Diario de Valladolid
Nuria Rubio en los pasillos de las Cortes con otros miembros del grupo socialista.

Nuria Rubio en los pasillos de las Cortes con otros miembros del grupo socialista.ICAL

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Tuvo que resultar, cuando menos, humillante, sin pretenderlo, contemplar el ascenso de Nuria Rubio, a su sonrisa pegada, a la vicepresidencia de las Cortes, para Luis Tudanca, orillado en la periferia del hemiciclo mientras la de León prometía, espléndida, el cargo. La sonrisa se sirve fría. Y la honestidad se cultiva en caliente. Rubio, contra la que Tudanca ejerció una violencia orgánica tan innecesaria como indecente en su refriega contra Cendón, que por cierto también asistió al nuevo ascenso de Rubio a escasos metros del de Burgos. El de León, henchido de orgullo por su amiga, el otro cargado de la amargura que se cultiva con el rencor, la venganza y el odio, que es de lo que está cosido Tudanca desde que se dejó secuestrar por Igea en aquella primavera de 2019, para luego abrazarse al síndrome de Estocolmo. En medio de la refriega con Cendón quiso Tudanca hacer rehén a Nuria Rubio, por entonces oficialidad media en el grupo parlamentario. Le ofreció billetes a cambio de traición. Lejos de optar por el camino fácil, Rubio se decantó por lo decente, arrojándole a los morros a Tudanca y su cohorte de miserables el fajo de billetes adosado al cargo. Y jamás perdió esa sonrisa esbelta y luminosa que siempre la antecede. Ayer la sonrisa ascendió a Rubio a lo más alto de las Cortes, desde donde se divisa el gallinero y a los gallinas. El otro, Tudanca, cosido de complejos, tecleaba compulsivo, como si de una terapia se tratase, para disimular la corrosión que lleva dentro. La sonrisa de Rubio es una parábola de la dignidad. Obra como debes y no como procede y serás recompensado en el reino del hemiciclo. La Rubio es una luchadora indómita, todavía por curtir en política, bruñida en las entrañas lacianiegas, donde la antracita daba más cornadas que el hambre. No le pidas que renuncie a su sonrisa o desista de los principios que forjan un carácter, que es otro pleonasmo. Tudanca ya sabe que Dios castiga sin palo.

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