EL ESCAÑO INDISCRETO
Asuntos internos
ANTES, octubre desplegaba el pañuelo de sus cuatro semanas y media para el pregón presupuestario y en el abanico nunca faltaban proyectos con que alimentar algunos sueños. Con más o menos convergencia, los anuncios del dinero alcanzaban a todos los confines de nuestra bacalada autonómica. La imagen de Castilla y León como ancha bacalada difícil de ordenar e imposible de financiar se la tomo prestada al ilustre soriano Avelino Hernández (1944-2003), uno de los pioneros de nuestra Autonomía que supo captar esa silueta en el despliegue del mapa territorial. Entonces y a nueve de octubre, el menú presupuestario venía repleto de expectativas, aunque nunca pareciera suficiente.
Autovías, alta velocidad, palacios de congresos, paradores, tranvías e incluso aeropuertos en cada esquina. Hasta hubo un año que pasamos el otoño entretenidos con el enredo de las Cajas de Ahorros, porque nos iban a dotar con su alianza de un músculo financiero que sería la envidia del contorno. La mayoría de aquellos sueños, y no digamos la envergadura del músculo, acabaron en chasco, cuando no en pesadilla, después del tránsito por la crisis. Y ahí seguimos, pedaleando en las nubes, para no caer al precipicio.
De repente, en el estreno de esta temporada electoral que conduce a las urnas de mayo, se congelan las demandas del común y los portavoces de la oposición parecen conjurados para recrearse en los asuntos intestinos de la vida pública, que si bien proyectan su sombra sobre el común, en primera instancia quedan restringidos al escrutinio funcionarial de la propia administración. Desde la relación de puestos de trabajo administrativos, por la que preguntó el portavoz socialista Luis Tudanca, al incremento de la deuda pública de Castilla y León, sobre la que inquirió Pablo Fernández, de Podemos, o los trucos de adelgazamiento para reducir su tamaño del sector público de la Comunidad, que preocupan a Luis Fuentes, portavoz de Ciudadanos. Asuntos manejados con más o menos pasión en la órbita parlamentaria, pero incapaces de sacudir la modorra de las cinco de la tarde.
Por esas coordenadas iba discurriendo la sesión, salpicada en cada asunto con cifras de grave incidencia, algunas altisonantes, hasta que llegó el turno a José Sarrión, ya regresado de la embajada eólica con Vestas a Bruselas. El portavoz de Izquierda Unida preguntó al presidente Herrera por una sentencia reciente del juzgado contencioso administrativo número dos de Valladolid sobre las personas en riesgo de exclusión, promovida por Parados en Movimiento, que incorporó a media docena de representantes a la tribuna del pleno. Después de la bienvenida expresa de la presidenta Silvia Clemente, Sarrión trató de convencer a Herrera para que se aprobara en tres meses un rango asistencial que no deje a nadie en la Comunidad por debajo del umbral de la pobreza, reconocido en la Carta Social Europea, cuando un informe de Comisiones Obreras denuncia que son más de 433.000 las personas situadas por debajo de ese umbral de dignidad. La protesta airada de uno de los parados desde la tribuna provocó su desalojo, con advertencia de que no volviera. Lo acompañó Sarrión a la terraza más cercana.