Diario de Valladolid

Creado:

Actualizado:

Que gran alegría para las tripas vacías. Como contrapartida a los aranceles de Trump, la UE no ha perdido el tiempo porque lo suyo –como ha demostrado en estos años– es legislar en todo momento para proteger a los europeos con el cambio de hora, la persecución sistemática a la agricultura y a los productos agrarios, la agenda 2030, la melopea del cambio climático, la desindustrialización, y dándole al manubrio de la máquina del euro.

El mismo jueves del desastre anunciado, y cuando el mundo auguraba lo evidente –que Trump aplicaría una reciprocidad arancelaria–, miren qué notición se publicó en los medios digitales, y tomen nota de la clase de locura reglamentaria que se traen entre manos los asaltantes a las libertades públicas del viejo continente: «A partir de mediados del próximo año, los restaurantes, hoteles y cafeterías de los países de la UE no podrán ofrecer a los clientes leche o azúcar en envases de un solo uso».

O sea, un jaque mate a los restaurantes, a los hoteles, y a los productos envasados en tiendas y supermercados, que tengan que ver con el consumidor en porciones individuales de cualquier producto alimenticio: café, mermelada, azúcar, aceite, vinagre, yogures, ensalada, comida, fruta, etc. Al parecer, son «extremadamente perjudiciales para el medio ambiente». La operación es idéntica a los tapones de Coca cola o de la leche: una tomadura de pelo, un pinrel para desajustar nuestra paciencia. ¿Qué significaría la nueva medida? Que todo se consumirá a granel como el agua del grifo, que la higiene dejará de ser un requisito, que aparecerán las infecciones, y sobre todo lo que se pretende: el cierre institucionalizado de la hostelería. En fin, que a esta gente les sobra vergüenza legislativa.

tracking