TRES GENERACIONES DE CONCEJALAS / CINCO MANDATOS LAS CONTEMPLAN
«Si ahora es difícil posicionarse en política, imagina hace 40 años»
Tres mujeres; abuela, madre e hija. La pionera en entrar en el mundo de la política en Viana de Cega fue Ana María Casorrán, en 1979. A pesar de haber sido concejala un mandato, después estuvo muchos años siendo la juez de paz del pueblo. Tiempo más tarde, su hija, María Dolores Tranque, fue edil de Cultura del PP y posteriormente dio el relevo a generaciones más jóvenes. Su hija Aglaé de la Torre es hoy la responsable de Juventud y Participación Ciudadana del mismo partido.
Las tres generaciones de concejalas de Viana de Cega, María Dolores, Ana María y Aglaé, posan juntas en la residencia donde vive la abuela.-J. M. LOSTAU
Se cumplen hoy 40 años de los Ayuntamientos democráticos en España. De las muchas historias que se pueden encontrar en Castilla y León hay una que llama la atención, por su tradición familiar. Es la historia de tres mujeres, concejalas en diferentes momentos de la historia de Viana de Cega. La abuela, Ana María Casorrán Gómez, de 90 años; la madre, María Dolores Tranque Casorrán, de 56; y la hija, Aglaé de la Torre Tranque, de 33 años. Juntas suman 5 mandatos. Ana María entró en el Ayuntamiento del municipio vallisoletano en el año 76, tras el fin de la dictadura franquista. Desde entonces algunas cosas han cambiado, otras no tanto.
«Cuando entramos en el Ayuntamiento había muchos del otro bando», cuenta Ana María, que formaba parte entonces de Alianza Popular. Cuando llegaron al Consistorio, lo hicieron con una lista de solo cinco personas, sin suplentes. «Si ahora es difícil posicionarse políticamente de cara al público, imagínate hace 40 años», comenta Aglaé, su nieta, refiriéndose a que cuando su abuela entró en el Ayuntamiento acababa de terminar el Franquismo y era complicado mostrarse de cualquier ideología política.
Ana María siempre había pertenecido a la Falange Española, desde que era joven. Posteriormente, motivada por una de sus amigas que montó la Junta Local de Viana, se animó a formar parte de la política. Como concejala solo estuvo el primer mandato, después pasó a encarnar la figura de la juez de paz.
«Era un mediador de conflictos vecinales. Yo me llevaba muy bien con la gente, me conocía a todo el mundo», cuenta Ana María. Su hija explica la figura de la juez de paz es muy importante y a día de hoy sigue existiendo. «Siempre tiene que ser una persona con un carácter afable, que pueda intervenir en todos los problemas que surjan, que tenga cierta sensibilidad y que sea discreto», comenta.
Añade también que su madre se vio en situaciones de cierta complejidad, como desahucios o levantamientos de cadáveres, como en el caso del asesinato de Leticia Lebrato, la joven de 17 años que apareció enterrada en un pinar cercano al municipio.
«Viana ahora está muy bien, el alcalde lo lleva bien. El pueblo está mejor que antes», asegura Ana María.
«Si eres concejal en un municipio pequeño es por amor al arte, por dedicarte a tus vecinos y a tu pueblo. En la mayoría de los casos pierdes dinero, pero la política se lleva en los genes. La entrega es la misma que hace años», dice María Dolores. «Poca cosa ha cambiado en ese sentido», añade.
Aglaé de la Torre entró en política «porque la cultura democrática se mama, tienes inquietud», opina. Comenta que ella sí ha visto un claro cambio con la situación que se vivía antes y la que se vive ahora. «No sé si es por internet, el mega mundo, pero cuando yo era pequeña estaba deseando que pusieran un cartel en el pueblo anunciando alguna actividad; sin embargo, ahora cuesta horrores movilizar a la gente joven, que es lo que yo llevo», critica. Sobre las fiestas de Viana, reconocidas entre los más jóvenes, lamenta que haya quien va al pueblo a «hacer su fiesta».
La política ha dado muchas vueltas, a nivel local, regional y nacional, desde que Ana María entró en el Ayuntamiento de Viana.
Su hija sostiene que en el caso de su pueblo, como el alcalde, Alberto Collantes, también es diputado se mira también a la capital en lo que respecta a política. A pesar de ello, en el municipio la gente se centra en la persona y en su equipo. «Si ha habido uno que haya funcionado aunque la gente no te caiga muy bien, vuelven a salir, porque al final lo que quieres es el bien de tu pueblo y de tus vecinos», afirma.
LA RELIGIÓN
Tanto ella como Aglaé dicen que en los plenos del Ayuntamiento «apenas hay discusiones» y que se puede apreciar buena relación entre los políticos.
Algunos de los temas que más discordia causan en el Consistorio son el destino del dinero y las colaboraciones con la Iglesia y el patrimonio. Esto, aseguran las tres mujeres, no ha cambiado a pesar de haber pasado el tiempo.
