Diario de Valladolid

PATRIMONIO

Valladolid arranca la obra para devolver los arcos de La Merced Calzada a la plaza de San Juan

Cabero prevé iniciar los trabajos "el lunes o cuando la meteorología lo permita"; de momento, ya ha colocado las casetas

Casetas de obra, situadas en la calle Maldonado, junto a la plaza de San Juan, donde se colocarán los arcos.

Casetas de obra, situadas en la calle Maldonado, junto a la plaza de San Juan, donde se colocarán los arcos.JUAN GARCÍA

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La arquería del convento de La Merced Calzada regresa al lugar del que nunca debió salir: la plaza de San Juan, que ya presencia los primeros movimientos para el retorno de una de sus joyas patrimoniales perdidas. La instalación de las casetas de obra en la calle Maldonado marca el inicio de la intervención que permitirá acoger de nuevo un conjunto del siglo XVII, tras décadas de 'exilio' en la finca de Los Quemadillos, situada en el Camino Viejo de Simancas.

Mario Cabero, responsable de la empresa encargada de la obra, confirmó a este periódico que ya tienen todos los permisos. El siguiente paso será vallar el perímetro donde se van a ubicar los arcos y comenzar con la excavación. Eso sí, precisó, «cuando la meteorología lo permita». El objetivo de Cabero Edificaciones pasa por iniciar estas tareas «el lunes» siempre que el tiempo dé una tregua para trabajar con seguridad en el suelo de la plaza.

A la espera del movimiento de tierras se encuentra también Cuadrante, encargada de la dirección facultativa del proyecto. Álvaro González, arquitecto técnico y director de ejecución de la firma burgalesa, indicó que su equipo acudirá a la obra en el momento en que empiecen las labores de excavación y replanteo. La coordinación entre la constructora y la dirección facultativa resulta «esencial» en esta fase, donde se preparará la cimentación que sostendrá las casi 400 piedras que conforman el conjunto histórico, localizado en la finca agrícola.

Los trabajos de desmontaje terminaron a mediados de diciembre. Más tarde, las piezas retiradas se sometieron a labores de consolidación, un paso intermedio para asegurar su perdurabilidad antes del traslado definitivo al centro de la ciudad.

Raquel Górriz, arquitecta proyectista y directora de obra de Cuadrante, explicó que el desmontaje se desarrolló «según la planificación y el ritmo previstos, favorecidos por la meteorología». No obstante, la intervención no estuvo exenta de retos. La principal dificultad residió en la manipulación de «piezas singulares y delicadas, sumada a la aparición de numerosos añadidos posteriores de hormigón y ladrillo», puntualizó. Estos elementos, agregados durante la estancia de los arcos en la finca privada, obligaron a una retirada con «especial cuidado» para no dañar la piedra original.

González, por su parte, destacó como punto fuerte la coordinación entre todos los agentes: propietario, Ayuntamiento, constructora y dirección de obra. Esta sintonía ha permitido que «el proceso avance con seguridad y garantías». Además, gracias a los resultados de los análisis y pruebas efectuados por la restauradora y el laboratorio, la actuación se ha podido desarrollar mejor. «Esto nos ha aportado más información y criterios técnicos para abordar con mayor precisión los trabajos de consolidación y restauración».

El equipo de Cuadrante no es nuevo en este tipo de intervenciones de cirugía patrimonial. Raquel Górriz recuerda su participación en el traslado del Arco de la Isla en Burgos, donde formaron parte del equipo redactor del proyecto con labores de documentación planimétrica y levantamiento 3D. También en la provincia de Valladolid han ejecutado trabajos similares en las fases I y II de restauración del Monasterio de la Armedilla. La experiencia previa, tal y como añadió González, subraya la importancia de la planificación y la documentación como ejes fundamentales para el control de las piezas y su reposición exacta.

Para los arquitectos, este proyecto supone un «reto personal y profesional». Ambos coincidieron en que actuar en un espacio público tan concurrido como la plaza de San Juan añade «un nivel de exigencia mayor, dado que el trabajo permanece bajo una atención constante y una visibilidad que no existe en entornos más aislados».

Si los plazos se cumplen, la arquería de La Merced Calzada lucirá en su ubicación histórica, en la esquina que mira a la calle Don Sancho, durante la próxima primavera.

Arquería del convento de la Merced Calzada de Valladolid.

Arquería del convento de la Merced Calzada de Valladolid.EL MUNDO

El proyecto, que cuenta con una inversión de 260.000 euros, cierra un ciclo. Los arcos, pertenecientes al claustro del convento, fundado en el siglo XVII, fueron trasladados a mediados del siglo XX a la finca de Los Quemadillos, donde sirvieron como porche de una vivienda particular. Su redescubrimiento en 2016 por técnicos de la Concejalía de Urbanismo y la posterior cesión gratuita al Ayuntamiento de Valladolid por parte del actual propietario del terreno han permitido esta operación de rescate.

La intervención en la plaza de San Juan contempla la reubicación de los nueve arcos y el blasón de la orden mercedaria, declarado Bien de Interés Cultural (BIC). La disposición en este enclave corregirá la orientación que tenían en la finca del Camino Viejo de Simancas: las columnas mirarán hacia el interior para recrear la atmósfera del claustro procesional original. El diseño incluye la conservación de los castaños existentes y la creación de una zona estancial bajo la nueva galería de piedra.

Con las casetas ya instaladas y el equipo preparado, la capital del Pisuerga cuenta las horas para ver renacer un fragmento de su historia que se creía perdido.

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