Diario de Valladolid

CULTIVOS ALTERNATIVOS

El campo abre la puerta a las aromáticas

Salvia, mejorana, romero, melisa, hinojo, siempreviva, orégano y anís amplían las posibilidades de diversificación de las explotaciones agrarias mientras el sector busca consolidar nuevos mercados y mejorar la rentabilidad de los cultivos

Plantación de salvia en una explotación agrícola de la provincia de Palencia.

Plantación de salvia en una explotación agrícola de la provincia de Palencia.E.M.

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Las plantas aromáticas tratan de ganar espacio en el campo de Castilla y León como una alternativa complementaria a los cultivos tradicionales. El sector mantiene una presencia todavía reducida dentro del conjunto de la agricultura regional, pero reúne una variedad creciente de especies y modelos productivos. Según los datos que maneja el sector a partir de las administraciones, la Comunidad cuenta actualmente con unas 2.500 hectáreas de plantas aromáticas.

La cifra engloba diferentes especies y no corresponde exclusivamente a lavanda y lavandín. Estas dos plantas concentran buena parte de la superficie, mientras otras producciones mantienen todavía una presencia muy reducida. «Tenemos algo de salvia, tenemos algo de algunos hinojos y siempre vivas, pero son superficies muy pequeñas», señala Amor Guzmán, presidenta de Palentina de Aromáticas. La diversificación del catálogo se encuentra así todavía en una fase inicial.

El interés por estas producciones ha estado ligado principalmente a la búsqueda de alternativas para las explotaciones. Muchos agricultores comenzaron a introducirlas para repartir el riesgo de sus cultivos y contar con una producción diferente cuando las condiciones de otros aprovechamientos no fueran favorables. «La mayoría de nuestros socios buscaban era diversificar su explotación», explica Guzmán.

La expansión se aceleró especialmente a partir de 2015 y 2016, cuando los precios de los aceites esenciales hicieron atractiva la inversión. La superficie creció con fuerza y alcanzó uno de sus mayores ritmos de incremento en Castilla y León alrededor de 2019 y 2020.

Juan Arribas ha vivido esa evolución desde Burgos, donde la actividad de Aromáticas Cynol gestiona actualmente unas 500 hectáreas. La superficie que maneja su empresa ha aumentado considerablemente desde los comienzos de la destilería, en un proceso ligado a la búsqueda de alternativas al cereal. «Por los rendimientos que daba el cereal. Aquí en esta zona no salen los números, entonces pues bueno, aposté por las plantas aromáticas que en principio en su vida tenían un rendimiento mucho mayor», explica.

Jerónimo Martín comenzó a cultivar lavandín en Valladolid en 2018. Su experiencia se desarrolla en un cultivo que requiere unas condiciones determinadas de terreno y que, pese a su sencillez de manejo, obliga a prestar atención a la elección de la parcela. «El cultivo es fácil, es sencillo», resume.

El cambio de escenario económico llegó después de los años de expansión. Desde 2020, los aceites esenciales han atravesado una etapa de precios más bajos, mientras las plantaciones plurianuales han continuado en muchas explotaciones. «Desde 2020, el mercado de los aceites esenciales entró en una crisis bastante grave de precios y está costando mucho remontar», apunta Guzmán.

La permanencia de estas plantas durante muchos años explica parte de esa resistencia. La lavanda y el lavandín pueden mantenerse durante más de una década, de modo que arrancar una plantación cuando el mercado atraviesa una fase negativa supone asumir una pérdida importante de la inversión inicial. La recolección y la transformación requieren además maquinaria e instalaciones específicas.

Nuevas especies

La búsqueda de alternativas se dirige ahora hacia especies que todavía ocupan superficies pequeñas. La salvia es una de las que ya ha sido objeto de ensayos para comprobar su adaptación a Castilla y León. «Sí que hemos visto que se da, que Castilla y León es una zona potencial para el cultivo de estas aromáticas», afirma Guzmán. La dificultad está en conseguir que esa adaptación agronómica vaya acompañada de un mercado capaz de pagar costes.

