«El ambiente es irrespirable en Cataluña y eso también es violencia»
El juez y escritor llega a las librerías con su último trabajo sobre los grandes juicios de la historia y asegura que le hubiera gustado estar en el de Nuremberg, «donde habría emitido un voto particular».

-E. M.
Es gallego, pero en su caso se sabe bien si sube o baja porque habla claro y no se esconde en ninguno de los asuntos que jalonan la actualidad, por muy polémicos que resulten. Y así, José Antonio Vázquez Taín (La Merca, Orense, 1968), no duda en señalar que no sabe si la Justicia tendrá la capacidad suficiente para resolver el conflicto catalán, porque «nos falta la independencia, nos falta esa credibilidad que se tendría si el Consejo, el Supremo y el Constitucional fueran apolíticos», puntualiza.
PREGUNTA.- Nuevo libro sin dejar de ser juez. ¿Vázquez Taín es ya más escritor que juez o sigue siendo primero juez?
RESPUESTA.- Soy una persona que vive intensamente y que siente la necesidad de contar o transmitir experiencias que ha vivido para que la gente pueda aprender y, sobre todo, para despertar la curiosidad y romper esquemas que a veces están mal concebidos.
P.- ¿Qué atrae a alguien que como usted ha investigado importantes casos para estudiar los grandes juicios de la historia?
R.- Me plantee repasar algunos juicios reconocidos, primero para ver si lo que sabíamos era cierto y se correspondía con la realidad, y descubrí que no. Que todo lo que creemos saber de los juicios que han trascendido a la historia son arquetipos, simplificaciones esquemáticas que al final no se corresponden con la realidad. Y luego, para ver si la justicia había evolucionado, si en algunos momentos ha sido mejor o peor que ahora. Acabas descubriendo que la justicia simplemente es un reflejo de la sociedad, que si es próspera y culta la justicia también lo es y si es manipulada y dictatorial, la justicia es dictatorial.
P.- ¿Y a la vista de lo descubierto cómo califica la justicia de ahora?
R.- Como una justicia sin medios y que no tiene una definición. Estamos definidos como una justicia de derecho y de progreso, pero en realidad la falta de medios nos hace una justicia burocratizada en exceso, lenta y demasiado injusta porque lo que llega tarde ya no soluciona problemas.
P.- ¿O sea, una justicia injusta?
R.- La mayor parte de la gente cree que el defecto que tiene la justicia es que está politizada porque los órganos superiores han sido nombrados por los partidos. Pero ese no es el principal defecto. El principal es que tenemos una justicia con muy pocos medios, muy lenta y que no podemos hacer trajes a medida, sino que tenemos que dedicarnos a sacar papel. Nos olvidamos de que detrás de cada papel hay una persona y su vida.
P.- ¿Entonces, con digitalizar y más medios ya está todo solucionado?
R.- No, no. Lo primero que hay que definir es si queremos una justicia para el Estado o del pueblo porque no es lo mismo. En mi libro recojo la justicia de los templarios que servía al rey y que, por tanto, lo que decía el rey era palabra de ley. En España vamos de progresistas, pero tenemos una justicia demasiado estatalizada. Un ejemplo que estamos viendo hoy día con los delitos sexuales, el juez no puede ser el psicólogo de la víctima. Necesitamos que en los juzgados haya psicólogos que asistan a la víctima y que el juez mantenga su papel imparcial.
P.- ¿Y usted que justicia prefiere, la del Estado o la del pueblo?
R.- Yo quiero una justicia que sirva, que sea útil.
P.- Eso es una frase hecha.
R.- No. Soy consciente de que a lo mejor no soy muy doctrinal, en el sentido de que mis sentencias no traducen una doctrina que puedan trascender a los libros de derecho. Pero lo que busco con mis sentencias es resolver conflictos y no puedo hacerlo muchas veces por falta de medios.
P.- ¿Con qué gran juicio de la historia se queda. En cuál le gustaría haber estado?
R.- Me hubiera gustado estar en Nuremberg. Es un juicio en el que los jueces demostraron imparcialidad por una parte porque fueron capaces y valientes para absolver a algunos de los jerarcas nazis, pese a que habían sido designados por los vencedores y todo el mundo contaba con que los iban a condenar. Y, sin embargo, no fueron capaces de dar un paso más y decir que alguno de aquellos hechos, porque se juzgaron hechos como la matanza de Katyn en Polonia, no la hicieron los nazis sino los rusos. Todos aquellos hechos que implicaban a los americanos o a los rusos no fueron capaces de juzgarlos así. Les faltó valor. Por eso no hay un tribunal penal internacional, porque no hay un órgano lo suficientemente independiente de los estados que lo nombran como para condenar incluso a sus propios estados.
P.- ¿Vamos, que usted habría emitido en Nuremberg un voto particular?
R.- Sí, por supuesto.
