel... pero comparten más de lo que quisieran. Todos han declarado como testigos estos días en la sala cuarta de lo Penal de la Audiencia de Valladolid y relatan ser víctimas de la misma vileza. Estas semanas han coincidido –y conmovido– contando su calvario en las sesiones del escalofriante juicio que se reanuda hoy tras la Semana Santa.

Se juzga a quienes se habrían lucrado aprovechando el dolor ajeno, una trama supuestamente urdida por el grupo funerario El Salvador, que consistía en el cambiazo de féretros de alta gama antes de la incineración en el cementerio de Santovenia por otros más baratos, e incluso por palés, reutilizándolos y volviéndolos a sacar al mercado. Y este sacrilegio se habría cometido una y otra vez con hasta 6.055 fallecidos. No solo los ataúdes, también 3.174 motivos florales se habrían cambiado de una sala a otra, según el sumario del caso sobre este engaño masivo.

En el banquillo se sientan 23 acusados, algunos trabajadores, y la Fiscalía solicita penas que suman 200 años de cárcel. Como responsables civiles subsidiarios figuran las empresas Agencia Funeraria Castellana S. A. y Parque El Salvador S. L.

El propietario y presunto cabecilla Ignacio Morchón Alonso falleció en 2022 y el principal testigo y ex trabajador, que habría anotado cada fraude, Justo Martín, también murió antes del juicio. La extorsión de Martín a los dueños desencadenó la ‘Operación Ignis’ que derivó en la actuación judicial. La viuda del empresario y sus tres hijos se enfrentan cada uno a 20 años de prisión.

Las testificales comenzaron a mediados de marzo y aún acudirán más damnificados en representación de los más de 6.000 afectados por este supuesto fraude que el grupo El Salvador habría efectuado desde 1995 a 2015.

Primera sesión del caso ataúdes en Valladolid

Primera sesión del caso ataúdes en ValladolidICAL

Cada testimonio resulta más sobrecogedor y hace difícil comprender cómo alguien puede llegar a ser capaz de despojar a un difunto de su ataúd; qué pasa por la mente mientras se limpia un féretro que debía haber sido quemado en la incineración de una persona para estafar a otra familia; qué piensa quien coge a pulso un cadáver para sacarlo de la caja comprada por sus seres queridos…

«Lo grave es no saber si son las cenizas de tu padre» o «duele verlo tendido sobre unas maderas», son algunos de los lamentos más escuchados en las pasadas sesiones de una macrocausa que provoca estupor, recogidos por E. Press e Ical. Aquí plasmamos algunos de ellos:

Una niña de 2 años en un féretro de adulto

Isabel perdió a su hija a una edad antinatural. La pequeña tenía dos años y no sobrevivió a un atropello en abril de 2005. Al infinito sufrimiento de esa madre y del resto de la familia se añadió la crueldad de esta supuesta trama de reutilización de féretros. Pero aunque entonces desconocían la magnitud del engaño masivo de quienes conformaban El Salvador, ya sufrieron afrentas en la despedida de la niña.

Ni siquiera le pusieron lo básico, un ataúd de su tamaño. Isabel relató ante el juez que con la menor debatiéndose entre la vida y la muerte en el Hospital Clínico y la familia esperando en la rampa del centro hospitalario, les interpelaron para que optaran por su funeraria y tanatorio. «Alguien no identificado nos preguntó si éramos los padres».

Asegura que les convencieron para recalar en El Salvador, pero tal y como fueron las cosas se arrepintieron ya entonces: «Mi niña medía 90 centímetros y se encontraba metida en un ataúd de adulto, fue algo impactante. Dijeron que no había cajas para niños. Cuando años después te enteras de todo esto, te sientes destrozada moralmente», confesó, sin poder evitar las lágrimas, quien también incineró siete años después a su madre en el mismo lugar. En ninguno de los dos casos le dejaron presenciar la cremación. 

El bebé de Sergio, «en el suelo sobre unos troncos y palés»

Solo cumplió ocho meses de vida. En noviembre de 2012 Sergio tuvo que despedir a su bebé y aprender a vivir con su pérdida. Unos años después recibió otro mazazo impensable cuando, en el marco de la ‘Operación Ignis’, le comunicaron que era un afectado de la macabra trama del cambio de ataúdes.

Tras ser notificado por el juzgado, tuvo que acudir a comisaría y allí los agentes de policía le mostraron unas fotografías para corroborar que se trataba de su pequeño. Le habrían despojado de su féretro y procedieron a incinerar sin resguardo ninguno.

Las crudas imágenes llevaron a Sergio y a los suyos a una realidad aún más dolorosa. Unas imágenes que para cualquier padre representan el infierno, en cualquiera de las formas y significados que tenga para cada uno: «Me enseñaron una foto de mi bebé tirado en el suelo junto a unos troncos, unos palés y unos trozos de madera».

