Diario de Valladolid

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LOS DATOS DEMOGRÁFICOS no pueden ser más desalentadores para Castilla y León. Estadística tras estadística, ya sea el padrón, el número de residentes o el saldo vegetativo, aquel que mide la diferencia entre el número de nacimientos y el de muertes, la Comunidad se coloca en los últimos lugares del país cuando no a la cola.

Si malo es el padrón municipal o la estadística de variaciones residenciales porque evidencian la fuga, casi siempre de talento joven, para buscar fuera esa oportunidad que se le niega en su Comunidad, mucho peor es el estudio sobre el movimiento natural de población que acaba de publicar el Instituto Nacional de Estadística (INE). Y lo es porque lo que viene a evidenciar es el saldo vegetativo negativo que, una vez sí y otra también, registra Castilla y León.

Es verdad que la esperanza de vida es cada vez mayor, lo que es un logro de la sociedad, y que eso hace que el número de personas de la llamada tercera edad registre un crecimiento exponencial. El problema radica en que, a la vez, este aumento de personas mayores no se ve compensando por el nacimiento de niños. La consecuencia es lo que recoge el INE, más muertes, en una cifra récord y nunca vista desde que el INE es INE y menos nacimientos, también en números tan bajos nunca vistos desde hace casi quince años.

El resultado es que no se produce el natural relevo generacional. Ese el grave problema al que se enfrenta la sociedad castellano y leonesa, pero no solo, del que los expertos en demografía ya vienen alertando. Sin relevo generacional no puede haber crecimiento de población, algo que los demógrafos también vaticinan.

El triángulo perfecto que alimenta la despoblación ya está conformado: mayor emigración, cambio de residencia y saldo vegetativo negativo. Llegados a este punto hay que volver, de nuevo, sobre las palabras del presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, en el último comité de las regiones, donde defendió un informe firmado por varias comunidades para dejar claro que se está ante un problema europeo.

Ni el Gobierno de España, ni la UE pueden mirar hacia otro lado, como si el problema de la despoblación no fuera con ellos y solo le incumbiera a Castilla y León, Galicia, Asturias, Castilla-La Mancha, Aragón o Extremadura, las Comunidades firmantes del informe defendido por Herrera en Bruselas, por ser las que lideran esa pérdida de población.

Este salgo vegetativo negativo viene a agudizar, aún más, el problema de la despoblación, que como bien defiende Castilla y León es un problema europeo y como tal tiene que ser tratado y combatido.

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