BALONCESTO / EL ANÁLISIS
‘Pseudobaloncesto’ en el teatro de Pisuerga
El ‘nuevo’ UEMC Real Valladolid Baloncesto, cuesta abajo y sin frenos con seis derrotas en nueve partidos, provoca el primer toque de atención de la directiva

Lolo Encinas, en un tiempo muerto ante Gipuzkoa.
El baloncesto parece haberse contagiado de los malos hábitos del fútbol. Casualidad o no, el Real Valladolid Baloncesto ,siguiendo los peligrosos pasos del Real Valladolid Club de Fútbol, camina cuesta abajo y sin frenos. Ese baloncesto más moderno y divertido que se vendió con la llegada de Lolo Encinas al banquillo blanquivioleta en sustitución del ‘no renovado’ Paco García brilla por su ausencia en lo más próximo al esperpento, con derrotas sangrantes y sobre todo con una imagen lejos, muy lejos de lo imaginable.
Pero afortunadamente Pisuerga, de momento (solo de momento), no es Zorrilla. La afición que va al baloncesto en Valladolid, lejos de la que iba hace años, se asemeja más a la que va a un teatro. Observa, calla y en la mayoría de los casos otorga y se conforma. Incluso después de ver un desatino ya repetido.
Pero pesa la imagen mostrada. Al menos en la directiva, que no dudó en trasladar a la plantilla, capitanes y entrenador en la mañana de este lunes la preocupación que supone recibir los primeros pitos en años (sí, pitos tímidos pero a fin de cuentas pitos, pitos en un teatro, más grave si cabe). Y es que se puede perder pero no de la forma que lo está haciendo. Porque incluso de las tres pírricas victorias que tiene en su casillero, dos se produjeron casi de forma milagrosa y más por deméritos del rival que por méritos suyos.

Lolo Encinas, frente a su ayudante, con la mirada perdida.
La crisis se instala en un UEMC Real Valladolid que debe de aclarar si realmente tiene el mismo presupuesto que la pasada temporada como se ha dicho. Si es así, está claro que la mirilla estaba torcida, muy torcida, como en la Feria, a la hora de elegir y de fichar. Un entrenador cuyo baloncesto, moderno y dinámico como se pintó, no es digerido ni entendido por una plantilla escasa de calidad y lo más preocupante con poca hambre y personalidad donde la teórica (nunca mejor dicho) estrella apenas aparece. Donde los bases no dirigen y la anarquía se apodera del ataque y la condescendencia de la defensa.
Y la manida excusa de las lesiones no sirve en un club acostumbrado a optar a cotas mayores. Porque el UEMC Real Valladolid es el quinto por la cola cuando llega la parte más exigente de la temporada con partidos ante los ‘gallitos’, los que sí cumplen con el rol encomendado (los San Pablo, Betis, Estudiantes, Palencia y... Ourense) con la Copa de España (doble partido ante Obradoiro, otro gallo) por el medio.
El problema de las lesiones tiene más fondo. Casualidad o no el que entendía en la materia médica después de 40 años al servicio del baloncesto, ‘su’ baloncesto, el Doctor Javier Alonso, ya no está en el club. Como dice el dicho, ‘entre todos la mataron y ella sola se murió’ con el aireo público (o escarnio, como lo quieran llamar) el año pasado con la ‘no recuperación de Mike Torres’.
También casualidad o no este año se fichó a un jugador, Egekeze, el llamado ‘cuatro’ titular, con una lesión crónica que no se supo detectar a tiempo. Un gol por toda la escuadra al club. Un jugador con ‘tara’ que venía de un baloncesto menos exigente, el finlandés, donde apenas entrenaba dos días.
Pero el aficionado al baloncesto en Valladolid, posiblemente cansado de incompetencias pasadas y espectadora de la desaparición del antiguo CB Valladolid, va a Pisuerga como si fuera el teatro. Cuando se aburre, y este año se está aburriendo (vaya si se aburre), coge se levanta de su asiento y enfila la puerta de salida aunque reste casi un cuarto por disputarse. Es la triste realidad que ya ni escuece el ridículo. Y si lo hace, de forma muy tímida aunque visible (al menos para la directiva), como el otro día ante Gipuzkoa.
En otros tiempos ardería Troya. Pero muchos de esos entendidos en materia de baloncesto ya ni siquiera van a Pisuerga. Se cansaron. El daño que ocasionó el antiguo club es irreparable. Porque las buenas intenciones, que las hay, de los mandamases del nuevo club, sin esa figura decorativa llamada Real Valladolid, tampoco valen. Porque todo el dinero no está en la cancha. Al menos el necesario para ilusionar. Eso sí, hay director general e incluso psicólogo. ‘Pseudobaloncesto’ de teatro.