TRIBUNALES
El acusado de matar al vallisoletano Sergio Delgado reconoció el crimen a su madre y a su novia: «Me he jodido la vida»
Ambas mujeres ratifican que «estaba muy borracho y no se acuerda de nada»

José Luis Novoa junto a su abogado defensor.
Nada más enterarse por los medios de que Sergio Delgado había fallecido después de agredirle horas antes en Las Llanas, José Luis Novoa contactó con su madre y la joven con la que mantenía una relación sentimental desde hacía tres semanas. Necesitaba hablar «urgentemente» con ambas para contarles lo sucedido y explicar su versión de los hechos.
«Repetía que se había jodido la vida, que había matado a un chaval y no quería eso», declaraba este miércoles L. H., expareja del acusado, durante la tercera sesión del juicio por la muerte de Delgado. Según su testimonio, habló con Novoa por la mañana y su actitud era «normal». Después, sobre las 13 horas, recibió una nueva llamada en la que «cambió el tono». Al final, quedaron sobre las 6 de la tarde y el procesado, «en shock», confesó la agresión.
La madre de Novoa, L. I. S., se enteró por boca de su hijo a última hora de la mañana. El propio acusado se desplazó en coche hasta el lugar que se encontraba la mujer, junto a su actual pareja y el hijo de ambos, porque necesitaba contarle algo «urgentemente». Ya dentro del vehículo, con el menor fuera porque «no quería que se enterara», Novoa reconoció haber propinado un puñetazo mortal al joven vallisoletano.
«Estaba muy borracho y no se acuerda de nada». Esa es, según la madre y su expareja, la versión que el acusado siempre ha mantenido desde aquel aciago puñetazo en la plaza Huerto del Rey el 24 de febrero de 2024. De hecho, llegó a comentar a L. I. S. que su estado de ebriedad era tal que «no se acordaba ni cómo había llegado a casa».
Después de comer en casa de su madre, Novoa fue acompañado hasta el domicilio de su abuelo, con quien residía desde hacía un año porque ambos estaban «muy unidos». En torno a las 6 de la tarde quedó con quien fuera su novia, a la que no ha vuelto a ver desde entonces. Y aunque no dejaba de insistir en que «no se acordaba de nada» relativo a la agresión, sí llegó a indicar que «se estaban llevando bien» en el Madame Kalalu, el pub donde víctima y agresor coincidieron previamente.
L. I. S. ya había recomendado a su hijo acudir a Comisaría. Consciente de que sus amigos ya estaban prestando declaración, Novoa esgrimió que «tenía que esperar a que le llamasen». La madre decidió acompañarle y, una vez en la sala de espera, dos policías le indicaron que tenían que acudir al domicilio del abuelo para recoger las prendas que su hijo portaba la noche anterior.
Sin darle mayor importancia, la madre les acompañó. De camino, pidió permiso para avisar a su padre por teléfono pero se lo denegaron. Con el abuelo «asustado», la Policía Nacional se llevó la ropa de Novoa y L. I. S., sin ser consciente de la situación, se ofreció a lavarlas porque «olía muchísimo a alcohol». En ese momento, uno de los policías «se echó a reír».
«No le volví a ver hasta prisión», relataba ante el juez la madre del procesado antes de señalar que, el pasado 30 de mayo, ingresó los 20.000 euros que su hijo tenía ahorrados en la cuenta de la familia de Sergio Delgado. Por otro lado, recuerda haberse cruzado con un varón al que una agente de Policía dio un abrazo en la puerta de Comisaría cuando ella entraba con su hijo. El hombre en cuestión, visiblemente abatido, era Francisco, el padre de la víctima.