BARRIO A BARRIO | CALLE LA MERCED
La calle vallisoletana de Nemo y Dory
Multitud de alumnos de dos colegios y un instituto recorren a diario la calle La Merced
Un puñado de tiendas y bares se han convertido en patrimonio de la zona, como los peces y acuarios de Maribel, la librería de Tere y la tienda de José María

Vista de la calle, con el Instituto La Merced a la izquierda en otra época.
No sólo en el universo Disney nadan Nemo y Dory, en la calle vallisoletana de La Merced tienen su propio escondrijo. Entre acuarios de agua dulce y salada se mueven varios ejemplares del pez payaso común (Amphiprion ocellaris) y del pez cirujano azul (Paracanthurus hepatus) y hacen las delicias de quienes se acercan a una de las tiendas veteranas de Valladolid, Aquiarium Discus. «La más antigua solo de peces», precisa su dueña Maribel Alonso, que acumula 45 años al frente de un negocio familiar que antes estuvo a la vuelta de la manzana, en Alonso Pesquera.
Entre la calle Cervantes y la plaza de Santa Cruz, multitud de estudiantes recorren a diario La Merced, a un paso del casco histórico, pero sin estar sumergido en él: desde los niños que acuden a los colegios próximos Jesús y María y San José a los universitarios de la facultad de Derecho y los alumnos del propio Instituto de La Merced, situado más hacia la zona de Don Sancho.
Pese a que no es demasiado larga, por conectar con Cervantes y ser esta la que desemboca en la plaza Circular, sí que alberga varios negocios de los de toda la vida que la vuelven reconocible para gran parte de los vallisoletanos.
Quien más quien menos si alguna vez tuvo un acuario o soñó con uno seguramente recaló en la tienda de Maribel, en la que también trabajan sus hijos Irene y Nacho. «Vemos a gente que desde niños conoce la tienda, se hace mayor y tiene su propio acuario. La afición se hereda», comentan Maribel e Irene, quien señala algunas de las peticiones más comunes de los más pequeños. «Vienen preguntando por los ajolotes, unos anfibios que se han hecho famosos por internet y videojuegos como Minecraft. También preguntan por Nemo, que es el más conocido, y les tienes que explicar que es de agua salada y que ellos tienen un acuario de agua dulce. Cuando salió la película eso sí que era un boom».
De hecho, lo más especial de este comercio son los acuarios marinos. «Vienen clientes de casi toda la Comunidad porque casi nadie ofrece esta opción», apuntan sobre una clientela que ha ido variando con los años: «Hace 40 años era una afición más de hombres y ahora se ha extendido a todos».
Como el resto de comerciantes y hosteleros de la calle, destacan lo transitada que es, sobre todo entre semana.
A unos poquitos metros se encuentra otro de los tesoros patrimoniales de La Merced: la tienda de José María, Deportes Tokero, montaña y camping, con sus 31 años despachando: «En aquel momento había mucho público para el tema de campo, monte y montaña. Ahora la montaña de élite como se entendía antes prácticamente ha desaparecido y no hay relevo generacional; se lleva más el senderismo de disfrute, el Camino de Santiago y rutas marcadas», comenta quien sufre, como tantos pequeños negocios de la ciudad, la expansión de las ventas por la red. «Ha cambiado el negocio y a muchos internet nos ha hecho mucho daño. Con la guerra de precios que hay no puedes competir», asegura José María, que dejó su trabajo como profesor de Educación Física por emprender y montar su negocio también ligado a su gran hobby, el deporte.
Subraya como un punto fuerte de la calle La Merced la cercanía entre quienes llevan tanto tiempo labrándose su día a día en ella: «Los pocos que quedamos de antes tenemos mucha confianza y nos llevamos muy bien». El punto débil para este emprendedor es el aparcamiento. «Me gustaría que hubiera más plazas para que la gente del extrarradio, que viene bastante, tenga un sitio para aparcar tranquilamente», indica.
Cruzando de acera, frente al Instituto La Merced se encuentra una institución de la zona y casi de la ciudad: la librería Z, de Tere. 43 años le han servido para ganarse el cariño y la fidelidad del público y cuando alguien cruza el umbral de su coqueta librería suele referirse a ella por su nombre. «La puso en el 82 mi padre conmigo. Él era profesor y vendía por los colegios», explica sobre sus orígenes laborales Teresa Zatarain.
José ya falleció, pero su hija mantiene viva la esencia del negocio familiar y da cuenta de cómo ha evolucionado parte de la sociedad, a nivel educativo y social. «Vendíamos muchísimo. No había ni centros comerciales, ni Carrefour, ni web. Vendíamos a todos los pueblos de Valladolid. Esto ha cambiado muchísimo. Vendíamos muchos libros de texto y ahora van con tablet. Los cuadernos tienden a desaparecer también y vendemos muchos calendarios porque antes se regalaban por todos los lados y ya no», cuenta minutos después de que un profesor del vecino instituto entre y le diga: «Era alumno de aquí y te compraba. Antes me aguantaban a mí los profesores y ahora me toca a mí».
Tere es consciente de la popularidad adquirida a pie de calle. «Tras casi 44 años aquí, cuando voy a cualquier sitio a hacer un trámite me reconocen». «Lo mejor de esta ubicación es el ambiente escolar y lo que mejoraría, que hubiera más negocios e iluminación por la noche, que queda un poquito apagada».
La pérdida de negocios también la reseña Luisa, tras la barra de DondeJavi, cuyo marido Javier montó el bar tras dejar su carrera como jugador de baloncesto. «Han cerrado varios negocios, se había quedado un poco vacía pero se va a ir reavivando con nuevas aperturas», asegura Luisa. «Es una calle tranquila, con bastante paso y al lado del centro, pero no tan concurrida como la catedral».
Desde este local, que lleva 15 años abierto, Luisa y Javi han detectado las distintas tendencias de ocio en Valladolid. «Desde la pandemia del Covid se nota que la tarde-noche ya no es como antes. Ahora terminan las extraescolares y la calle queda desierta. Ha bajado la afluencia nocturna y del fin de semana», comenta Luisa.
En la esquina de La Merced con Fidel Recio, está el bar recién llegado L’Atelier, de los hermanos Darwin y Marta. «Llevamos sólo desde junio y estamos muy contentos. Estudié en el Jesús y María y el local nos gusta mucho y pasa muchísima gente», comenta él. «Hay mucha animación de chicos de los colegios», apunta Charo Lavín, desde su peluquería que pronto cumplirá 10 años frente al instituto.
La memoria de una ciudad a veces es tan mala como la de Dory y Nemo y así ocurre con el nombre de esta calle, cuyo origen parece evidente por el centro educativo, pero esconde más. Frente a la fachada de la peluquería y de la librería se ubicó el convento de Nuestra Señora de la Merced, donde ahora se encuentra el instituto del mismo nombre de la calle, que data de 1943 y antes fue Escuela Industrial y Politécnica y se convirtió en referente en las enseñanzas de formación procesional en la rama industrial.
El centro religioso es la razón de la denominación en el callejero vallisoletano. Fue inaugurado en este emplazamiento, según recogió el fallecido cronista de la ciudad Juan Agapito y Revilla, «en 1384 por la reina Leonor», y más tarde en el lugar se instaló un edificio de Caballería, que después fue también derruido. Aunque la fecha relativa a la instalación del convento varía según algunos historiadores, desde hace varias décadas luce allí el centro de educación secundaria que contribuye a la vitalidad cotidiana de La Merced.