«La religión era más importante antes que ahora», dice Ana María, y su hija opina que, aunque es cierto que ha perdido cierta importancia, «tenemos mucho apego a lo nuestro, que no nos toquen a San Roque y San Blas».
Sobre esto último, Aglaé recuerda una leyenda que le contó su abuela unos años atrás y que da una idea de cómo se vivía hace años la religión. Por culpa de la gripe española, en 1918, la gente «caía como moscas» en Puente Duero, narra Aglaé. «Como vieron que en Viana no moría nadie vinieron a pedir el San Roque, porque pensaban que nos estaba protegiendo y por eso no nos contagiábamos. Hubo una reunión de vecinos y la decisión final fue que San Roque no se movía de Viana».
Las tres protagonistas de esta historia consideran que la figura del concejal es vital para un pueblo. «Alguien tiene que hacerlo», opina María Dolores, y añade que ella «riñe» mucho a la gente joven «porque no se involucra y luego los oyes plantear alguna cosa, sobre las fiestas del pueblo por ejemplo, y se quejan de todo».
María Dolores critica que nadie quiere responsabilidades y que es muy fácil «hablar desde fuera». Por ello, invita a todo el mundo a pasar por el cargo.
Su hija, Aglaé, en la misma línea dice que se «ríe» mucho cuando alguien critica que un político «haya robado». «Si supieran lo difícil que es mover el dinero público, no se atreverían a decir semejante barbaridad. Otra cosa es lo que unos hayan jugado con lo que tienes que cobrar o tienes que dejar de cobrar. Pero lo que es la caja, no tienes acceso a ella», sentencia.
Viana no es un pueblo que se haya caracterizado tradicionalmente por su agricultura o su ganadería. «Todo el mundo trabaja fuera, pero somos muy del pueblo» dice Aglaé. «En el año 2003 ostentamos el récord de la tasa de nacimiento más alta de Europa, en un pueblo de menos de 2.000 habitantes, con 44 niños», apunta orgullosa. Aglaé relaciona los niños con la despoblación, porque afirma que un municipio sin niños está abocado a la desaparición.
Dicho problema, que afirma no sufren en Viana, ella lo combatiría con el autoempleo, el emprendimiento. «Cualquier cosa que puedas vender por internet te permite instalarte en cualquier lugar. Sin embargo creo que a mucha gente le falta esa chispa», opina. Añade que la Administración, desde su punto de vista, puede ofertar muchas opciones, como espacios co-working (compartidos entre varias empresas).
«Se puede favorecer el empleo local y así fijar población. En nuestro caso ha sido fácil por la cercanía con Valladolid, pero quién te dice a ti que no puede ocurrir lo mismo un poquito más lejos», sugiere.
Abuela, hija y nieta se muestran optimistas respecto al futuro de Viana. Dicen que todo el mundo que entra en el Ayuntamiento está interesado en el bienestar del pueblo, «de una forma u otra». Sin embargo, según cuenta Ana María, cuando ella estuvo en el Consistorio no ocurría lo mismo. «Cuando entraba alguien que no convenía lo echaban», asegura.
Ana María fue la única mujer en el Ayuntamiento en su época, junto a la entonces alcaldesa, Purificación Bermejo, que fue una de las apenas 100 alcaldesas elegidas en toda España tras aquellos comicios. Por ello, dice, sufrió cierta discriminación por parte de los hombres, sin embargo «en casa estaba todo el mundo encantado».
«Ellas abrieron las puertas», dice María Dolores, aludiendo a que al haber sido las primeras mujeres que entraron en política, facilitaron las cosas a las que llegaron detrás. «Además Viana siempre ha sido un pueblo muy puntero, ha habido muchas mujeres», comenta.
Ana María sí recomienda a los vecinos del pueblo vivir la experiencia de ser concejales. Eso sí, «solo a los que tengan verdadero interés por el bienestar del pueblo», afirma con rotundidad.
Hija y nieta están de acuerdo con madre y abuela, pero María Dolores sostiene que ser concejal en un pueblo pequeño «no es hacer política, sino dedicarse a los vecinos y al municipio».
Ana María entró en la política en el año 76, y la dejó unos años después. Su hija estuvo 12 años en el Ayuntamiento, ocho en el Gobierno y cuatro en la oposición. Abandonó el puesto, en la anterior legislatura, cuando Aglaé tuvo su primer hijo y decidió ayudarle a cuidar del bebé. «También lo hice por dar relevo a la gente joven. Son puestos en los que tienes que tener mucha ilusión y muchas ganas, en la mayoría de los casos te cuesta dinero», explica.
Aglaé expresa que su voluntad es estar en la próxima legislatura en el Ayuntamiento. Dice que cuatro años son muy pocos para realizar proyectos, «y más si son a largo plazo».
Una cosa queda clara, y es que en esta familia llevan la política en las venas. Quién sabe, tal vez dentro de unos años, un hijo de Aglaé sea concejal, o incluso alcalde, de Viana de Cega.