P.- ¿Cuál de esos juicios es el que se podría extrapolar al momento actual de la justicia?
R.- Como curiosidad, pongo el juicio más antiguo documentado, uno de Egipto del año 1111 que es por corrupción política. Se juzga un robo en una pirámide y se descubre que hay una trama detrás en la que el propio jefe de Policía y el alcalde estaban implicados. Uno dice, ‘qué poco hemos cambiado’, pero es que la sentencia ha cambiado todavía menos porque se condena a todos menos al alcalde y al jefe de Policía, que se les absuelve y siguen robando. La sentencia trató de tapar y proteger a los políticos. Todos los juicios tienen su característica y lo que los identifica. El juicio de Galileo es un juicio pactado, en el que los enchufes, que en el aquel momento se llamaba mecenazgo, pesaban muchísimo y Galileo tenía un gran peso sobre el Papa. El de O. J. Simpson es un juicio en el que al que compra el mejor abogado tiene más cobertura en los medios y, por tanto, el jurado terminará pensando en él.
P.- ¿El de O. J. Simpson es el ejemplo claro de que el jurado no sirve?
R.- Es el ejemplo claro de algo tan absurdo como que en nueve meses se juzga por un jurado popular y se le absuelve por unanimidad, en el penal; mientras en el civil, un jurado popular le condena por unanimidad. ¿Cómo es posible que por el mismo hecho en uno se le declare responsable y en el otro, no? El jurado popular es una institución muy delicada que está muy bien si eres capaz de mantenerla imparcial, pero O. J. Simpson sabía que si compraba a los abogados más mediáticos y los medios le daban la razón y creaban la especulación de un montaje policial el jurado se la compraría. Es el ejemplo de cómo los jurados populares son muy peligrosos porque se pueden manipular muy bien, siempre que tengas dinero y medios.
P.- ¿El caso de Cataluña y los huidos como Puigdemont tiene algún paralelismo con alguno de los juicios históricos del libro?
R.- Sí, con los juicios de Nuremberg. Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, algo que parecía el sentido común, que era condenar a los que habían participado en el Holocausto y el genocidio, se encontraron con que no había leyes que condenaran esos delitos, la palabra genocidio ni existía. De hecho, se acuña en el 46. El tema de Puigdemont es el fruto de una Unión Europea que se está haciendo por piezas y la parte de la justicia es la que más nos está costando. Cuando se hizo la orden europea de detención, todos los países estaban de acuerdo en determinados delitos, narcotráfico, asesinatos, robos grandes… y luego había una serie de delitos políticos que cada país los veía de una forma distinta y se dejaron fuera. Lo que nadie esperaba es que fuera a producirse tan pronto la discusión y hay países que se están dando cuenta de que cuando les pase a ellos tendrán el mismo problema. Los jueces somos muy precavidos y si no hay una norma que lo diga de forma expresa siempre interpretamos las leyes a favor de los imputados. Todos los requisitoriados se están beneficiando de unas leyes que en materia de delitos políticos están muy en pañales. Europa no está preparada para esto.
P.- ¿Realmente cree que hubo violencia y un delito de rebelión?
R.- El problema de la violencia es cómo se entienda. Yo estuve trabajando como juez en Cataluña y hay violencias que no están. Es lo mismo que La Manada, ahí todo el mundo ve violencia porque eran cinco. En Cataluña nadie ve violencia porque no había armas. ¿Técnicamente, qué es violencia? En Cataluña, si no escribías los carteles en catalán, te multaban; si no hablabas en catalán como juez, te multaban… Había una presión si no estabas con el orden establecido. Para mí eso es violencia. En Cataluña, realmente el ambiente es irrespirable y creo que cuando un ambiente es irrespirable eso también se llama violencia.
P.- ¿Cree que realmente esto se va a solucionar sólo con la justicia?
R.- En este momento, la justicia es la que está teniendo más los pies en la tierra. El tema de la prisión provisional es muy lógico. Estamos viendo que todos los que están fuera siguen cometiendo el delito. Está por decidir si lo hay o no, yo no prejuzgo, pero no van a reconocer las leyes. Hablan de democracia pero nadie quiere un Estado de Derecho. No sé si la justicia tendrá la capacidad suficiente para resolverlo porque nos falta la independencia, nos falta esa credibilidad que decía antes. En tanto que el Consejo, el Supremo y el Constitucional fueran apolíticos sus resoluciones tendrían el peso suficiente para decirle, ‘oiga mire es que no lo digo porque sea español o porque sea catalán, lo digo porque soy el juez’. Y entonces sí tendríamos la capacidad de que nuestras resoluciones no solamente fueran imponibles, sino creíbles.
P.- Dice usted en el libro que, ‘dado que la justicia no es una ciencia exacta, todo los posicionamientos jurídicos son defendibles’. ¿De verdad, todos son defendibles?
