Diario de Valladolid

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DE puntillas pasó la anécdota del cartel de Intur de este año: un corazón de viñas en Eslovenia. Fue la estampa anónima del ‘atractivo interior’. Algunos pensamos que podría encajar una secuencia más próxima y reconocible. Otros consideran que es un toque internacional y creativo. Vamos, el chocolate del loro. Lo importante y lo serio es que nuestro certamen de interior languidece en cada edición. Y lo peor es que ya se rumorea y hay evidencias de que la institución ferial que organiza la madre de todas las ferias del turismo en enero, en la capital de España, anuncia para noviembre una feria de contenido interior sumándose a otras convocatorias del mismo ramo. Adiós a aquellos pactos feriales en los que no nos pisábamos los sectores.

Esto es lo que preocupa de verdad. O, al menos, debería preocuparnos. No se trata de metraje ni cifras de visitantes; eso no es trascendente y es el error de los mensajes que se trasladan en cada edición de Intur. El problema está en un enfoque sectorial y profesional, e incluso en la representatividad regional en nuestra propia feria. Cuando se trata de un sector estratégico, la política de una feria no puede ser, simplemente, la venta de metros cuadrados y depender, casi en exclusiva, del apoyo institucional y de lo simpáticas que sean las actuaciones. Hay que planificarla con más criterio, sin olvidar la vertiente de público y puertas abiertas que, por supuesto, debe ser paralela.

Intur fue la mejor lección de geografía y la fórmula para incrementar la autoestima y el conocimiento del potencial de la Comunidad en cada otoño. Intur acaba de cerrar sus puertas y seguimos igual: estadísticas siempre airosas; sostenibilidad, que es como el valor en el ejército; la mesa y la copa puesta y servida; el calor y el color de la fiesta saturando la moqueta… pero nada es suficiente.

Lamentablemente, hemos perdido nuestro lugar en el calendario ferial, que tanto prestigio nos dio en el pasado. Es incomprensible que, liderando una buena parte del arco del turismo de interior, en casi todos los frentes perdamos la feria de referencia que avala nuestro patrimonio, paisaje, infraestructura y territorio natural. Es como si Burdeos perdiese Vinexpo. Menos mal que Arpa parece que funciona, precisamente, por su enfoque profesional. De paso, recordemos que Alimentaria está en la reserva total. «Esa es otra», que diría mi madre. Habrá que hacer algo, digo yo, o que dejen paso. Viva Eslovenia.

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