TEATRO LOPE DE VEGA
El Lope de Vega regresa al XIX
La obra encara su recta final y«va por buen camino», con la vista puesta en acabar en diciembre, aunque harán falta«un par de meses más de remate» y la posterior instalación del equipamiento del teatro para convertirlo en un espacio«multifuncional»

Reforma del teatro Lope de Vega
Una ubicación envidiable, con una calle peatonal y a escasos metros de la plaza Mayor. Los inconfundibles azulejos que descansan sobre la parte superior de la fachada del Lope de Vega están cerca de dejar de ser un decorado para la ciudad de Valladolid. Cada vez queda menos para que los vallisoletanos accedan por los tres arcos al teatro y este emblemático espacio vuelva a ser hogar de cultura, actores y diversos eventos. El Lope de Vega regresará a la agenda cultural de la ciudad, con la esencia del siglo XIX, pero con nuevos elementos y una «multifuncionalidad» para albergar varios eventos simultáneos y de diversa índole.
Las obras darán paso a un teatro acode a las necesidades de estos tiempos con tres salas totalmente independientes y que pueden albergar diversos eventos a la vez o de forma separada para un total de unas 1.000 personas. El espacio principal, la Sala del XIX «va a ser exactamente igual a la que había» en los primeros días del Lope de Vega.
El teatro más antiguo de la ciudad, encara la recta final de sus obras. El grueso de los trabajos, si nada se tuerce, estarán finalizados en el mes de diciembre: «Vamos bastante bien», asegura el arquitecto y director de la obra, Óscar Ares. Si bien, esto no significa que en enero el teatro abra sus puertas al público y comiencen las actuaciones. No. «Luego tendremos un par de meses de remate y cosas por el estilo», comenta. Y recalca que la obra más ambiciosa en la historia del teatro «va por un buen camino». Ares y su equipo se encargan de la rehabilitación integral del edificio, pero posteriormente se tendrá que dotar del equipamiento necesario al inmueble como los motores, las poleas y los diversos elementos que necesita un teatro del siglo XXI.
Cuando todos los trabajos de reparación hayan finalizado, el espectador «va a encontrar que la calle entra dentro del teatro, que la calle pertenece al teatro y va a encontrar un lugar agradable, bañado por el sol, con una luz tremenda» y ahí podrá dirigirse a cualquiera de las tres salas. La espera está siendo larga, pero cada vez queda menos para volver a ver al teatro Lope de Vega como un referente de la cultura vallisoletana. Hay una generación completa que no han tenido ni si quiera la oportunidad de acceder a este histórico edificio. El 30 de abril del año 2000 cerró sus puertas después de abrirlas en 1861. Fueron 139 años de historia y teatro que fueron interrumpidos durante dos décadas por el abandono.
El arquitecto encargado de las obras del edificio resume en una pequeña frase el estado en el que se encontraba el teatro cuando comenzaron a trabajar en el: «Eso era una ruina». Una ruina que, por fortuna, no ocasionó derivó en ningún daño humano ni en un perjuicio irreparable para la rehabilitación integral que se lleva a cabo entre las paredes de este edificio de 165 años.
Tal era la situación en el Lope de Vega que los operarios se llevaron un susto en su interior: «Cuando entramos a medir se cayó una viga. Tuvimos que llamar para que nos vaciaran el edificio entero», recuerda Óscar sobre la situación que se encontraron cuando comenzaron con las obras allá por octubre de 2024. Este suceso les ocurrió en un edificio anexo al teatro, que en un principio no pertenecía al inmueble, pero se terminó incorporando al patrimonio de este enclave cultural.
Por fortuna, la condición de abandono no era total: «La Sala del Siglo XIX la verdad es que estaba muy bien». Una excepción al estado general porque al ser una construcción tan antigua ya se habían realizado otras intervenciones a lo largo del tiempo: «Se hizo una rehabilitación de la cubierta de emergencia en su día. Entonces, estaba bastante bien».
Sin embargo, esa era la excepción que confirma la regla habitual en el Lope de Vega: «Pero el resto era una ruina». Directamente había partes del teatro en las que «no existía tejado». Otra situación que refleja el estado de la mayoría de los elementos del inmueble es la entrada de la calle María de Molina: «Tú ves los tres arcos de la fachada principal y cuando entrabas por dentro no los veías, estaban sin continuidad porque había un forjado intermedio colocado. Entonces, las tres entradas originales que había en el teatro solo una funcionaba porque las otras estaban destinadas a un portal, a unas oficinas particulares», expone el arquitecto que define este tipo de hechos como «auténticas atrocidades constructivas».
Son algunos de los ejemplos que dan para imaginar la situación de «ruina» en la que se encontraba el teatro más antiguo de Valladolid después de 24 años de total abandono hasta que entraron los operarios de la UTE (Unión Temporal de Empresas) Paredes-Pedrosa y Contextos Arquitectura, empresas encargadas de esta rehabilitación que volverá a traer vida al centenario coliseo.
