El PSOE CyL no acaba de salir del día de la marmota y el ‘tudanquismo’

Carlos Martínez tras el acuerdo entre PP y VOX
Desatascado el pacto de la marmota, una vez que VOX empezaba a avergonzarse de bloquear la formación de gobierno en Castilla y León por mero tacticismo en Andalucía, los que no tienen pinta de que vayan a sacudirse el día de la marmota son los de la oposición, que ya se han pegado un veraneo de 81 días a cuenta del contribuyente. Ahora dispondrán de otros dos meses, con sueldos, pagas extras, dietas y demás prebendas por el parón del parlamento entre julio y bien entrado septiembre. No hay mejor vida que la de procurador de Castilla y León. Tiene mucho tajo por delante, si es que es capaz, el nuevo inquilino de la presidencia de las Cortes, Francisco Vázquez. El jefe de la oposición, Carlos Martínez ha aparecido cuatro veces por el parlamento del que cobra la nada despreciable cifra de 105.000 euros. Igual que el resto de la dirección del grupo parlamentario. Todos fieles discípulos del tudanquismo, que sigue rigiendo en el PSOECyL y que, una vez que lo han degustado, no parecen dispuestos a sacudírselo. A este ritmo, Tudanca va a parecer un esclavo del algodón, comprado con los actuales jefes del cotarro socialista. Pero la metáfora del día de la marmota no es sólo el trabajar, algo de lo que evidentemente no han hecho uso todavía en el grupo socialista salido del 15-M. Es una actitud en la forma y las maneras de afrontar la oposición. Y de momento es todo improvisación. Y eso no lo dice este periódico, lo dicen, asqueados, dirigentes socialistas, que ven como el proyecto de Carlos Martínez se diluye entre la ocurrencia, la opacidad y el desconocimiento de una estrategia clara. Sus constantes desapariciones de la escena en momentos importantes, sin que nadie sepa de su paradero en el partido, tal y como confiesan desde su entorno, está creando enorme desazón y frustración, además de incomodidad e irritación, entre quienes confiaron en él para dar un cambio de rumbo. No puede sostener toda la acción de oposición en el aliento que le preste algún sindicato o colectivo amigo sin legitimidad alguna para cuestionar, por ejemplo, a VOX. Fundamentalmente porque VOX, les guste más o menos, sacó 233.000 votos, 14 escaños más que cualquiera de esas sucursales sindicales sobre las que, siguiendo la tesis tudanquista, Martínez pretende sostener cuatro años de oposición. Lo que tienen que hacer esos moralizadores de la democracia es concurrir a las urnas y medir su legitimidad. O al menos respetar el veredicto de los ciudadanos. Porque, como rezaba Grândola Vila Morena de Zeca Alfonso, himno de la libertad como no se ha escrito otro: O povo é quem mais ordena. Quizás sean los que repudian las urnas los que tengan que tratarse el fascismo del que hacen gala.