Diario de Valladolid

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A veces, uno acierta por equivocación. No se puede estar errado todo el tiempo y todos los días, por más que lo intenten algunos porque como los relojes averiados, hay momentos en los que atinan con la hora correcta. Puede que ese haya sido el caso cuando el candidato socialista a capitanear la oposición de el parlamente autonómico, ese que tiene mucho eco pero sólo por dentro, quiso prestar su apoyo al sector maderero de Castilla y León. «Si queremos combatir la despoblación y afrontar con garantías la transición energética, tenemos que apostar por quienes viven, trabajan y cuidan nuestros montes los 365 días del año, garantizando infraestructuras, servicios públicos y oportunidades reales en el medio rural”, dijo el soriano, que como tal debería saber de qué estaba hablando. Incluso reiteró que “antes incluso de que se hablara de desarrollo sostenible, ya había empresas en este territorio trabajando con recursos renovables”. Pero lo que creí por un momento que era un rayo de clarividencia abriéndose paso por entre el intrincado argumentario político, espeso como el más negro de los bosques, no era sino un retruécano para colar la morcilla del cambio climático y las monsergas habituales. Resulta que el alcalde soriano no estaba diciendo que hay que dejar en paz a las gentes del monte, que llevan siglos cuidando de él antes de estos pisaverdes del ecologismo antifa anduvieran todo el día balando cual oveja modorra. Se ha le ha torcido el discurso al candidato a portavoz socialista y ha salido con que en su opinión -progresista y globalista- el futuro del sector maderero en la Comunidad de Castilla y León “tiene que estar necesariamente vinculado a la transición energética y ecológica”. Con un par. En mi pueblo te miran con el ojo guiñao si vienes con esas zarandajas. En los pueblos pinariegos en los que se goza de la suerte de pinos otorgada por un rey hace casi un milenio, nadie puede creerse tan soberbio como para imponer a los vecinos, los dueños de todos y cada uno de los pinos, el aprovechamiento integral del monte constituye “uno de los pilares fundamentales” para avanzar en la descarbonización y en un modelo energético sostenible. Cuando alguien habla de aprovechar algo que es tuyo la traducción simultánea dice, ‘ojo Chato que te quieren robar, saca la garrota’. Y la saca y se va a la urna y del cachavazo la sube al Pico, a que vaya un ecologista a bajarla. A ver cuando algún político se arrima a un forestal, a un ganadero, a un paisano de pueblo, le escucha y sale luego ante los medios para contar que le ha convencido con su sabiduría milenaria, que en cuanto sea presidente o ministro o subsecretario tratará de no meter la pata, de no imponer sus creencias ecolojetas estereotipadas y que cada vez que tenga una duda volverá a echarse un chato de vino con la gente a ver si le ayudan a resolverla. Los paisanos de mi pueblo no dictan a sus señorías los horarios de la cafetería de las Cortes ni corrigen sus peroratas parlamentarias. Son humildes y conscientes de que el monte es más importante que todos los políticos juntos.

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