VOX y Feijóo, el ritmo y el baile

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo.
DE LO QUE HAGA VOX en Castilla y León nos da pistas Extremadura. Aragón aportará evidencias para saber a qué tendrá que atenerse Mañueco, que volverá a ganar las elecciones, tras la debacle que sobrevuela al PSOE, a decir por los propios del PSOE, para los que Carlos Martínez pasó de ser la gran esperanza roja a la gran decepción rubia. Abascal no quiere maridajes con el PP hasta las generales, sean cuando sean, que serán en 2027 salvo catástrofe sanchista. Y Sánchez se ha medido ya con todo tipo de catástrofes climatológicas, orgánicas, naturales y hasta ferroviarias, Koldos y Cerdanes aparte. Cohabitar con el PP en los gobierno autonómicos a VOX no le salió a cuenta. En los comicios sorpresivos del 2023 pegó un bajón considerable. Se salió de las coaliciones por un quítame allá esos menas y la demoscopia empezó a alumbrarle un camino de furor que, de momento, ha certificado Extremadura. Seguramente en la misma línea que irá Aragón. Que no se podrá comparar con Castilla y León, donde VOX estaba en aquella primera cresta, ya por encima del 17% de los votos. Luego vino la vaguada de municipales, autonómicas y generales de 2023. Por eso no es lo mismo Extremadura y Aragón que Castilla y León. Y VOX lo sabe. Si repiten los 13 será un éxito en toda regla y se constatará que lo del candidato es lo de menos por mucho que el ex vicepresidente se creyera un imprescindible. El caso es que Abascal busca coartadas para no coaligarse con el PP hasta que tenga que coaligarse con Feijóo. Dispuesto a seguir explorando el misterio de las urnas, para nada descarta una repetición electoral contra María Guardiola, tal altiva ella. Los experimentos electorales, con gaseosa extremeña, que no mancan. No descarte Mañueco que tenga que empezar gobernando en solitario para luego, cuando lleguen las generales, tener que abrir la gatera del gobierno a VOX. Lo que está claro es que con esta táctica Abascal pone ritmo y Feijóo apenas el baile.