«Estaba desfigurado absolutamente todo, desde la utilidad del edificio hasta una desfiguración constructiva, formal, sobre todo estaba en ruina, en una ruina total», incide el arquitecto sobre la situación que se encontraron al entrar al edificio y añade: «Es más, si tardamos un año más en intervenir hoy no hubiéramos tenido Lope de Vega», asegura sobre la posibilidad de que el inmueble se hubiera venido abajo.
Futuro
El retrato en azulejos de quien toma prestado el nombre del edificio, uno de los grandes poetas y dramaturgos del siglo de Oro, volverá a ‘ver’ como el teatro se llena de gente y el inmueble deja de ser una fachada con tres arcos con puertas cerradas. El Lope de Vega va a ser rescatado del abandono y sacará a la luz un inmueble totalmente renovado y adaptado a las necesidades del teatro y el espectáculo de hoy en día.
«Nosotros lo que hemos hecho es devolverle a la fecha inicial, cuando se inauguró porque hemos descubierto las molduras originales, hemos encontrado el embellecimiento original que había», cuenta Óscar Ares sobre la «labor de investigación y de inspección» que han llevado a cabo entre los muros del teatro para devolverle su aspecto original del 6 de diciembre de 1861 cuando se inauguró con la representación de la obra El premio del bien hablar, una comedia del propio Lope de Vega
Todo este trabajo detrás ha permitido «volver a adaptarle a la gran Sala del XIX de su aroma del Siglo XIX». Antiguamente esta era la única sala de la que disponía el teatro, tras la reforma habrá otros dos espacios recuperados. En primer lugar, la Sala María de Molina antiguamente eran oficinas y en unos meses se convertirá en un espacio que podrá acoger a unas 100 personas. De igual modo, la Sala 20 de febrero antes era un salón de baile del restaurante de la planta baja del inmueble. Ahora se está transformando para dar capacidad a unas 200 personas. Una transformación radical de ambos espacios.
En un edificio de tantos años esta no es la primera rehabilitación que se lleva a cabo, aunque no ha tenido una tan importante como esta. Hace unos 100 años aproximadamente también se llevaron a cabo diversas actuaciones. «La Sala del XIX va a ser exactamente igual que la que había, pero de otra manera muy distinta porque el edificio ha sido intervenido durante muchas fechas, durante muchas épocas. Alguna de las épocas de mayor intervención fueron los años 20 del pasado siglo», comenta el arquitecto encargado de esta obra. Precisamente en esta época se dio un ‘lavado de cara’ al teatro donde se incorporaron los azulejos que dominan la parte superior de su fachada. Igualmente, se sustituyó un medallón del dramaturgo que da nombre al teatro con el azulejo actual. Un retrato que realizó Ponciano Ponzano, autor de otras obras de arte más conocidas en España como los leones que se sitúan a la entrada del Congreso de los Diputados o algunas de los esculturas del Panteón de los Infantes en el Real Monasterio de San Lorenzo El Escorial, encargo de la reina Isabel II.
Antiguamente en el teatro solo existía la Sala del XIX, no había más espacio destinado para actuaciones o representaciones teatrales: «Además de ser la sala visualmente del siglo XIX, va a mantener todo el confort de un edificio del siglo XXI». Ahora suman dos nuevas salas totalmente «multifuncionales».
Espacio Lope de Vega
El director de la obra incide en un nuevo concepto para el Lope de Vega. Apunta que no se trata de un teatro más, sus salas podrán adaptarse a lo que se necesite en cada momento, como por ejemplo retirar butacas para crear un gran espacio abierto. Una diferenciación con el resto de teatros de Valladolid gracias a la cual se podrán realizar más actuaciones que una representación escénica: «Nosotros lo llamamos Espacio Lope de Vega».
«El Lope de Vega va a tener tres salas distintas que pueden funcionar hasta de una manera totalmente simultánea o pueden funcionar individualmente», destaca Ares sobre esa «multifuncionalidad» que caracterizara a este teatro con las funcionalidades actuales, pero con la esencia del siglo XIX, cuando se estrenó por primera vez.
El arquitecto encargado de la reforma más ambiciosa en la historia de este espacio apunta que habrá un «pequeño teatro a la italiana» en la denominada Sala de María de Molina. Un tipo de sala en la que el escenario está separado del resto del espacio por el denominado arco de proscenio (abertura en el muro que separa el escenario de la sala de butacas, sirve como un marco visual que delimita la representación). También cuentan con un espacio en la parte superior denominado peine o parrilla para colgar telones y demás elementos necesarios para el espectáculo teatral.