R.- Sí. Y, además, lo vemos. Una de las pocas cosas que nos quedan a los jueces de base es la independencia. Acabamos de ver un caso muy polémico (La Manada) en el que dos jueces vieron una cosa y otro, la contraria. Lo que no se hizo en esa reacción popular tan visceral fue sentarse y leerla. Los dos están plenamente justificados.
P.- ¿Realmente cree que el voto particular del juez del caso de La Manada está jusitificado?
R.- Está muy bien explicado. Otra cosa es que se pueda compartir o no, pero está razonado, bien justificado y explicado. Ese voto particular creo que está mal interpretado. Si rompemos principios fundamentales como la presunción de inocencia y el de ‘in dubio pro reo’ nos vamos a una justicia que es más linchamiento que justicia. Pero no olvidemos que el propio sistema ya tiene los medios para que los votos particulares no sean más que eso, votos particulares.
P.- ¿Comparte la sentencia del caso de La Manada?
R.- Con los hechos probados, porque no estuve allí y por tanto lo que no has visto no puedes opinar, de la sentencia condenatoria yo hubiera entendido que hay intimidación porque cuando hay robos con violencia, por ejemplo, no se le dice te voy a matar dame el teléfono o el dinero.
P.- ¿Por tanto se está ante una agresión sexual?
R.- Sí, pero sólo llevaría como consecuencia un año o dos más de condena. Del abuso más grave a la violación más leve sólo hay un escalón que es un año. Las peores agresiones sexuales, en el sentido de agresiones con violencia, con vejaciones, con agresiones, son las merecedoras de 14 años de prisión, que es lo máximo por una agresión sexual. En este caso, de los 6 a 14 que se podrían poner el término medio sería en torno a diez, nueve en caso de abuso. La consecuencia no sería tan exagerada como la gente entiende. Por eso creo que hay que explicar las consecuencias, desde el punto de vista judicial. De pasar de abuso sexual a violación, solamente sería un año más de condena. No serían los veinte que pide Fiscalía, nunca, porque no sería legal.
P.- ¿Pero no falla la justicia cuando ante un mismo caso se dan resoluciones tan dispares?
R.- Lo que está demostrando es que tenemos un sistema que en aquellos casos muy complejos donde no hay un prueba objetiva porque no hay una pericial médica ni nada que nos permita decir ‘esto es así’, que solamente es la palabra de uno contra la del otro, sea juzgado por tres jueces para que si alguien estima una cosa dudosa o lo que sea, dar la seguridad de que al menos sean tres personas las que vayan a votar y haya posibilidad de que se corrijan las opiniones discordantes.
P.- ¿No teme que el alto tribunal de Navarra enmiende la sentencia y haga caso al voto particular?
R.- Me parecería muy raro que el alto tribunal modificara los hechos probados de un auto mayoritario. Lo único que podría es perfilarlo. Si entendemos que hay que violación incrementar las penas en un año o año y medio o dejarlo así, si se mantiene el abuso sexual más grave. En términos jurídicos es abuso o agresión sexual, violación es en todo caso. El margen del tribunal superior es perfilar la pena, no va a enmendar la plana.
P.- ¿Es partidario de modificar el Código Penal, tal y como se está defendiendo ahora?
R.- Lo que se está planteando entre los jueces, incluso a nivel europeo, es que hay que darle más relevancia al consentimiento. Si no existe consentimiento y hay sexo grupal, hay penetración o se ha drogado a la víctima, entonces tiene que ser siempre agresión sexual. La reforma no tiene que venir por otras vías, por la vía de vamos a ponerla más grave. Lo que tiene que quedar claro es que sin consentimiento en hechos graves es siempre agresión sexual.
P.- ¿Qué le pide el cuerpo hacer como juez cuando escucha al ministro de Justicia cargar contra otro magistrado por supuestas cuestiones que no desvela?
R.- Lo primero que pienso es que nos van a quitar lo poco que tenemos, la independencia. Todo el mundo tiene derecho a opinar, incluso el ministro. Pero como institución tendría que decir lo que yo he dicho, que los mecanismos judiciales están preparados para que los votos particulares sean sólo eso, votos particulares. Que la justicia española es garantista y están los recursos, que no sólo un juez es el que decide algo tan grave. Y en vez de ir por ahí se ha ido por el aspecto personal. Eso es lo que le estamos criticando, no el que haya opinado que está en su derecho, pero ha fallado en el aspecto institucional.
P.- ¿Cree que queda inhabilitado como ministro?
R.- Eso lo tiene que decir el Gobierno, yo no soy Mariano Rajoy.
P.- ¿Teme que algún día alguien en el futuro analice los grandes juicios en los que usted haya participado y le deje en evidencia?
R.- No son grandes juicios ni van a trascender. Periodísticamente tuvieron su relevancia pero humanísticamente transmiten muy poca importancia para que sean analizados.