TIERRA ADENTRO
Un papa de Bilbao
ME CAE BIEN el Papa. Vaya por delante. El anterior, también. En general, todos desde León XIII al que estos días he seguido por cuestiones profesionales, pues fue el primer Santo Padre que hizo cine. Literal. Y, además, por su encíclica Rerum novarum, acerca de “las nuevas cosas de la iglesia” y, entre ellas, la que era más obligada, la social. Si me preguntan sobre esto hace un mes, sinceramente, sin mirar el móvil haría aguas. Tiene narices que con esta mediática propagación papal nos hemos “empapado” con estos asuntos casi todos. Desde el curioso y culto, al periodista y al tertuliano. Una locura de investigadores que ojean libros, pasan páginas, navegan hacia atrás y saltan cientos de pantallas. Con todo ello nos hemos familiarizado con los más recónditos rincones del Vaticano y no solo eso. Los más eruditos han vuelto a releer esos libros y autores que hoy piden paso. Javier Cercas, entre otros ateos. O las pelis, desde Las sandalias del pescador a la de Los dos papas, Cónclave y así. En fin, que, a la postre, todo ello ha venido bien. Nos hemos familiarizado con un rasgo de nuestro ADN cristiano, civilización a la que pertenecemos, y, sin quererlo, me da la impresión, que nos ha picado el gusanillo a muchos. Y a muchas.
Hemos pasado de la distancia habida entre la gente normal y la ciudad estado que está en Roma a familiarizarnos con una liturgia hasta la fecha criticada. Sin embargo, ahora, con lo del humo blanco, humo negro, con la espectacular puesta en escena de la curia encarnada y el suspense de la fumata se nos ha olvidado hasta el bueno del papa de Buenos Aires. Por cierto, el que sigue vivo y muy vivo y con el evangelio en sus “manos verdes” es Emiliano, el otro cura de Buenos Aires, en este caso párroco del barrio más pobre y conflictivo entre los pobres y conflictivos. Ahí no entra ni la policía. Ni el obispo. Pues eso, que anda un servidor enredado en el humo de los dicasterios, las curias, los conclaves y purpurados. Y hasta me he enterado de que Juan XXII, “un santo” para mi madre, fue el que convocó el famoso Concilio Vaticano II que se centraba en la relación entre la Iglesia y el mundo moderno. Al parecer sigue sin aplicarse, dicen los comprometidos con el cristianismo de base.
Sabemos todo del nuevo papa. Menos el pueblín de León del que supuestamente desciende. Ayer en el bar alguien dijón que “debe andar por El Curueño”. Lo sabrá seguro otro agustino leonés, el padre Blas Sierra, el del Museo Oriental de los Filipinos Agustinos en Valladolid. Aunque tengo la sensación de que nuestro León XIV, dada su impresionante dimensión intelectual e internacional y con tantas patrias y ascendencias, lo más lógico es que fuera de Bilbao. Pues no, va a ser que es de León.