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«Si hubiesen reforzado la seguridad, quizá mi hija Ana seguiría con vida»

El padre de la asesinada en Nueva York lamenta la pasividad de las autoridades ante las súplicas de Ana / Una trabajadora social confirma que el agresor estaba obsesionado con la vallisoletana

Álvaro, hermano de Ana, dos amigas de la fallecida y el padre de la psicóloga, Carlos Charle, en Nueva York-Ny Post

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Íñigo Arrúe
Valladolid

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Carlos Charle, el padre de la vallisoletana asesinada el pasado 27 de abril en Nueva York, aseguró en declaraciones New York Post que «quizá» la directora del albergue del Bronx seguiría con vida, sin las autoridades hubiesen sido diligentes a las repetidas peticiones de refuerzo de seguridad en el refugio de Project Renewal, de 108 plazas para personas sin hogar.

El anestesista jubilado vallisoletano, de 74 años, se encuentra junto a su hijo Álvaro en Nueva York para hacerse cargo del cuerpo de su hija y atender todos los trámites iniciales del proceso judicial abierto contra su presunto asesino ya detenido, West Spruill, de 39 años.

En la Gran Manzana atendió el pasado viernes al citado medio local para lamentar los ruegos estériles de su hija sobre el peligro latente en el centro social. «Quizá podría estar viva todavía si las autoridades de la ciudad hubieran escuchado sus súplicas para reforzar la seguridad en un albergue tan problemático», aseveró.

«Mi hija luchaba por conseguir más seguridad en su trabajo», añadió el médico, sin esconder que su entrega a los demás era vocacional. «Era completamente altruista y ponía todo su corazón en el trabajo. Dio la vida por los demás y ahora, a su muerte, se ha cumplido aquello por lo que siempre había luchado», agregó el anestesista que trabajó durante años en el Hospital Río Hortega de Valladolid.

El progenitor también se refirió al proceso abierto contra West Spruill, definido como un «criminal de carrera» por la prensa estadounidense, con 19 años de estancia en prisión sin haber cumplido aún la cuarentena. «Que éste otra vez en prisión nos da la tranquilidad de saber que no va a volver a hacer daño a gente inocente. Nadie tiene que sufrir el destino de mi hija», afirmó. «Creemos en el sistema judicial de Estados Unidos y que al final va a recibir su merecido», sentenció el médico.

El padre de Ana se refería así a la situación de la psicóloga tras haber tenido constancia por múltiples vías y de forma directa que trabajar en el refugio de Wakefield era sumamente peligroso.

Angelina Romeo, trabajadora social del ‘homebase’ que dirigía Ana Isabel Charle, explicó al citado rotativo que los incidentes estaban a la orden del día y que West Spruill, en concreto, era uno de los más conflictivos con otros residentes.

Con Ana, dijo, estaba «obsesionado». La vallisoletana llegó a comunicarle que Spruill le había acosado, a lo que Ana Isabel, respondió con ojos de profesional, intentando a pesar de todo, redirigirle. Otro residente, declaró, en la misma línea, que había visto discutir acaloradamente en el hall del refugio a Spruill con Ana y que él estaba «muy, muy alterado».

Siempre según Romeo, el propio Spruill, en momentos de lucidez, se percataba de su estado de agresividad y de su fijación con Ana, y él mismo propuso que debía mudarse a otro refugio social. De hecho, a la Policía le consta que cuando abandonó el refugio el pasado mes de enero lo hizo por decisión propia.

Pero el monstruo que llevaba dentro volvió a empujarle de nuevo al acecho sobre Ana. El día de su ataque llevaba el número de su matrícula de coche, unas bridas y una pistola adquirida en el mercado negro de Arizona, el arma con la que le descerrajó tres tiros.

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Esta semana esta previsto que vuelva a declarar ante el tribunal que lleva el caso, antes de que se celebre el juicio. Está por ver si finalmente lo hace que ya en las dos anteriores comparecencias se negó e incluso renunció a su abogado de oficio y se rasgó el chandal como protesta.