Una facultad convertida en una gran cámara oscura para retratar Valladolid
El profesor Pablo de Castro y el artista israelí Ilan Wolff instruyen a alumnos de Educación de la UVa para crear «un mapa emocional» de Valladolid, con cámaras artesanales que puedan llevar en el futuro a los colegios

Ilan Wolff y Pablo de Castro Martín posan junto a los alumnos del proyecto de innovación con sus cámaras artesanales.
Esta semana recorre las calles de Valladolid un trotamundos que a lo largo de su vida ha desarrollado su arte en Alemania, Francia o Países Bajos. Llegó en su peculiar furgoneta, transportando una treintena de focos de luz roja, rollos de papel fotográfico, cubetas de revelado y hasta cien metros cuadrados de plástico negro con los que llevar la oscuridad a cualquier espacio cerrado. Es el fotógrafo Ilan Wolff (Nahariya, Israel; 1955), un referente en el uso de la cámara oscura convertido estos días en un profesor más de la Facultad de Educación y Trabajo Social de la Universidad de Valladolid, experimentando con cerca de 70 universitarios llamados a ser, en un futuro próximo, maestros de Educación Primaria que puedan llevar al aula lo aprendido estos días.
De la mano de Pablo de Castro Martín, profesor del Área de Didáctica de la Expresión Plástica, Wolff participa en el proyecto de innovación docente ‘Mobile Pinhole Camera. La fotografía estenopeica como recurso educativo’, en el que también colabora personal del Departamento de Teoría de la Arquitectura y Proyectos Arquitectónicos y del Departamento de Física teórica, Atómica y Óptica de la UVA.
«Lo importante es que ellos entiendan el proceso de la cámara oscura», advierte en declaraciones a este diario De Castro, mientras contempla una serie de cámaras artesanales, de latón o de cartón, pintadas de negro en su interior y con diminutos orificios en su estructura para hacer las veces de una lente que, en este caso, no existe. Artilugios construidos estos días por los universitarios, con los que salen a la calle para atrapar el tiempo, para construir memoria, para resignificar espacios.
«Esa cámara oscura que una vez fue un invento revolucionario nos permite hoy documentar la vida», apunta el profesor, que en sus clases busca alejar a los muchachos de ese entorno digital aséptico en el que han nacido para familiarizarse con un mundo más propio del pasado, más manipulativo, más intuitivo; uno que se palpa, mancha y huele al barniz de los grabados o al agua avinagrada del baño de paro en los revelados. «La mejor manera de explicar cómo funciona una cámara oscura, al igual que un ojo humano, es construir una en la que poder entrar», añade De Castro antes de entrar en un aula revestida de plástico negro: un pequeño orificio en el plástico que cubre la ventana proyecta sobre una gran ‘sábana’ de papel fotográfico lo que acontece en la calle.
Con esas cámaras rudimentarias, artesanales, baratas, los jóvenes se han ido retratando en el campus, creando estampas con una atmósfera especial, con una suciedad en la imagen desacostumbrada en estos tiempos... «Este tipo de cámaras te enseña, en primer lugar, que no se necesitan las cosas más caras, las más espectaculares, para crear, para conseguir algo brillante, único, especial; en segundo lugar, muestra algo a lo que muchos ya no están acostumbrados como es el proceso, que no tiene que ver con lo que puedes hacer con Photoshop, que es electrónico. Esto es artesanal. Quiero que vivan esta experiencia, que entiendan cómo el proceso puede influir en la imagen final», defiende Wolff, que ha perforado la carrocería de su furgoneta para hacer de su Renault Trafic una cámara rodante con la que retratar Valladolid.
El arte, pues, se erige como una herramienta de formación transversal capaz de enseñar el valor de la planificación, de la paciencia, de la experimentación, del juego con el ensayo y el error.
Tras dos intensas jornadas de formación, los participantes del proyecto ‘Mobile Pinhole Camera’ salen a la calle para inmortalizar «sus lugares de referencia». «Nosotros entendemos el patrimonio no en un sentido monumentalista, sino afectivo. Es en sus barrios donde tienen que hacer su investigación visual, han de localizar esos lugares que pueden ser más bien ‘no lugares’ para muchos pero que son relevantes para ellos», explica Pablo de Castro. «Se trata de crear un mapa emocional», matiza el profesor.
Incluso tienen previsto construir una cámara de gran formato para ser instalada en un carro que pueda ser arrastrado por una bici... Un ingenioso remedo de la furgoneta de Wolff.
El proyecto, que cuenta con apoyo del Ministerio de Ciencia, Educación y Universidades y del Observatorio de Educación Patrimonial en España, entre otros, tendrá continuidad el próximo año. Sus frutos se podrán contemplar en distintas exposiciones, en el MUVa, en el Espacio Joven Sur o en la sala del Centro de Tratamiento y Eliminación de Residuos de Valladolid.

Ilan Wolff trabaja en el revelado en la Facultad de Educación.
Ilan Wolff trabaja en el revelado

Una imagen del trabajo en la sala de revelado con Wolff manejando una cubeta
Una imagen del trabajo en la sala de revelado

Detalle de una cámara estenopeica fabricada por alumnos de Educación
Cámara oscura

Wolff trabajando este miércoles en la Facultad de Educación
Wolff trabajando este miércoles en la Facultad de Educación

Un grupo de alumnos muestra el fruto de su trabajo