Calle La Merced con Don Sancho en el siglo pasado.
La calle vallisoletana de Nemo y Dory

La calle de La Merced el siglo pasado.
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Un grupo de personas corriendo en una protesta en 1973
La calle vallisoletana de Nemo y Dory

Sentada de alumnos de Maestría Industrial a la entrada del Instituto Politécnico en protesta por la suspensión del segundo ciclo de formación profesional en horario nocturno en 1977
La calle vallisoletana de Nemo y Dory

Vista de la calle, con el Instituto La Merced a la izquierda en el siglo pasado.
La calle vallisoletana de Nemo y Dory

Sentada de alumnos de Maestría Industrial a la entrada del Instituto Politécnico en protesta por la suspensión del segundo ciclo de formación profesional en horario nocturno en 1977
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El colegio San José, que da en un lateral a la calle de La Merced, en 1915
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Policías en una acera junto al colegio San José en 1982
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Vista aérea de la plaza de Santa Cruz desde la esquina con la Merced. Al fondo el Palacio de Santa Cruz en los años 90
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La calle La Merced en el siglo pasado.
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Antonio Nozal, dueño de la tienda de reparación y venta de dispositivos móviles Planetamóvil
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Maribel Alonso con su hija Irene Martín en la tienda de Acuariofilia Aquarium Discus, activa desde hace más de 45 años.
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Peces en la tienda Acuariofilia Aquarium Discus de Maribel Alonso, activa desde hace más de 45 años
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Ajolote en la tienda Acuariofilia Aquarium Discus de Maribel Alonso, activa desde hace más de 45 años
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José Toquero, dueño de la tienda de deportes Tokero
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Teresa Zatarain, dueña de la librería Z desde 1982
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Calle de La Merced en la actualidad
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