Diario de Valladolid

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No habían aparecido todavía los actores del pacto de la marmota y alguien debió gritar en las Cortes «todo el mundo al suelo». Y los periodistas, a falta de sillas, se sentaron en las baldosas del enorme hall de entrada del parlamento, que bien dividido y tabicado da para un puñado de viviendas, de esas que no hay en el mercado, para jóvenes y no tan jóvenes. Es normal que después de 81 días para redactar 62 folios, a folio por día laborable, en los que el cumplimiento del pacto se lo han endosado a Óscar Puente, todo fueran prisas e improvisación. Llevan los de Cortes 81 días tocándose la breva a dos manos como para tener que poner sillas para que los periodistas se siente a tomar nota de la comparecencia. Lo de las Cortes nuestras de cada día es que no te lo acabas. Alguien tendrá que poner una máquina de fichar en las Cortes, aunque sea para cumplir la ley esa del control de las horas extras del gobierno de Sánchez y la indocumentada de Yolanda Díaz. Es inaudito que ni control de eso exista. No iba a ser Tudanca el que lo pidiera, él que no pisaba más allá de un cuarto de jornada los días de pleno vespertino, porque a eso de las seis se largaba del hemiciclo al gimnasio del Palero, que tiene convenio con el Sercotel, que es donde se alojaba a cuenta del partido, dietas a parte camufladas en las cuentas secretas. A ver si tiene un rato la UCO y se acerca por la sede autonómica y conocemos en toda su dimensión el uso del fondo de reptiles en tiempos del tudanquismo. Cuentan que el asunto no ha cambiado, como no ha cambiado nada, con la llegada de Carlos Martínez, que cualquier día de estos le da por aparecer por las Cortes, aunque sea a firmar las nóminas de 105.000 euros, una cuarta parte de ellos limpios de polvo y paja. De lo de las sillas los del PSOE no se han enterado porque no pisan por el tajo. El problema de Castilla y León nunca han sido los gobiernos. Vaya castigo nos ha caído con la oposición. A cada mandato más haraganes mantenemos.

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