Diario de Valladolid

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HE DEDICADO tantos años a recorrer este inmenso arcano cultural que configura la comunidad autónoma de Castilla y León y sus lindes que apenas he tenido tiempo para ampliar las fronteras. Y, claro, no se puede cerrar uno en el mapa político de proximidad, porque al final pasa lo que pasa: que no ves más allá del lindero y del altozano y te lo pierdes todo. Estás perdido. Trabajo tengo todavía, pues el ámbito territorial y sentimental de mi tarea diaria no es moco de pavo. Además de las nueve provincias que nos marcamos en nuestro Estatuto, la comarca de El Bierzo y las otras sesenta comarcas de clara entidad cultural, se suman las lindes a las que tantas veces acudo para enarbolar la bandera de tercera España. Sí, ya sé que esa demarcación ilusoria es una mezcla de boutade y sentido común geográfico. Me baso en la teoría de frontera caída. De aduana cerrada. Del fin del aislamiento. Del hermanamiento natural por encima de las marcas administrativas. La Raya es más conocida en esta región cuando nos circunscribimos a la frontera que hace el Duero con Salamanca y Zamora, donde, además del mirandés -no confundir con el equipo de futbol que está salvando la honra regional, pues es una lengua local del entorno de Miranda do Douro-, se une el simpático “portuñol”, que es moneda corriente entre las truchas del Duero-Douro, que no saben de fronteras, como dejó escrito en su viaje a “casa” don José Saramago. Pues bien, la raya continúa por toda la geografía de Castilla y León y, en una franja imaginaria que es un prisma personal sin puntos geodésicos, a la espera de que los geógrafos me dilapiden, se trata de unos 25 a 30 kilómetros más o menos, dependiendo de la orografía, que nos une para bien, irremediablemente a La Rioja, Cantabria, Euskadi, Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón, Asturias, Portugal y Madrid. Resulta que en esta ilusionante ampliación del mapa coinciden cancioneros, instrumentos, romerías, casamientos, cultivos, climas, lobos, razas autóctonas, pastos, cañadas y en cada raya compartimos dejes al hablar. Sonamos igual. Que cada cual repase su raya y lo comprobará. De propagar esta franja rayana nos sentiríamos más ricos culturalmente y, además, la región más grande de España, aunque ya somos la más española de las regiones, y presumiríamos del mirandés, cabreirés, la parla de El Rebollar, entre otros guiños que vienen del lionés, castellano viejo, el puro castellano, verato, vasco, bable, montañés serrano, maño, gallego, berciano y román paladino. Arcano descomunal. Sorprende esta curiosa Torre de Babel inversa, toda una suerte de entendimiento y rico patrimonio cultural.

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