Noemí, la niña de Valladolid que busca a su familia perdida hace 49 años
Noemí, que fue internada en la Casa Cuna de Arturo Eyries y luego dada en adopción, es hoy una mujer apoyada por un investigador especializado desde Chicago, trata de desentrañar un laberinto de engaños y silencios para dar con sus padres y hermano biológicos en Valladolid. «Tuve una infancia muy dura. Es muy importante recomponer el puzle de mi vida»
Alicia Calvo
Valladolid

La pequeña Noemí gritaba a su hermano desconsolada. Él se encontraba en pie, al otro lado de la verja, en una calle del barrio vallisoletano Arturo Eyries: «No te vayas, no me dejes aquí, llévame contigo». Su petición no surtió efecto y hoy, casi 50 años después de aquella desgarradora despedida a las puertas de la desaparecida Casa Cuna en Valladolid, Noemí busca a sus padres y a ese hermano perdido. Los busca sobre todo en Valladolid, en un puñado de direcciones de la capital pucelana que aparecen en los pocos registros que ha obtenido. Pero no lo hace sola, la ayuda un investigador especializado encontrar a familias biológicas que reside en Chicago, Iván Gastañaga.

La despedida en la verja de Arturo Eyries es el único recuerdo que ella conserva de sus primeros años de vida. El de una tarde en la que su hermano Manuel la sacó para dar un paseo de la Casa Cuna de Valladolid, en aquel entonces institución para menores tutelados por la administración en los años 70, hoy reconvertida en centro cívico.
A Noemí la internaron en aquella inclusa cuando tenía cinco o seis años y no volvieron a verse nunca más. Ella terminó con una familia adoptiva en Canarias, con la que tuvo «una infancia muy dura», y con infinidad de preguntas que nadie le ha respondido aún.

Han pasado casi 50 años de aquel episodio que aún resuena con fuerza dentro de Noemí y tres desde que esta mujer emprendiera una búsqueda de sus padres biológicos y de su hermano. Quiere recomponer su biografía «para encontrar un poco de paz».

¿Alguien me reconoce?
El rastro de sus orígenes aún está repleto de incógnitas, pero los hallazgos la encaminan hacia Valladolid y, en menor medida, hacia León y Vigo. Cree que puede ser vallisoletana, pero algunos documentos también apuntan a procedencia madrileña o gallega.

«Estoy intentando averiguar dónde nací. No sé si nací en Valladolid o en Pontevedra», expone como carta de presentación esta mujer, que se aferra a datos escasos para dar con el paradero de su familia biológica. «Todo es muy confuso. En un expediente dice que nací en Madrid y en otro, en Pontevedra...».

Una de las pocas certezas que posee sobre sus orígenes y su infancia es que con apenas «5 o 6 años» el Tribunal Tutelar de Menores de Valladolid le retiró la tutela a su familia y solicitó plaza para ella en la Casa Cuna de Arturo Eyries.

Esto lo descubrió recientemente cuando el investigador especializado en buscar a familias biológicas con el que contactó para iniciar este proceso consiguió el registro de un documento dirigido al entonces presidente de la Diputación de Valladolid. Reza así: «Tengo el honor de dirigirme a V. E. en demanda de una plaza en el Centro Hogar Infantil Casa Cuna, dependiente de esa entidad, para la menor Noemí San Martín [...] por ser urgentemente necesario el internamiento de la misma, debido al ambiente familiar en que desenvuelve su vida». En otro documento [que adjuntamos junto a estas líneas] los argumentos son igual de contundentes: «Hechos: abandono, falta de medios asistenciales», recoge.

EL «ENGAÑO» DE LAS MONJAS
Su pasado está repleto de interrogantes, documentos que colisionan unos con otros y un laberinto de mentiras y enigmas: «A mi madre adoptiva le mintieron, le dijeron que era huérfana, que venía de una colonia portuguesa en África. Las monjas hacían lo que querían, me hacían pasar por una niña de 4 años para que me adoptaran porque era mayor para estar en esa casa. Entré allí en primavera y en diciembre me adoptaron».
Poco más se acuerda de aquellos años: «Parece que mi cerebro lo bloqueó y no recuerdo casi nada», relata al otro lado del teléfono Noemí, ahora residente en Canarias.

Explica que ha emprendido esta búsqueda cuando reunió la fortaleza necesaria para aceptar lo que pudiera encontrarse: «Mis padres adoptivos ya fallecieron hace tiempo y he empezado a buscar cuando he estado preparada», reconoce. «Me adoptó un matrimonio canario. Tuve una infancia muy dura. Puedes caer en una familia reparadora, que te ayude a sanar heridas y a superarlas, y en otra que no. En mi caso fue que no», indica sin querer desvelar más sobre una trayectoria vital «difícil». «No me fue bien. Además mi familia adoptiva me quitó mi verdadero nombre en el DNI y me pusieron otro, pero siempre he sabido que me llamo Noemí. Cuando era pequeña vi un papel en el que aparecía Noemí San Martín, mi madre adoptiva se dio cuenta y lo rompió. Ya no existe, pero tampoco sé si el apellido es correcto».

