Diario de Valladolid

El curioso dulce de Valladolid con un nombre que casi nadie entiende a la primera

Las ciegas de Íscar son uno de los dulces más curiosos de Valladolid: una rosquilla sin agujero, con siglos de tradición y un nombre que desconcierta a quien lo escucha por primera vez

Las ciegas de Íscar destacan por su característico enrejado de azúcar y una receta artesanal ligada a la tradición repostera vallisoletana

Las ciegas de Íscar destacan por su característico enrejado de azúcar y una receta artesanal ligada a la tradición repostera vallisoletanavilladeiscar.es

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Puede que el nombre despiste la primera vez que alguien lo escucha. ¿Ciegas? ¿Un postre? ¿Una receta antigua? En Valladolid, sin embargo, basta mencionar las ciegas de Íscar para que muchos sepan exactamente de qué se está hablando. Este dulce tradicional, profundamente arraigado en la repostería castellana, lleva generaciones conquistando paladares con una receta aparentemente sencilla, pero muy difícil de imitar fuera de los obradores artesanos.

Aunque muchos las identifican como una especie de rosquilla, las ciegas tienen una característica que las hace únicas: no tienen agujero. De ahí precisamente su nombre. Frente a la forma clásica de una rosquilla tradicional, estas piezas aparecen cerradas, "ciegas", una peculiaridad que ha terminado convirtiéndolas en uno de los productos más reconocibles de la repostería vallisoletana.

Las ciegas de Íscar, el dulce de Valladolid con el nombre más extraño

Su textura es una de las razones por las que generan auténtica devoción entre quienes las prueban. Son ligeras, delicadas y ligeramente crujientes, con un fino baño blanco de azúcar que aporta el punto justo de dulzor sin resultar empalagoso. Muchos las describen como uno de esos dulces que "se comen como pipas", porque resulta difícil parar después de la primera.

La receta tradicional mezcla ingredientes humildes y muy vinculados a la cocina castellana: huevo, harina, aceite, azúcar, aguardiente, anís y bicarbonato. Pero como ocurre con tantos dulces históricos, el verdadero secreto no está solo en los ingredientes, sino en las proporciones y en el saber hacer transmitido de generación en generación.

En Íscar, obradores artesanos como Dulces Vela han mantenido viva esta tradición durante décadas. Desde 1983 elaboran recetas centenarias y han convertido a las ciegas en uno de sus productos más emblemáticos, hasta el punto de haber recibido reconocimientos dentro de la artesanía alimentaria de Castilla y León. El producto, además, cuenta con el sello de Tierra de Sabor y forma parte de ese patrimonio gastronómico que todavía resiste frente a la producción industrial.

El abanico de productos que elaboran abarca 18 referencias entre las que destacan sus famosas rosquillas. Dentro de poco podrán adquirirse en la tienda online.  / E.M.

El abanico de productos que elaboran abarca 18 referencias entre las que destacan sus famosas rosquillas. Dentro de poco podrán adquirirse en la tienda online. / E.M.

Las ciegas de Íscar mantienen viva una tradición repostera centenaria

Aunque hoy siguen siendo un tesoro bastante local, las ciegas cuentan con más de 200 años de historia y también forman parte de la tradición repostera en algunos puntos de Segovia. Durante generaciones, muchas familias han heredado la receta como un pequeño legado doméstico, algo que explica por qué todavía existe cierto misterio alrededor de su elaboración exacta.

El resurgir del interés por los dulces tradicionales también ha ayudado a devolver protagonismo a recetas como esta. Frente a la bollería industrial o las modas pasajeras, las ciegas de Íscar representan algo mucho más difícil de encontrar: un sabor ligado a la memoria, a los obradores pequeños y a una forma de hacer las cosas que apenas ha cambiado con el paso del tiempo.

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