Diario de Valladolid
Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Quizá nos vendan como una heroicidad que el Real Valladolid lleve cuatro partidos sin perder. Y es cierto. Son matemáticas. También lo son que los pucelanos han sumado 2 puntos de 12 posibles en sus desplazamientos, cifra indigna para un aspirante al ascenso.

Los números no orientan a los de Garitano por el camino de baldosas amarillas sino que les conduce a la casa de la bruja del Oeste. Fuera sólo cosecha escobazos y es incapaz de mantener una media de equipo grande. Es el séptimo peor en este capítulo, con tres rivales de los que van por debajo con un partido menos a domicilio.

Hasta aquí, los guarismos. Ahora, las percepciones. Lo peor de este Real Valladolid es que parece un equipo en deconstrucción. Con los alambres justos para tenerse en pie, fue capaz de no perder en pretemporada, tuteando a un rodado Athletic que preparaba previa europea o derrotando al Rayo en casa. Es cierto que el verano es tiempo de ensayos y de valores relativos, pero se ha pasado a velocidad vertiginosa en menos de un par de meses a la indefinición más absoluta. A pisar la ruta que lleva hacia la nada. Más que un equipo por edificar, este Real Valladolid se asemeja a un ente en deconstrucción... cuando aún no se había levantado totalmente. Como esas edificaciones ilegales que manda la justicia destruir a mitad de obra.

La diferencia es que aquí se poseen todos los permisos pertinentes. Y hay mejores materiales de lo que muchos creen, quizá también el entrenador. Parece que la fe mutua entre Garitano y la plantilla flojea, pese a las floridas y habituales palabras en público. El mensaje del técnico también se tambalea. Después de análisis realistas de los primeros partidos, parece apuntarse en los dos últimos a la realidad virtual.

Dos ascendidos han puesto en evidencia al Pucela pero el míster alabó el carácter ofensivo de su equipo ante un Nàstic con nueve titulares de Segunda B que le cedió el balón, porque no se lo quitó ni le embotelló. Y ayer, tras una segunda parte que fue un engendro, de lo peor en mucho tiempo (incluyo a Rubi y JIM), vio un partido «bonito».

Pero lo que pone los pelos de punta no son las matemáticas ni las sensaciones, sino el juego, que es la base del fútbol. La deconstrucción general se vio ayer en versión reducida. Un equipo que comienza el partido poderoso y combinativo, que marca pronto y que impone su calidad, se ve incapaz de marcar el ritmo de juego, de tener ese empaque que pedíamos la pasada temporada, y se desmorona ante un rival que juega a fútbol como podía hacerlo al rugby.

Se necesita muy poco para desarmar a un equipo sin personalidad, sin una idea clara de juego, sin capacidad de competir y al que cualquier adolescente asusta de un soplido. Fracasa la defensa, el mediocampo se deshace y suelda con la zaga, las bandas funcionan cuando aparece Mojica y el ataque es para un pícaro bullidor como Rodri cuando lo que se necesita es un hidalgo con mando en plaza. Kepa fue el bastión que evitó no sólo la derrota sino la goleada. No jugará ante el Oviedo, al igual que el colombiano. Un partido para el que no estará de más llevar la cabeza bien cubierta. Pueden caer cascotes.

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