La mejorana y el romero forman parte de las posibilidades que se contemplan para ampliar el catálogo. La intención no es sustituir de forma masiva los cultivos predominantes, sino introducir pequeñas superficies cuando exista una oportunidad comercial. «Puede ser un poquito de salvia, puede ser un poquito de mejorana, puede ser un poquito de romero», señala Guzmán.

La melisa representa otra línea todavía experimental. Palentina de Aromáticas trabaja con esta especie dentro de un proyecto de investigación para conocer sus posibilidades en la Comunidad. «Tenemos unos ensayos con melisa dentro de uno de los proyectos que trae investigación», explica Guzmán. El objetivo es comprobar primero su comportamiento antes de plantear una extensión comercial.

En Burgos también se han realizado pruebas con otras especies, entre ellas el orégano, mediante pequeñas parcelas experimentales. Estas experiencias permiten valorar su comportamiento y sus posibilidades de comercialización sin asumir una gran inversión. La escala todavía reducida de estos cultivos muestra que su desarrollo depende de la adaptación al terreno y de la existencia de compradores.

El anís presenta un modelo diferente. Se trata de un cultivo anual que ha ganado presencia en Castilla y León y que suele trabajar con contratos cerrados. La empresa proporciona la semilla y canaliza la producción, de manera que el agricultor conoce desde el principio un marco comercial diferente al de las plantaciones plurianuales.

«El anís son más agricultores particulares que quieren diversificar», explica Guzmán. La condición anual facilita además modificar la superficie de una campaña a otra si cambian las condiciones del mercado, frente al compromiso de largo plazo que supone una plantación de lavanda.

La inversión y el horizonte temporal son dos de las principales diferencias respecto a los cultivos convencionales. Arribas calcula que en una hectárea entran unas 10.000 plantas, con un coste aproximado de 2.000 euros en material vegetal, a los que pueden sumarse entre 600 y 1.000 euros por la plantación. El primer año todavía no ofrece una producción comercial plena.

«Si se hacen bien las cosas, el primer año no se cosecha», explica Arribas. Su recomendación es dedicar esa primera campaña al desarrollo de la planta y de sus raíces. «Yo recomiendo cortar las flores para que la planta engorde y haga raíz», añade. A partir del segundo año comienza la entrada en producción.

El mantenimiento posterior es relativamente sencillo, aunque los primeros años exigen mayor atención. «No son unos cultivos difíciles», señala Guzmán. Las necesidades de insumos son reducidas y no se trata de plantaciones especialmente afectadas por plagas o enfermedades, pero la recolección y la transformación siguen concentrando una parte importante de los costes.

Terrenos

La elección del terreno resulta determinante. El exceso de agua puede comprometer la plantación y el drenaje constituye una de las condiciones básicas para el cultivo. «No se puede poner en tierras que se encharquen», advierte Arribas. En el extremo contrario, una falta excesiva de agua puede provocar estrés y reducir la producción de aceite.

La campaña ha mostrado diferencias entre zonas. Guzmán señala que el exceso de calor en junio y julio perjudicó la floración y el desarrollo de las plantas en determinadas áreas. Arribas, en cambio, considera que el resultado ha sido positivo en Burgos. «Bueno, a nosotros nos ha ido bien, pero en general a nivel nacional ha ido mal», apunta.

Los rendimientos también presentan diferencias importantes según la especie, la variedad, el terreno y la climatología. Guzmán sitúa una producción media orientativa entre 60 y 80 kilos de aceite esencial por hectárea. En la actividad de Arribas, algunas variedades se mueven alrededor de los 80 kilos y otras en torno a 60, mientras que la lavanda puede producir menos pero alcanzar un precio superior.

«Las que menos rendimiento dan son las que luego se venden mejor, porque tienen mayor precio», explica Arribas. La relación entre kilos obtenidos y valor del producto obliga así a analizar la rentabilidad más allá de la producción física. La calidad del aceite y su destino industrial pueden resultar determinantes para fijar el precio final.

