Ganar como hábito
El Pucela necesita vencer en Gijón para cerrar sus rachas sin dos victorias consecutivas ni triunfos fuera / Torres vuelve al once e Ito entra por primera vez en la convocatoria

Ito, el 29 de septiembre, día de su fichaje por el Real Valladolid.
El mismo Escribá lo dijo en la rueda de prensa previa. El de El Molinón es el partido del tres en uno para desengrasar a este Real Valladolid al que le crujen las bisagras. Cuenta con la oportunidad de romper sus dos récords negativos en la categoría: las peores rachas sin ganar dos encuentros seguidos y sin hacerlo a domicilio.
Al tiempo, puede dejar su portería a cero, lo que sólo ha conseguidos en dos de los doce partidos de Liga. Ante el Albacete por méritos propios y frente al Andorra de puro milagro. Le dispararon más que a Sonny Corleone en el peaje de Long Island.
El míster pucelano, en un ejercicio de sinceridad, reconoció que no tiene equipo para jugar a defender. Cuando el ataque es tan bueno que resulta un problema secundario, es asumible. «Prefiero ganar por 5-4 que por 1-0», decía el Johan Cruyff entrenador del Barcelona. Pero no es el caso.
Este Pucela ha aumentado mucho su producción ofensiva, aunque no posee dinamita en sus puños para ir al intercambio de golpes. Después de tener casi en la lona al Leganés, la pugna estuvo a punto de acabar en combate nulo.
Por otra parte, el hecho de que el míster reconozca que no tiene equipo para meterse atrás si hace falta, indica que no se han hecho bien las cosas en cuanto a la confección de la plantilla.
En primer lugar, porque defender es más fácil que atacar. Lo primero se puede aprender, y más de forma colectiva, armonizando movimientos grupales que corrijan errores individuales. Lo segundo cuenta con un gran componente de calidad innata. Hay muchas formas de romper a martillazos la Piedad de Miguel Ángel, pero sólo una forma de esculpirla.
Y en segundo, porque cada partido pasa por varias fases y nunca nadie, ni el Real Madrid de los 50 ni el Brasil del 70, es capaz de jugar los noventa minutos al ataque. Hay ocasiones en que el rival te encierra o que de repente te ves poco hábil, espeso, con el balón. Y hay que saber gestionar esos momentos sin que se encienda la alarma roja por una notoria falta de capacidad defensiva grupal.
Por lo tanto el Real Valladolid cuenta con muchos deberes en Gijón, pero todos se resumen en uno: ganar. Así acabaría con las dos rachas y, lo más importante, daría un paso adelante en cuanto a su capacidad competitiva. En cuanto a los goles encajados, es mejor ganar por 1-2 que empatar a cero.
La gran sorpresa del once pucelano puede ser Garri. El iscariense se retiró lesionado en el minuto 36 ante el Leganés al salírsele el hombro derecho, pero se reintegró a los entrenamientos rápido y sin secuelas, aun con el riesgo de que la lesión de reproduzca. Sus ganas de jugar son encomiables.
El encuentro también marca el retorno de Torres, tras cumplir su partido de sanción. El eje central con él y Rubio, pese a algunos errores, emite sensaciones muy diferentes al de Martínez-Tomeo con que finalizó el último partido.
Un posible once blanquivioleta es el formado por Aceves en la portería; Alejo, Rubio, Torres y Garri en la defensa; Juric, Ojeda, Ponceau y Abed en el rombo del medio campos; con Víctor y Arnu en el ataque. En cuanto al resto de la convocatoria, también viajan Dani Martín y Wauthier como porteros, junto a Trilli, Martínez, Tomeo, Clerc, Lachuer, Chacón, Yeray, Dani Pérez, Barberá, Van Duiven e Ito, la gran novedad tras llegar a finales de septiembre. Quedan fuera por decisión técnica Balboa y Homam. Son baja por lesión Latasa y De Rooij.
El Molinón ha sido propicio para el Real Valladolid en las últimas temporadas. El encuentro, como siempre, ha sido declarado de alto riesgo. Es de esperar que no se dé ningún incidente. Bastante lleva ya encima esta Segunda División.