Las instantáneas las tomó el trabajador que destapó todo, Justo Martín, no porque denunciara los actos ilícitos, sino porque trató de extorsionar a la familia Morchón. Anotó en una libreta miles de casos y los acompañó de las fotografías que han servido para armar la causa.

Habrían perpetrado con el niño el mismo modus operandi que con tantos otros. En presencia de sus familiares su cuerpo permanecía en un féretro. En cuanto pudieron quitarse a la familia de encima, movieron el cadáver del pequeño, según la investigación y el testimonio de este padre. Lo sacaron del féretro para ahorrárselo y volver a utilizarlo con otro niño. Y lo habrían conducido al horno sin el más mínimo decoro: «Es algo indigno y patético ver cómo trataron a mi hijo, a tu ser más querido. Estamos ante personas inhumanas».

El magistrado que se tropezó dos veces con los Morchón: como juez y como víctima

Cuando el magistrado de la Audiencia Provincial de León José Luis Ch. se cruzó en una sala por primera vez con un Morchón no imaginó que años después participaría como damnificado en un juicio contra toda la familia del empresario funerario y algunos de sus trabajadores.

Aquella primera vez el denunciante era el propio Ignacio Morchón -padre- por injurias y calumnias después de que un hombre repartiera pegatinas que le acusaban de revender las flores. De ese juicio Morchón salió contento: condenaron a quien vertía esas acusaciones sobre él. Hoy vuelven a estar sobre la mesa.

Este juez perdió a su padre en 2008 y a su madre cuatro años después. En su declaración explicó que no pudo presenciar la incineración de su progenitor porque le disuadió un trabajador como si fuera por su bien: «Me dijo que era mejor que no lo hiciera [presenciarla] porque podía oír algún ruido desagradable. Me dijo ‘la imaginación es libre’ y yo pensé que no era agradable oír algún ruido y creer que se trataba de la quiebra de un hueso de tu padre». También le aconsejaron abandonar la sala durante el proceso de cremación de su madre. «Siento primero estupor y luego indignación», reconoció quien esperaba una contundencia mayor del resto de afectados tras conocer la noticia: «La sociedad parece estar algo enferma. Debería haber colas en la puerta de la funeraria pidiendo respuestas». 

La foto del hermano de Mercedes, «desnudo» encima de unas tablas

La reutilización de las flores está en cuestión, pero ¿traficaban con la ropa y pertenencias de los muertos? ¿Quién sacaría a un difunto fuera de su ataúd y lo colocaría desnudo sobre unas tablas? Esa estremecedora escena relató en el juicio Mercedes. Asegura que la contempló en una de las pruebas presentadas por la Fiscalía: otra foto de Justo Martín. «Fue horrible. El cuerpo de mi hermano estaba desnudo encima de un palé de madera».

Su hermano vivía en una residencia de Leganés y lo trasladaron aquí para la última despedida en 2009. Al velatorio acudió el propio Ignacio Morchón -padre-, ya fallecido y presunto cabecilla, porque conocía a la familia. «Es algo increíble, una barbaridad. Nadie tiene derecho a tratar así a los muertos. Que hayamos pagado y jueguen así con las personas...».  

El ataúd «compartido» de la madre de José María

Cuando José María recala en todo lo que aseguran que sucedió siente mucha desolación. «Se me encoge el corazón de pensar que el ataúd lo haya podido compartir con otras personas».

Le indigna un cambio de féretro pagado con la póliza de seguros por otro distinto y peor. Una caja de bajísima calidad, a decir de los investigadores.

Tampoco presenció la incineración: «Echaron las cortinillas». Esta expresión la pronunció José María al hablar de la cremación de su madre, pero también la repiten muchos otros de los afectados que han testificado en nombre de los más de 6.000 damnificados de la trama.

La doble maldición de las navidades de Alicia

Estrenó el año 2006 despidiéndose de su padre. Como en tantas familias, las fiestas navideñas de Alicia están marcadas para siempre, pero en su caso por un doble y desconsolador motivo. Si la Navidad de 2006 resultó especialmente dura porque el 2 de enero murió su progenitor, la de hace tres años avivó su sufrimiento porque le informaron en navidades de que formaba parte de los afectados de la ‘Operación Ignis’.

«Estoy muy mal por tener que revivir momentos muy dolorosos. Te hace revivirlo todo de nuevo y mi padre murió con 52 años», relató. Mirando para atrás, lo que entonces le pareció normal ahora le suena extraño. «Nos damos cuenta de que no vimos nada de la cremación y que nos sacaron muy rápido de allí para elegir la urna. Pensamos que era lo habitual».