Esta mujer y el investigador con el que ha emprendido la búsqueda barajan un puñado de direcciones y de apellidos para tratar de dar con algún allegado.
Las calles vallisoletanas relacionadas con ella las obtuvieron de escritos, como el registro de visitas de la Casa Cuna, dependiente de la Diputación de Valladolid. En él aparece el nombre Manuel junto a las calles Espliego y Las Mercedes.

La única aparición de alguien que no fuera Manuel es la de un nombre ilegible, catalogado como «amistad» y residente en la calle Florida. También en un documento del expediente en la Diputación aparece la dirección Florida atribuida a su familia. «Hemos intentado indagar en esas direcciones. Así que si alguien que viviera allí conoce a la Noemí pequeñaja...», reclama esta mujer.

La historia de Noemí conmovió a Gastañaga hasta tal punto que cuando contactó con él decidió aceptar su caso «de manera totalmente altruista»: «Es uno de los pocos trabajos ‘probono’ que hago. Me ha emocionado. Su historia de adopción no fue bonita, ni con su familia biológica, ni adoptiva. No ha tenido buena suerte».
En este proceso de indagación llevan inmersos tres años. Él asegura que se han topado con medias respuestas y «poca colaboración» de las administraciones, por lo que ahora se encomiendan a la memoria y buena voluntad de algún vecino o familiar que les conociera. Ella pone la esperanza, aunque va disminuyendo. «Después de tanto silencio tengo pocas esperanzas. Si aparecen, bien. Si no, tengo que aprender a vivir con ello. Salir en la prensa es uno de mis últimos recursos», aclara quien vive envuelta en un torbellino de preguntas.

«No sé nada de la historia de mis padres. Para mí es muy importante recomponer mi puzle de vida. Saber quién soy, de dónde procedo, a quién me parezco. Lo necesito porque estoy incompleta y es como si me faltara una parte de mí. La pequeña Noemí necesita respuestas porque no tenía culpa de nada. Me he sentido muy sola y desamparada», confiesa.

Desconoce si su familia biológica aún vive y en estos años sólo ha recibido información escueta o contradictoria. En un documento oficial aparece como hija de Manuel Gregorio y María de los Ángeles. En otro, la madre se llamaba Gregoria y en otro, María delCarmen. Con los apellidos sucede algo parecido: San Martín, Sanz Martín... Se pregunta cuál será cierto. «Lo que nos da a entender que su adopción no estuvo bien hecha, los datos bailan, es confuso y no podemos identificar a nadie», concluye Iván Gastañaga.

Les han llegado a decir que un hombre llamado Manuel Martín murió en 2021 en Leganés. «No sabemos si es mi hermano porque desde Servicios Sociales no nos dan dado ninguna explicación más, ni ningún documento. Anda que no habrá gente que se llame así», reflexiona ella. «No hay más datos, no han mandado certificado de defunción, dirección de esa persona, prueba forense... nada», apostilla el investigador.
«Con lo fácil que sería mirar el padrón y ver quién vivía en esas direcciones en esos años... Explican que miraron, pero cerraron el caso porque no encontraron más información», indica Iván Gastañaga.

«Lo que sabemos o creemos saber es que se llamaría Noemí San Martín y nació en Valladolid en 1973 o 1971. Los padres podrían ser de Valladolid, León o Pontevedra», resume y agrega las dudas suscitadas: «La partida de nacimiento de Valladolid me da que está falsificada», expresa.
Casa Cuna de Valladolid en los 70.
Archivo Municipal de Valladolid
TEST DE ADN
Iván asegura «todo apunta a que la familia debe estar o debe ser original, entera o en parte, de Valladolid»». Sobre todo, tras una prueba de ADN realizada en el laboratorio especializado MyHeritage, que ha puesto sobre la mesa varios apellidos que podrían tener relación con Noemí: «Vera Espada y García Rodríguez».

«Tras revisar las pruebas de ADN, Noemí contactó con una prima lejana con la que comparte ADN. Esta muchacha le confirmó el posible parentesco con la familia de su padre, los Vera, y mencionó que un primo de su padre se marchó a Vigo hace mucho tiempo. Sin embargo, no ha podido compartir más información, pues argumenta que sus abuelos nacieron entre 1915 y 1920, tuvieron muchísimos hermanos e hijos y ella no ha sido capaz de rastrear el parentesco. Además, comentó que su padre dejó de tener contacto con su familia desde que era adolescente dificultando enormemente la investigación. Por tanto, las pruebas apuntan a León, Valladolid y Vigo», resume.

Con esta vía en punto muerto, el investigadorrecuerda que «existe el derecho de las personas adoptadas a buscar sus orígenes, regulado en el artículo 180 del Código Civil, y los poderes públicos deberían ayudar pese aunque en muchos casos no es así». Reconoce que «también existe el derecho de las familias biológicas de no ser encontradas. Son dos derechos que deben convivir. Nuestra intención contando todo esto es que alguien llegue y diga, ‘yo conocí a esta familia’», apunta Gastañaga.

