Adula y vencerás
SÉ que a los políticos, en general, les gusta sentirse piropeados en los medios de comunicación y, sobre todo, a una gran mayoría les agrada que solamente se diga lo favorable. Y los medios de comunicación suelen ser transigentes, complacientes e incluso cómplices con esos comportamientos «razonables» e incluso dan a los políticos un aplauso para que se sientan halagados y reconocidos en lo que hacen, aunque hacerlo sea su obligación. La política, por lo tanto, ampara a uno de los gremios puntuales en los que se suele aplaudir a troche y moche… casi siempre por nada. Pero también aplaudimos a los deportistas, cantantes o toreros por ejercer su puesta en escena cobrando en ocasiones cifras astronómicas.
Aplaudir por hacer las cosas bien y además cobrar por hacerlas es una contradicción, ya que hay un doble pago del que jamás disponen el resto de los mortales. Y por esa razón, en ocasiones, especialmente los políticos –que son los que tienen cierto poder sobre todos los demás– se sienten protagonistas de la historia que ellos van trazando con aciertos y muchos desaciertos, o incluso aprovechando el cargo pasajero para hacer negocios y componendas que suelen terminar en los tribunales de justicia.
Pero la adulación está ahí. Para que todos entendamos que un político va a estar más pendiente de nosotros si quitando hierro a sus asuntos aplaudimos por aplaudir. Porque en la mayoría de las ocasiones en las que interviene un político para contarnos lo bien que hace las cosas, nos deja, como mínimo pensativos, ya que no he conocido ni a uno solo que reconozca sus culpas o sus limitaciones, ante procesos que afectan mucho a todos los demás. Pero si no adulas al político de turno estas perdido. Te pone en la lista negra particular y no te da ni agua.
A eso, tristemente, hemos llegado en la España actual, en la que la mayoría de los gobernantes justifican lo que hacen mal agrediendo al contrincante: tener o no tener razón es lo de menos. Sin embargo, la política española –tan revuelta y nauseabunda en este instante– no frena en seco para reconocer que lo que está mal hecho ha de tener responsabilidades... Y se nos viene a señalar, sobre todo, que los partidos políticos, han de leer la cartilla a sus cargos públicos y no auspiciar ni negar todo lo que sucede.
Sánchez no puede decir ahora que apenas conocía a esos sanchistas que formando parte de la banda del peugeot pasaban los días junto a a él, y Feijóo debería de estar más comprometido con esa realidad aplastante que continuamente le erosiona, ya que cada quince días sale alguno del Partido Popular que ha vuelto a liarla. «Adula y vencerás» significa el elogio vacío que se hace por temor, deseando que quien manda se acuerde de nosotros.