El engaño a una hija para que no viera a su padre

Antonio murió por un aneurisma de aorta en el municipio alicantino de Villajoyosa y su familia quiso trasladarlo hasta Valladolid para velarlo. Su hijo José Antonio señaló en el juicio que su condición de «mestizo, hijo de un payo y una gitana» agrava su sentimientos. «En la cultura gitana a los muertos se les adora, venera y respeta». Tanto es así que indicó que a su madre de 82 años le han ocultado este juicio para ahorrarle un sufrimiento añadido.

Cuenta que ya tuvieron un encontronazo con los trabajadores del tanatorio y la funeraria El Salvador. Su hermana viajó desde Tenerife y cuando reclamó que abrieran el féretro se opusieron con una excusa peregrina. «Mi hermana daba alaridos, pero nos dijeron que la caja estaba herméticamente cerrada y era imposible abrirla». No pudo verlo.

Sin rastro de las coronas del marido de María del Lirio

A la rapiña. A la familia del marido de María del Lirio no le dio tiempo a guardar una flor de recuerdo de un hombre que había pasado su particular calvario por una Hepatitis C que le llevó los dos últimos años de su vida a ingresos intermitentes en el Clínico. No tuvo ocasión. La reutilización de flores es otro de los fraudes que se investigan y el testimonio de María del Lirio ahonda en ello. «Ni 15 minutos habían pasado y ya habían desaparecido las dos coronas, los cuatro centros y los ramos de flores que había», expuso ante el tribunal.

Pero lo más hiriente fue la otra parte, cuando le contaron que alguno de los acusados retiró el ataúd de su marido y lo dejó desprovisto de féretro. «Cuando me enteré por la prensa me llevé un disgustazo por la angustia de saber que mi marido pudo ser quemado encima de un palé».

El humo blanco que engañó a Fernando

En la administración de lotería que regenta Fernando acostumbra a ver momentos de alegría entre la clientela, pero la suerte le dio la espalda en lo relacionado al último adiós de su padre. «Los muertos no se merecían esto. El comportamiento de esta gente ha sido carroñero», declaró en la sala, donde contó que en su día le pareció una estampa poética contemplar el humo blanco en el cielo. «Al llegar al cementerio de Santovenia vi un humo blanco que salía por la chimenea y pensé que era algo bonito. Fuimos gilipollas y nos engañaron como a tontos». 

Sobrevivir a una guerra y morir entre dudas

Julia no tuvo una vida fácil. «Vivió una guerra civil y sufrió 16 años de cautiverio», relató su nuera Asunción en la Audiencia Provincial de Valladolid, donde mostró su preocupación por a quién pertenecen las cenizas que siempre creyó de su suegra. «Visto lo visto tengo serias dudas de que la urna contenga sus cenizas», lamentó.

Ya hubo confusión con el féretro al emplear a la vista de todos uno que no era el elegido por la familia. Pero además a Asunción le dijeron que lo de llevarse las flores «tenía que haberlo dicho con antelación» y tuvo que conformarse con una negativa. 

El código deontológico de Armando contra los «traficantes de cadáveres»

Armando es médico y asegura que como tal tiene unas normas éticas que cumplir. Lamenta que otros no lo hicieran con su pareja, a la que incineraron en 2009 en el cementerio de Santovenia. «Como médico tengo un código deontológico y ni en el peor de los casos te puedes imaginar que este tipo de situaciones te puedas encontrar con gente con una catadura moral tan baja». En su misma sesión en el juicio hubo otros relatos también estremecedores en el que a los acusados les tildaron de «traficantes y manipuladores de cadáveres» y les acusaron de «aprovecharse del dolor de los demás».

El «traumático» entierro del padre de un Manuel de 17 años

Sólo tenía 17 años y tuvo que enfrentarse a la muerte de su padre. Ya recuerda como «traumático el entierro», y más dañino aún conocer lo que pudo ocurrir con el cadáver de su progenitor, que murió en la Nochevieja de 2005. Manuel muestra la preocupación compartida de quienes aparecen en este juicio como damnificados: desconocer cuál fue el desenlace real de su padre y si las cenizas que venera pertenecen realmente a él: «Tengo las cenizas en mi casa y no sé de quién pueden ser. Siento que nos han engañado».

Y como él alrededor de 6.000 afectados según las anotaciones de las libretas del ex trabajador de la familia Morchón en El Salvador.

«Nunca pensé que hubiera gente que pudiera robar así la dignidad de las personas y con tan baja catadura moral». Estas palabras las expresó el pasado martes 17 de marzo Fermín, pero las suscriben el resto de damnificados de una trama escalofriante que incluye a varios miembros de la familia Morchón y a algunos trabajadores que, de ser declarados culpables, pasarían a la historia de Valladolid y del país por una de las más degradantes acciones que se recuerdan para con los muertos y sus familias.

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