Diario de Valladolid

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SI EJEMPLAR fue la renuncia de Rosa Valdeón a su primer cargo, vicepresidenta de la Junta, no menos ejemplar ha sido la segunda, esta vez al escaño en las Cortes de Castilla y León. Embriagada de sed de Justicia, se dio a sí misma un perentorio plazo para dejar de representar a los ciudadanos de Castilla y León. Otro trago amargo.

Dice mi amiga Laura, presente en la panda de la cena del pasado sábado, que si Valdeón ostenta algún otro cargo debe deshacerse de él cuanto antes, pues todo apunta a que esos puestos son, sin duda, la causa de sus penas. O le faltan cargos o le sobran sorbos, una de dos, replica Óscar.

En septiembre del pasado año todos sus más cercanos compañeros en la política elogiaron la ejemplaridad de su comportamiento al dimitir con vicepresidenta del Gobierno regional. Ni una sola palabra sobre la comisión de un delito, de la temeridad que supone conducir bebida… Si rozó a un camión entonces, también rozó la línea que separa la vida y la muerte. De la propia y de las ajenas. Ahora todos, incluida la oposición, le desean mucha suerte. Ni una crítica. ¿Y si en vez de embestir a una señal de tráfico y acabar en medio de una rotonda, hubiera colisionado contra un grupo de peatones en una acera? Las ideas, cuando nacen de cabezas no mediatizadas, deben centrarse primero en las causas, más allá de los efectos.

Propongo una encuesta. ¿Debe Rosa Valdeón ostentar un nuevo cargo público para poder mostrar, una vez más, su cívica, generosa y responsable ejemplaridad con una nueva dimisión, ya no inmediata, sino coetánea, con un hipotético nuevo suceso?

La política, nuevamente, da la espalda a la sociedad y a sus valores. Miles de ciudadanos mueren cada año en la carretera, muchos de ellos en accidentes en los que el alcohol supone la causa de una conducción temeraria.

La ejemplaridad es coger un taxi cuando se ha bebido. La ejemplaridad es no beber si no se va a tener la cordura de pedir un taxi. La ejemplaridad es abandonar todo cargo público porque el alcohol no distingue entre poder ejecutivo y poder legislativo, aunque algunas leyes parezcan nacidas tras una noche de borrachera.

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