CALLES Y PLAZAS | CALLE ALCAPARRA
La calle de la frontera de Valladolid
Es la gran arteria de El Peral, la única calle de este barrio de Valladolid que cuenta con diversos establecimientos para realizar cualquier tipo de compra
La zona, situada en el Camino Viejo de Simancas, a cinco minutos de la capital, está en clara expansión hacia el sur

Calle La Alcaparra
La recta larguísima que conforma la calle de la Alcaparra alberga todo el protagonismo en El Peral. Y con razón porque es la única de todo el barrio en la que hay comercios y otros establecimientos de diversa índole. En el resto de esta gigantesca urbanización hay viviendas y chalés y zonas para aparcamientos donde dejan sus vehículos quienes residen allí y realizan una parada que no se prolongará mucho tiempo.
El Peral es uno de los barrios más 'jóvenes' de Valladolid. Situado en el tramo que conduce de la capital a Simancas por el Camino Viejo tras dejar atrás Las Villas, sigue creciendo de forma espectacular. Las imponentes grúas avisan de nuevas construcciones, la frecuente entrada y salida de camiones y la presencia allí de numerosos trabajadores constituyen la mejor prueba de una actividad incesante a las afueras de la capital.
Y es que el trayecto de Valladolid a este barrio se reduce a escasos cinco minutos. Si un conductor toma como referencia VallSur, el desplazamiento hasta El Peral es inmediato. Antes de realizar el giro a la izquierda ya se divisan los cientos y cientos de viviendas de todo tipo que han sido construidas y en otros casos prosiguen su edificación. Y vivir en El Peral no es fácil. Hay quienes ya han abonado una parte de la entrada del piso o chalé en el que residirán pero ya han sido avisados de que hay lista de espera y tendrán que esperar al menos hasta el próximo año para hacer la mudanza.
El Peral marca la frontera entre Valladolid y Covaresa y también con La Cañada Real y con Simancas. Muchos años atrás era impensable que surgiera este barrio pero las constructoras hacen posible que sea así. Daba la impresión de que no era sencilla la expansión hacia el sur y, sin embargo, la zona es codiciada por multitud de personas de todas las edades. Podría parafrasearse a Fray Luis de León y a su poema Canción de la vida solitaria para entender la decisión de quienes se alejan unos minutos de la capital vallisoletana para escapar del bullicio y establecerse en un barrio: 'Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido'. Es la realidad porque El Peral es un remanso de paz. Tranquilidad, calma, sosiego... Paseos interminables sin ningún tipo de agobio. Si uno continúa en línea recta antes de adentrarse en el barrio llegará a Simancas y si la ruta es hacia la izquierda el destino es la Cañada Real y Covaresa.
¿Quién iba a decirles a los primeros vecinos de El Peral que la zona iba a convertirse con el paso de los años en un barrio que seguirá extendiéndose más y más? En la década de los 90 no era más que un solar, un terreno perdido en mitad del camino sin ningún atisbo de convertirse en una zona apetecible para inquilinos de cualquier edad. Un paseo por la zona deja claro el panorama. Los matrimonios jóvenes están en su puesto de trabajo y son los abuelos, ya jubilados, quienes pasean a los nietos.
Y todo en la calle de la Alcaparra. Resulta absurdo mirar en cualquier otra dirección porque el resto de calles del barrio están prácticamente desiertas, no se ve un alma. Con el paso de los años habrá nuevos negocios, claro que sí, pero ahora mismo es imposible pensar en ellos por la sencilla razón de que será necesario esperar a que terminen de construirse nuevos bloques de viviendas con los correspondientes locales comerciales.
El primer paso para transformar el solar en un barrio comenzó a fraguarse a finales de los años 90 tras aprobar el Ayuntamiento de Valladolid el plan parcial. Los constructores ya estaban ojo avizor y no tardaron en mover pieza. El Peral estaba muy cerca de Valladolid y a buen seguro que iban a ser muchos los interesados en comprar allí una vivienda o alquilarla. Los primeros pisos comenzaron a levantarse entre las calles Alcaparra y Ciruelo. Las primera grúas que se divisaban estaban relativamente cerca de Las Villas.
Pero la expansión de El Peral apunta en más de una dirección y así se entiende la creación de nuevas calles y hasta el campo de fútbol hermanos Lesmes en recuerdo a los dos exjugadores del Real Valladolid. En 2019 el Ayuntamiento aprobó en junta de gobierno el proyecto de urbanización del conocido como polígono 2 del sector 42 de El Peral, una extensión de terreno que supera las 33 hectáreas y que comprende el entorno del colegio del Pilar, la ronda exterior y el Camino Viejo de Simancas.
Nos referimos a un barrio en construcción del que no hay datos sobre su pasado y es que El Peral no cuenta con ningún edificio que haya sido testigo de excepción de determinados episodios, como los que pueden encontrarse en otras muchas zonas de la capital vallisoletana. Su historia parte de cero, su pasado se encuentra en los terrenos sobre los que ahora se levantan modernos chalés y viviendas construidas con la eficiencia energética como patrón.
Calles urbanizadas, pequeñas pistas deportivas y varios bancos para un pequeño descanso durante el paseo reflejan esa diferencia abismal entre un barrio que continúa expandiéndose y el terreno que se divisaba varias décadas atrás que no era más que descampado cerca de donde se ubican el centro canino municipal y el depósito de vehículos de la Policía Municipal.
La gran diferencia entre este barrio de Valladolid y la inmensa mayoría del resto es que no existe, al menos por ahora, esa cercanía entre residentes que generan las asociaciones de vecinos. Nadie ha dado el primer paso. Quienes han comprado o alquilado la vivienda sólo piensan en la cercanía de los comercios para hacer la compra diaria y los propietarios de estos negocios esperan la llegada de nuevos inquilinos para mejorar sus resultados económicos.
Antes de que las maquinas comenzasen a dar forma a este barrio, la presencia de pequeños huertos animó a las autoridades a establecer nombres de frutales a la zona: calles Aguacate, Mango, Tamarindo, Papaya, Melón, Papaya, Ciruelo,... y Alcaparra, que aglutina todos los comercios: dos farmacias, un bar-restaurante, un despacho de loterías y apuestas donde también pueden adquirirse determinados productos, una peluquería, una academia de inglés, una clínica de odontología y otra de fisioterapia, una frutería y un Mercadona que es el mayor punto de encuentro.
La posibilidad de adquirir allí todo tipo de productos constituye otro motivo para establecerse sin necesidad de desplazarse a otros barrios para hacer la compra diaria. La modernidad llega a Valladolid y se instala a cinco minutos de la capital. El Peral marca la frontera de la ciudad en dirección al sur con un barrio que sigue creciendo sin parar.

Calle La Alcaparra
Calle La Alcaparra

Calle La Alcaparra
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Calle La Alcaparra

Calle La Alcaparra
Calle La Alcaparra

Colegio El Pilar, abajo, y los campos en los que surgió El Peral en 1999
Colegio El Pilar, abajo, y los campos en los que surgió El Peral en 1999

Imagen de 1960 del entorno de El Peral