«Hay una sala polivalente enorme, la del 10 de febrero. Y luego está la gran sala del XIX. En total hay una ocupación para 1.000 personas», resume sobre las capacidades y características del futuro «Espacio Lope de Vega», tal y como el propio arquitecto lo denomina. La Sala del 20 de febrero y la Sala María de Molina también podrán utilizarse para representaciones teatrales: «Pueden funcionar como teatro, pueden funcionar como teatro experimental... Pueden funcionar como se quiera».
«En principio están destinadas también a actuaciones teatrales, pero pueden ser más cosas», detalla Óscar Ares sobre estos dos espacios nuevos que él y su equipo están realizando en esta profunda rehabilitación del Lope de Vega.
«Por ejemplo, la sala María de Molina tiene unas gradas que son retráctiles y esas gradas pueden dar a un espacio de teatro experimental o un salón», apunta sobre las posibilidades que tendrá esta ubicación dentro del teatro y apunta que la Sala 20 de febrero también será «polivalente» y contará incluso con cafetería: «El famoso ambigú que tienen todos estos teatros», un espacio en los teatros destinado para hacer las funciones de bar antes y después de las actuaciones.
El arquitecto encargado de estos trabajos resume en una palabra el objetivo que buscan darle a este teatro:«Polifuncionalidad». «Todo va a ser polifuncioal». «De alguna manera, para que un edificio viva, para que un edificio perviva, no tiene que tener un solo uso, sino que debe tener muchos tipos de usos», sostiene sobre las cualidades que debe tener este inmueble para que no vuelva a caer en las garras del abandono en las que estuvo durante 24 años y que le provocó esa situación de «ruina».
«Esos muchos tipos de usos son los que va a abarcar el espacio Lope de Vega, porque son tres salas que pueden alcanzar una polivalencia importante. Por ejemplo, la sala principal va a tener un foso de orquesta. En un momento dado se pueden quitar todas las butacas y guardarlas en ese foso de orquesta y convertirlo, por ejemplo, en una pista de baile», señala sobre las posibilidades que tendrá la Sala del XIX.
«Esto va a tener una polifuncionalidad tan grande que puede ser lo que el público quiera. Puede tener muchos usos a la vez», resume sobre capacidad de albergar distintos eventos y espectáculos que tendrá el edificio: «Eso es lo que le convierte en lo que nosotros le hemos llamado Espacio Lope de Vega. No tiene un único espacio definido».
«No pensemos solamente en un teatro de onírica , sino que pensemos que puede tener todos los usos que requiere una sociedad moderna», sentencia Óscar sobre las capacidades y los eventos que podrá acoger el futuro Lope de Vega, un edificio que será único: «No habrá uno similar, ni en Valladolid, ni probablemente en toda España».
Las dos nuevas salas y la polivalencia de todos sus espacios no son las únicas novedades en este ambicioso proyecto. Valladolid ‘sumará’ una nueva plaza. «El edificio se ha pensado como si fuera una prolongación de la calle», explica sobre las primeras impresiones que tendrán los usuarios cuando accedan al Lope de Vega. Los espectadores accederán desde la calle María de Molina y entrarán por «una especie de calle empedrada» hasta llegar a «una gran plaza cubierta»: «Es como si la ciudad de Valladolid tuviera una nueva plaza».
Este nuevo enclave del teatro estará iluminada por doce lucernarios: «Va a generar un espacio de 14 metros de altura. Es como una gran plaza interior, desde la cual se va a distribuir hacia cada una de las salas». Más allá de un espacio de distribución del público asistente a los espectáculos, Ares sostiene que también «podrá ser utilizada para otros eventos para otros elementos, para cualquier otra intención».
De este modo, sostiene que lo que diferenciará al Lope de Vega de otros teatros de Valladolid será «la polivalencia»: Va a ser un edificio tan polivalente que al final, lo que la sociedad quiera, puede ser el Espacio Lope de Vega».
Restos humanos
En muchas obras las complejidades y los problemas no tardan en aparecer. En un edificio de estas dimensiones, con tantos años de abandono y en pleno casco histórico de la ciudad, no iba a ser menos. «Nos hemos encontrado desde restos humanos hasta trazas de edificaciones antiguas. No nos hemos encontrado elementos principales como una planta de una iglesia», detalla sobre los descubrimientos de épocas anteriores al reahabilitar el edificio.
En cuanto a la aparición de restos humanos, Ares le resta importancia: «En cualquier calle que excaves de Valladolid te vas a encontrar una calavera o lo que sea porque antes se enterraba a la gente en las casas». Con ello, sostiene que en este caso «no es un enterramiento, son restos. No tiene importancia».
El responsable de la obra remarca que «todo siempre ha estado bajo la supervisión de Patrimonio de la Junta de Castilla y León»: «No hemos encontrado grandes cosas, si no las propias que son las que se encuentran en un casco histórico».

Reforma del teatro Lope de Vega
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