Diario de Valladolid

El primer edificio con ascensores de Valladolid y la historia que casi nadie conoce

La Casa Mantilla convirtió a Valladolid en una ciudad moderna a finales del siglo XIX y todavía hoy guarda historias que pasan desapercibidas para miles de vecinos

El característico torreón de la Casa Mantilla y sus galerías reflejan la monumental arquitectura burguesa que transformó Valladolid a finales del siglo XIX.

El característico torreón de la Casa Mantilla y sus galerías reflejan la monumental arquitectura burguesa que transformó Valladolid a finales del siglo XIX.JUAN GARCÍA

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Miles de vallisoletanos cruzan cada día la plaza de Zorrilla o recorren la Acera de Recoletos sin detenerse a observar uno de los inmuebles más extraordinarios de la ciudad. La Casa Mantilla, levantada a finales del siglo XIX, fue el edificio más alto y moderno de Valladolid y un símbolo de una nueva forma de entender la ciudad y la vida burguesa. Su imponente fachada y las historias que encierra la convierten en una de las grandes joyas patrimoniales de la capital castellana.

La historia de la Casa Mantilla comienza sobre un solar cargado de memoria. Allí se encontraba el antiguo Hospital de la Resurrección, fundado en 1553 y célebre por aparecer en El coloquio de los perros, de Miguel de Cervantes. Tras la desamortización, los terrenos fueron adquiridos por el comerciante cántabro Fidel Recio Mantilla, quien decidió levantar un edificio que representara las aspiraciones de la nueva burguesía vallisoletana.

La construcción arrancó en 1891 bajo la dirección del arquitecto alavés Julio Saracíbar y quedó terminada el 31 de diciembre de 1892, aunque su inauguración oficial no se celebró hasta febrero de 1895 con un fastuoso baile organizado por la familia Mantilla. El cronista Casimiro G. García-Valladolid describió el inmueble como una «grandiosa, magnífica y gallarda, manifestación soberbia de un pueblo que se moderniza», una definición que todavía hoy resume el impacto que causó entre los vecinos de la época.

La Casa Mantilla fue una revolución tecnológica en Valladolid

Resulta difícil imaginarlo desde la perspectiva actual, pero la Casa Mantilla fue el edificio más avanzado de su tiempo. En su portal de la esquina entre la Acera de Recoletos y la calle Miguel Íscar se instaló el primer ascensor de Valladolid, un ascensor hidráulico cuyos depósitos de agua todavía se conservan.

Además, el inmueble contaba con su propio sistema de generación eléctrica, iluminación exterior y un sistema de ventilación directa en todas las viviendas, innovaciones prácticamente desconocidas en la España de finales del siglo XIX.

Para su construcción se recurrió a materiales y tecnologías llegadas de diferentes lugares de Europa. Las columnas de hierro se fundieron en Bilbao, el mármol se trajo desde Barcelona, la máquina de vapor procedía de Inglaterra y la dinamo se importó de Suiza. Todo ello convirtió al edificio en un auténtico escaparate de modernidad.

La Casa Mantilla y una decoración monumental que el tiempo borró

Buena parte de la espectacular ornamentación original ha desaparecido. Las fachadas estaban decoradas con bajorrelieves de personajes históricos de Valladolid, realizados por el taller de los hermanos Chicote. Entre ellos figuraban el conde Ansúrez, Felipe II, Santa Teresa de Jesús, Miguel Íscar o San Pedro Regalado.

También podían contemplarse grandes esculturas alegóricas de las Ciencias, las Artes, el Comercio y la Industria. Sin embargo, diversas reformas y el deterioro de los materiales provocaron la desaparición de muchos de estos elementos durante el siglo XX.

Aun así, la Casa Mantilla sigue conservando una riqueza decorativa excepcional. Cabezas de león, cariátides, figuras femeninas, guirnaldas y motivos vegetales continúan adornando la fachada y recuerdan el carácter monumental con el que fue concebida.

La Casa Mantilla, construida entre 1891 y 1892 por el arquitecto Julio Saracíbar, fue el edificio más moderno y avanzado del Valladolid de finales del siglo XIX.

La Casa Mantilla, construida entre 1891 y 1892 por el arquitecto Julio Saracíbar, fue el edificio más moderno y avanzado del Valladolid de finales del siglo XIX.JUAN GARCÍA

La Casa Mantilla, una manzana entera dedicada al lujo burgués

La Casa Mantilla ocupa una manzana completa delimitada por las calles Miguel Íscar, Marina Escobar, Mantilla y Acera de Recoletos. De hecho, la la construcción del inmueble transformó este sector de la ciudad y coincidió con la apertura de la actual calle Mantilla.

Cuenta con cinco portales y una planta en forma de U. La vivienda de los propietarios se encontraba en el primer piso del número 1 de la Acera de Recoletos y estaba decorada con pinturas de los artistas Ruíz Cornejo y Andrés Gerbolés.

Según recoge la Guía de Arquitectura de Valladolid, dirigida por Juan Carlos Arnuncio Pastor, el edificio consiguió «simbolizar en forma urbana los deseos de modernización que se fomentaban desde la ascendente burguesía harinera». Aquella nueva forma de construir y habitar la ciudad terminaría extendiéndose por calles como Gamazo, Duque de la Victoria o la propia Miguel Íscar.

Pese a las pérdidas ornamentales y a las transformaciones sufridas a lo largo del siglo XX, la Casa Mantilla conserva una presencia majestuosa. El blog especializado El Paseante Vallisoletano resume su esencia al señalar que el edificio mantiene «la serenidad y dignidad que le dotan de una poderosa imagen formal».

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