Diario de Valladolid

PERSONAJES ÚNICOS / JULIO ALONSO MARTÍN

El físico del hidrógeno

Este catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la UVa recibe el premio a la mejor divulgación en física entregado por la Real Sociedad Española de Física y la Fundación BBVA

El catedrático emérito de Física Atómica, Molecular y Nuclear en la Universidad de Valladolid , Julio A. Alonso Martín.

El catedrático emérito de Física Atómica, Molecular y Nuclear en la Universidad de Valladolid , Julio A. Alonso Martín.E.M.

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Maria Bausela

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Este catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la UVa recibe el premio a la mejor divulgación en física entregado por la Real Sociedad Española de Física y la Fundación BBVA por su artículo centrado en la aplicación de la física para el desarrollo de nuevas tecnologías que mitiguen el cambio climático

La difusión de la investigación aplicada al ámbito de la física ha sido un factor que ha marcado la carrera profesional del catedrático emérito de Física Atómica, Molecular y Nuclear en la Universidad de Valladolid (UVa) Julio A. Alonso Martín, y recientemente le ha llevado a alzarse con uno de los premios concedidos por la Real Sociedad Española de Física y la Fundación BBVA, en concreto el Premio a la Mejor Contribución de Divulgación en las Publicaciones de la Real Sociedad Española de Física.

Natural de Valladolid cursó su licenciatura en Física y doctorado en la UVa previo a viajar para trabajar como investigador posdoctoral en la Universidad de Pennsylvania con una beca de la Fundación Juan March y un posterior contrato por la universidad. Fue a finales de los años 80 cuando regresó a España y la ciudad del Pisuerga «con la ilusión de aportar algo a la universidad donde me formé. Volví con el firme propósito de intentar que la calidad de mi investigación fuese del nivel más cercano posible a la que hacía fuera del país», apunta el investigador.

Desde entonces su vida académica se ha desarrollado en la UVa, centro en el que fue nombrado en 1988 como catedrático, hasta septiembre de 2019 cuando se jubiló y se situó como Profesor Emérito de la universidad.

Durante el transcurso de esos años de trabajo fue adquiriendo conocimientos y perfilando su área de especialidad. «Una vida académica larga da para mucho y mi área de trabajo ha evolucionado con el tiempo, ha saltado entre varios temas. Mi actividad ha consistido en el desarrollo y la aplicación de métodos y programas de cálculo por ordenador para entender o predecir el comportamiento de distintos materiales sólidos con el objetivo de encontrarles aplicaciones tecnológicas novedosas».

Esta actividad a la cual se ha dedicado era fundamentalmente teórica y computacional, colaborado con grupos experimentales de tal manera que «ellos hacían los experimentos y nosotros tratábamos de explicar sus resultados, aplicando y mejorando modelos y teorías, y llevando a cabo simulaciones y cálculos por ordenador que muchas veces servían de realimentación para sugerir y llevar a cabo nuevos experimentos».

Concretamente, desde su grupo de investigación en la UVa han trabajado para tratar de entender las propiedades de agregaciones de tamaño microscópico formadas por decenas o cientos de átomos. «También hemos trabajado bastante en materiales formados a partir de átomos de ese elemento químico que llamamos carbono. Estos materiales están muy de moda debido a sus propiedades interesantísimas que prometen o presentan nuevas aplicaciones tecnológicas».

Actualmente, continúa acudiendo a la Facultad de Ciencias, «prácticamente cada día, colaborando con algunos profesores y estudiantes de doctorado. Estoy muy agradecido a todos ellos por permitirme continuar tan activo en el ámbito de la investigación tras jubilarme». Así no ha frenado en su afán por conocer y difundir multitud todos los aspectos que abarcan la física con la elaboración de artículos como ‘El hidrógeno: un combustible para el futuro’, publicado en la Revista Española de Física, en el cual explica la aplicación de la física al desarrollo de nuevas tecnologías que mitiguen el cambio climático.

Este estudio ve sus antecedentes en el trabajo que ha realizado desde el grupo de investigación durante los últimos, centrándose en el estudio de contenedores para almacenar hidrógeno, «ya que este es un candidato a sustituir a la gasolina como combustible en automóviles». Alonso Martín apunta que la tecnología de los coches de hidrógeno está desarrollada, pero el problema principal es el almacenamiento de este componente en el vehículo, puesto que se guarda en bombonas a muy alta presión y «es necesario» contar con métodos más eficientes y seguros. Así, tal y como expone en su artículo, ha investigado materiales esponjosos, muy ligeros y con muchos poros, capaces de almacenar hidrógeno en sus poros.

«La previsión actual es que el petróleo se agote en unos cincuenta años, y hay que encontrarle un sustituto como combustible en los automóviles. Las baterías eléctricas son uno de los candidatos, ya en uso, pues vemos coches eléctricos en las calles y en las carreteras. Pero hay otro candidato, que podría convivir sin problemas con los coches eléctricos actuales, este es el hidrógeno», argumenta.

«En los coches con motor de hidrógeno, que ya están completamente desarrollados, el hidrógeno se almacena en un depósito y al liberarlo reacciona con el oxígeno que proviene de la atmósfera y genera la energía para mover el vehículo; y solo produce vapor de agua como residuo, que no contamina. Esta tecnología está ya desarrollada, y la necesidad más urgente es mejorar el método de almacenamiento del hidrógeno en el vehículo para encontrar otras formas que eviten esas altas presiones», remarca. Por ello plantean el uso de materiales porosos para introducir el hidrógeno y que este quede atrapado en carbones ligeros.

Gracias a este artículo el investigador vallisoletano se ha alzado con el Premio a la Mejor Contribución de Divulgación en las Publicaciones de la Real Sociedad Española de Física entregado por la Real Sociedad Española de Física y la Fundación BBVA, un reconocimiento por el que asegura estar «muy agradecido. Un científico no trabaja con el objetivo de recibir premios, pero cuando te otorgan uno la felicidad que alcanzas es enorme, pues compruebas que la comunidad científica reconoce y aprecia la calidad de tu trabajo».

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