Pese a que no ha sido capaz todavía de encajar las piezas, la búsqueda en sí ya reconforta a Noemí: «Me estoy encontrando a mí misma, a la niña pequeñita que fue a la Casa Cuna. Agradezco mucho la ayuda de Iván, que es adoptado y ayuda a otros adoptados que quieren buscar a las familias biológicas».

Sabe que no es fácil dar con alguien y que si eso ocurriera tampoco resultaría sencillo: «Si diera con alguien de mi familia le diría que sé que mi aparición después de tantos años es inesperada, pero sólo quiero recomponer mi vida y no voy a juzgar a nadie. Quiero saber qué paso y me gustaría recuperar el cariño perdido poco a poco porque a lo mejor ellos no quieren. Comprendo que después de tantos años es complicado. No tengo rencor ni a mi madre adoptiva ni a mi familia biológica porque si vives en el rencor no vives en paz».

Iván subraya que Noemí, como otros adoptados, «no encuentra descanso hasta que no hay respuestas, aunque lleguen a veces por un familiar que falleció o por alguien que todavía vive», precisa. Noemí coincide en esto y asegura que no logra «tener paz del todo». «Con lo poco que voy sabiendo, y aunque tenga poca colaboración y mucho silencio, voy construyendo mi historia y encontrando un poquito de paz. Mi intención es encontrar respuestas y si las dos partes estamos dispuestas a tener contacto... Tengo miedo a lo que me pueda encontrar, pero tengo que vencer ese miedo».
Casa Cuna en Arturo Eyries en los 70. AMV
Un bosque de calles donde se la tragó el olvido
Un oscuro bosque de direcciones conforma el mapa que guía a Noemí e Iván. Tres calles, tres direcciones postales en las que a la pequeña Noemí se la tragó el olvido y ahora la Noemí adulta confía en recuperar la memoria que le robaron. Sueña con que alguien que la conociera –o a sus allegados– alce la voz y la reconozca. Sólo quiere reconstruir su vida antes de que un callejero de silencio, burocracia y engaños la engullera. «Lo necesito».

Las pocas explicaciones recibidas proceden de documentos solicitados a las administraciones por Noemí y el investigador Iván Gastañaga, mediador en búsqueda de orígenes y autor de ‘La genealogía del abandono’. El hilo del que empezaron a tirar fue su ingreso en la Casa Cuna y de ahí obtuvieron alguna información y muchas dudas.

Su libro de visitas recoge la calle Espliego en el Pinar de Antequera, al sur de Valladolid, dentro de la parte del barrio que pertenece a la capital, puesto que una zona del Pinar también corresponde a Laguna. Es mitad barrio, mitad pueblo. Dos meses más tarde, Manuel escribe otra calle, Las Mercedes, una vía que tenía poco tiempo de desarrollo porque se levantó en los 60. Un escenario complejo en donde conviven las primeras edificaciones de altura en Valladolid -una manzana muy habitada- al que se suma un laberinto de otros edificios de varios pisos.

Son dos vías vallisoletanas clave en su búsqueda porque todo hace pensar que, de ser ciertas, allí vivió Manuel, su principal anhelo, su hermano: «Por edad, lo razonable es que le busquemos a él», indica Iván Gastañaga. «Se supone que es mayor que yo porque había que tener la mayoría de edad para poder sacarme de la Casa Cuna», añade Noemí. La tercera coordenada decisiva es la calle Florida.

Gastañaga señala que «la gran dificultad del caso es que probablemente los documentos no contengan datos reales. Pueden estar alterados porque los Servicios Sociales nos han dicho que no hay personas registradas con esos nombres y apellidos de los padres en España y que no hay más información», lamenta. «Estamos intentando que reabran el caso y seguir investigando esas direcciones».

La búsqueda sigue. El test de ADN le dio unos apellidos y alguna posible localización, pero el hilo sufrió un corte allí. Noemí sabe que hay historias de adopción muy distintas a la suya, que hay quien logra encontrar a través de la adopción a su familia y recibe sólo amor, pero ella explica que la suya no ha sido –aún– una historia con desenlace feliz. Ni introducción ni nudo. Los años con sus padres adoptivos no resultaron como le hubiera gustado y eso influyó inevitablemente en su trayectoria vital: «Mi historia ha afectado para no tener hijos. No quería repetir los mismos patrones de mi madre adoptiva y tenía miedo a no ser buena madre y a parecerme a ella».

Sin embargo, sí tiene quien la apoya en este proceso: «Mi hermano mayor [adoptivo] y mi cuñada me están acompañando con esto emocionalmente». Tras contar su delicada historia, Noemí e Iván desean «que alguien lo lea y diga ‘yo conocí a alguien con esos apellidos o en esa dirección’». La casa de una niña que aún permanece perdida dentro de Noemí.
Créditos
  • Textos
    Alicia Calvo
  • Desarrollo digital
    Alicia Calvo y Jesús Garrobo
Made on
Tilda