Unos padres gallegos buscan sus células madre extraídas "por una empresa de Valladolid que cerró"
Una pareja contrató en 2008 con la desaparecida Stem Cell la extracción de células madre del cordón umbilical para almacenarlas en un laboratorio alemán, que asegura que no las tiene

La mujer gallega muestra el certificado que recibió de Stem Cell cuando contrató el servicio.
Llamaban al teléfono de siempre, pero se toparon con una operadora y una frase que les resultó inquietante: «El número marcado no existe». Unos padres gallegos buscan sus muestras biológicas extraídas por la empresa Stem Cell (con sede en Palencia y Valladolid) que les aseguró que las almacenaba en el laboratorio alemán Medizinische Laboratorien de Bonn (MLB)... pero Stem Cell cerró y MLB niega poseerlas.
Esta pareja no sabe dónde están –ni siquiera si siguen existiendo– las células madre del cordón umbilical que le extrajeron hace ya 18 años cuando nació su hijo, y ahora se encuentra atrapada en una maraña de trámites infructuosos, operaciones mercantiles, teléfonos que no existen, laboratorios extranjeros que no reconocen sus certificados. En suma: sin respuestas.
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El matrimonio prefiere mantener el anonimato por su hijo, que este año cumple la mayoría de edad, y relata que tras descubrir que la empresa Stem Cell, con sede en la palentina Saldaña y laboratorio en el Parque Tecnológico de Boecillo, «había sido absorbida por un conglomerado empresarial que incluía al laboratorio alemán», trató de contactar con él.
Después de un periplo lleno de portazos y ‘noes’ consiguieron que un representante de la compañía alemana MLB les atendiera. «Llamamos a mil puertas y, cuando por fin logramos que nos dijeran algo, desde el laboratorio nos aseguraron que no guardan nuestras muestras biológicas», explica ella. «La sensación es de desamparo total», agrega.
Cuando iba a nacer su hijo en el Hospital HM Rosaleda de Santiago de Compostela, esta pareja gallega decidió preservar las células madre del cordón umbilical en un banco privado del que les informaron en el propio hospital gallego. «Conocimos a un comercial de Stem Cell, que tenía su sede en Palencia y en Valladolid, y nos pareció buena idea. Queríamos guardarlas por si en un futuro nuestro hijo las necesitaba», apuntan.
Cuentan que abonaron 1.800 euros por un contrato en el que les «garantizaban que durante 20 años mantendrían las células madre en MLB» con opción de prórroga llegado el caso y con la posibilidad de hacer uso de ellas cuando fuera necesario.
Stem Cell las recogía «prometiendo que las almacenaban en el laboratorio alemán», que es dónde siempre habían creído que permanecían preservadas. Sin embargo, hace poco más de un año descubrieron que no era así.
Lo descubrieron por una gestión rutinaria. Cada vez que se cambiaban de domicilio lo notificaban a la empresa, como hicieron sin problema en 2013.
Sin embargo, a finales de 2024, cuando fueron a realizar lo que hasta el momento consideraban un trámite más, llegó la desagradable sorpresa: descubrieron que «ya no había empresa». «Nos enteramos de que Stem Cell ya no existía y la había absorbido un grupo del que formaba parte el laboratorio Medizinische Laboratorien de Bonn, donde se supone que estaban nuestras muestras, y una empresa de Suiza. Y entonces empezamos a indagar», relata esta mujer gallega, inquieta por desconocer qué ha sucedido con esas células madres que creía guardadas.
A falta de respuestas, se pusieron a bucear en informes económicos y a tratar de dar con alguien que les atendiera. «A través del fundador de Stem Cell», obtuvieron el teléfono del laboratorio alemán, pero las explicaciones que les dieron desde Alemania supusieron un gran revés: «Nos dijeron que no tenían ninguna constancia de nuestras muestras. Les enviamos el certificado que nos dio Stem Cell en su día, en 2008, y nos respondieron que era una falsificación. Mientras, el fundador de la empresa nos dice que sí que es correcto, pero está claro que algo falla. Son dos versiones opuestas y ninguna nos da solución. Así que nos sentimos estafados y desamparados. ¿Dónde están? ¿Qué se hizo con ellas?», se pregunta esta madre, que en 2008 dio a luz a un niño que está a punto de cumplir los 18 y «pasaría a ser propietario» de esas células madre.
«Lo peor es no saber qué ha pasado con ellas o si se han podido utilizar de algún modo. Que las hubieran destruido sería de lo menos malo, pero también da mucha pena. Quiero saber dónde se encuentran», subraya.
Aseguran que sienten una indefensión absoluta, sobre todo tras sus intentos de que alguna institución les prestara ayuda. «Hemos contactado con la Asociación de bancos de células madre, con el consulado español en Alemania, con el de Alemania en España... Todos nos responden que no es competencia suya y nadie nos ayuda. Nos sentimos muy abandonados».
Para hacer más fuerza, han tratado de contactar sin éxito con otras familias que también preservaran las células del cordón umbilical en una horquilla temporal similar a la suya, de 2006 a 2008, y que tuvieran un certificado con el mismo diseño. «Sabemos que a familias que hicieron el proceso en otros años el laboratorio les ha dicho que sí que las conservan, pero a nosotros, no; por eso mostramos el certificado, por si hay alguien en nuestra misma situación», exponen a modo de llamamiento.
Batalla judicial
Han pasado más de un año investigando por su cuenta y elaborando un dossier que esperan que sirva para que un juzgado, aquí en España, indague hasta dar con alguna explicación plausible, por lo que se preparan para emprender una batalla judicial. «Buscamos que al menos conste lo que nos ha pasado y ojalá se asumieran responsabilidades. Nos parece muy importante para no dejarlo así sin más. No creo que consigamos dar con ellas, pero al menos nos queda haberlo intentado. Tenemos que aceptarlo porque la vida sigue».
Explican que decidieron conservar las células madre en un banco privado «porque en España se podía recoger, pero no almacenar salvo en un banco público, en el que las muestras serían para uso de cualquiera que lo necesitara y no para uso propio». «Entonces si querías guardar las muestras para un futuro uso propio tenías que recurrir a uno privado. Lo decidimos pensando en los avances científicos que llegarían y en las enfermedades para las que servirían en el futuro. Nos costó 1.8000 euros y no nos parecía tanto porque podíamos permitírnoslo», señala la madre.
Con todo lo que saben, o más bien lo que desconocen, aseguran que se sienten «víctimas de una estafa» y, aunque lo ven difícil, no pierden la esperanza de llegar al fondo del asunto. «Nos gustaría saber quién ha hecho las cosas mal».