La transformación es inseparable de la cosecha. Las plantas deben pasar rápidamente por las instalaciones de destilación y la recolección necesita maquinaria especializada. Guzmán calcula que una máquina recolectora puede superar los 80.000 euros y que una planta destiladora puede alcanzar los 500.000 euros.

«Son cultivos que necesitan cierta asociación», sostiene Guzmán. La cooperación permite compartir maquinaria, instalaciones y servicios y facilita también la concentración de producción. En Castilla y León existen estructuras vinculadas a agricultores en zonas de Valladolid y Burgos, mientras otras iniciativas trabajan con productores de la Comunidad desde fuera de ella.

La proximidad a la destilería es otro factor que condiciona la rentabilidad. Cuando las parcelas se encuentran lejos de las instalaciones de transformación, el transporte añade costes que pueden reducir el margen. «Estando cerca de una destilería, mucho más rentable que el cereal», señala Arribas. El mercado continúa siendo el principal desafío. El crecimiento de las plantaciones durante los años de precios elevados generó posteriormente un exceso de oferta y una acumulación de producto. Las cotizaciones pasaron de niveles extraordinarios a cifras mucho menores. «En el año 2019 nos pagaron a 39 euros el kilo de aceite y el año pasado era entre 11 y 13 euros», explica .

Martín describe esa evolución desde una perspectiva similar. «Es una cultivo muy de dientes de sierra, porque de repente vale mucho, y de repente vale poco», señala. La volatilidad resulta especialmente problemática en cultivos que permanecen durante muchos años en la misma parcela y que requieren una inversión inicial bastante amplia para el agricultor.

En los últimos meses, Arribas observa señales diferentes en el mercado y un aumento del interés comprador. «Ahora está subiendo, ahora está en alza y está llamando a mucha gente interesada en comprar», apunta. La recuperación de las cotizaciones no implica, sin embargo, que todos los agricultores decidan vender inmediatamente, ya que algunos pueden optar por esperar a conocer la evolución del mercadoacional e internacional.

La comercialización está además muy vinculada al exterior. «El 98% va a Francia», concreta Arribas. Allí, los aceites entran en diferentes cadenas industriales y se destinan, entre otros usos, a perfumería, cosmética, aromaterapia y productos de limpieza. La calidad del producto determina en buena medida su utilización y su valor.

El sector busca reducir la dependencia de los intermediarios y mejorar la relación con los compradores. Para las especies minoritarias, esta cuestión resulta todavía más importante porque necesitan encontrar nichos concretos de mercado. Guzmán reclama también mayor información sobre precios y demanda para que los agricultores puedan tomar decisiones de plantación con mayor seguridad.

Genética

La investigación aparece como otra pieza clave para ampliar la diversidad. «No tenemos material genético propio de calidad», advierte Guzmán. El desarrollo de variedades adaptadas a los suelos y al clima de Castilla y León permitiría avanzar en producciones diferenciadas y con características más ajustadas a las necesidades de la industria.

El interés por nuevas plantaciones existe, aunque las decisiones son más prudentes que durante los años de precios elevados. Arribas recibe consultas de agricultores y señala que cada año se incorpora alguna superficie. «Este año, por ejemplo, no sé, dos o tres clientes que quieren poner nuevo», explica. La elección de las parcelas continúa siendo el primer filtro antes de plantear una inversión.

El cambio tampoco resulta sencillo para agricultores acostumbrados a los cultivos tradicionales. «Al agricultor tradicional le cuesta mucho cambiar un cultivo que ha hecho toda la vida por otro», reconoce Arribas. La decisión exige valorar no solo el precio esperado, sino también la inversión, el manejo, la transformación, la distancia hasta la destilería y las posibilidades de venta.

Las aromáticas afrontan así una nueva etapa en Castilla y León en la que la diversificación aparece como una de sus principales funciones. «Como complemento, como diversificación de la explotación, sí; una apuesta para lanzarse a ella, no», resume Guzmán. El futuro pasa por combinar las especies ya consolidadas con nuevas experiencias en salvia, mejorana, romero, melisa, hinojo, siempreviva, orégano o anís, siempre ligadas a las condiciones de cada territorio y a una demanda capaz de sostenerlas.

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