Diario de Valladolid

Tiempo para la prudencia y la solidaridad tras la tragedia

Imagen del accidente ferroviario

Imagen del accidente ferroviarioELENA IRIBAS | EL MUNDO

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Es el tiempo político para la cautela, el respeto por las víctimas y el luto. Pero también para la solidaridad. Castilla y León en esta materia siempre está en primera línea, como lo hizo en tragedias anteriores como la dana de Valencia. La primera decisión fue enviar dos helicópteros medicalizados de provincias cercanas a la de Toledo, la línea de Alta Velocidad que se ha vuelto a convertir en un escenario dantesco. Un amasijo de hierros y muertos. Un epicentro de dolor nacional.

Lo primero que toca es el respeto y el luto. Es lo que dicta la prudencia. Luego llegará el tiempo inapelable de exigir explicaciones, transparencia y responsabilidades. No puede estar en manos de un operario, o en sus decisiones, la seguridad de millones de viajeros que transitan por nuestra espectacular red ferroviaria. Falló el sistema. No sólo falló el operario, que también. El operario es la punta del iceberg de un modelo que presume de moderno, avanzado y tecnológico, pero que deja en manos de una persona la decisión de poner en marcha bestias de miles de kilos que circulan, cargados de personas, a 300 kilómetros por hora.

Mañueco dio ayer otro ejemplo optando por la prudencia y el respeto ante la tragedia. Un ejemplo que cobra más valor si se recuerda que a él no se le concedió ese respeto cuando nuestra comunidad se convirtió en una tragedia incendiaria. Precisamente, el mismo ministro que hoy está en el ojo de huracán por la segunda catástrofe en ferroviaria en nueve meses fue el más cruel y despiadado en las críticas contra Mañueco y su gobierno con la tragedia de los incendios en su peor momento. Hoy Mañueco, nuevamente, como en Adamuz, le vuelve a dar al ministro una lección de civismo político. Al ministro y a sus colegas de Castilla y León, que cuando ardía parte de la comunidad, hace dos años, no tuvieron ningún reparo en convertir la tragedia en un intento de rédito político. Las urnas pusieron en su sitio a unos y otros. Y las urnas harán lo mismo en poco más de un mes.

Las tragedias no tienen colores políticos, nos conciernen a todos, por eso la imprudencia suele ser el peor consejero. Porque las tragedias que son de todos acaban volviéndose, cruelmente, contra quienes las usan.

Precisamente ayer la consejera de Medio Ambiente presentó en las Cortes el plan para la lucha contra el fuego, con un notable incremento de medios aéreos. Nunca serán suficientes si el cóctel explosivo de las condiciones climáticas, los incendiarios y los negligentes se combinan. Las tragedias nos unen como sociedad, tanto como nos alejan de la política miserable.

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