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Argüello censura la guerra: “Qué decir cuando los hombres piensan que la única respuesta al mal es hacer el mal”
El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal oficia la misa crismal del Jueves Santo en la catedral

El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Luis Argüello oficia la misa crismal del Jueves Santo en la catedral.
El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, aseguró en su homilía de la misa crismal del Jueves Santo en la catedral de Valladolid que “no hay mayor pobreza que nuestra condición mortal, que a todos nos iguala”. En ese sentido, aludió a la “condición frágil y enfermiza” de los seres humanos y sentenció que “la enfermedad y la muerte son consecuencias del pecado”.
En ese sentido, Argüello lamentó que “hay enfermedades sociales y enfermedades y muertes causadas por el pecado de los hombres, por las injusticias que generan desigualdades, hambre, falta de vivienda, dificultades para sobrevivir, carencia de recursos sanitarios…” y se preguntó: “Y qué decir de la guerra, y qué decir cuando los hombres piensan que la única manera de responder al mal es hacer el mal, que la única manera de responder a la soberbia son respuestas soberbias”.
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Por todo ello, invitó a los presentes a “salir a anunciar el Evangelio a los pobres” en este tiempo de Pascua, aclarando, eso sí, que “los pobres somos todos, mortales, enfermizos y pecadores”, además de quienes “viven las consecuencias de la injusticia, de la guerra, del pecado de otros”.

El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Luis Argüello oficia la misa crismal del Jueves Santo en la catedral.
En su homilía, recogida por Ical, defendió que “el mayor desafío que tiene la Iglesia hoy es colaborar con el Espíritu Santo para hacer nuevos cristianos en el anuncio del Evangelio” a través de “nuestro testimonio, nuestra escucha, nuestro diálogo, nuestra palabra” y de otras propuestas entre las que citó los retiros y las convocatorias de oración semanal o de adoración eucarística.
Para Argüello, “el sacerdocio no es una función o una tarea, sino una existencia”. “Solo unidos a Jesucristo, solo sostenidos por el Espíritu que brota de su costado y de su aliento, podemos ensayar esta existencia que innova las relaciones, que innova el mundo en el que vivimos”, exhortó.