Lentejas de la Armuña y fiscales

El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.
ANDAN MUY compungidos en el gabinete con los tiempos procesales del fiscal general del Estado, un instrumento en manos de Sánchez para fustigar rivales. Atentos al fiscal del TSJ de Castilla y León con lo de los incendios. Si yo fuera Quiñones no las tendría todas conmigo, viendo cómo se las gasta la independiente fiscalía. El PSOE CyL, al que el subconsciente juega malas pasadas, lleva semanas pronosticándole el camino de la instrucción a Santiago Mena, en cuanto arribó la denuncia socialistamente teledirigida a su despacho de Burgos. En privado brincan de alborozo. En ello han puesto todas sus desesperanzas electorales ante el garrotazo que se les avecina. Álvaro García Ortiz, salmantino y filtrador a partes iguales, seguramente sea inocente. O, al menos, presunto inconfesable. Pero no está mal que pruebe de su propia medicina, esa que muchos de los suyos suministran a ciudadanos, incluidos periodistas sin afinidad ideológica, pasándolos por la quilla del banquillo con muchos menos motivos de los que le han llevado a él al Supremo. Muy mejor amigo de Dolores Delgado, otra fiscal independiente y de las JONS , que no tuvo reparos en transitar por las puertas giratorias del gobierno de Sánchez en un claro alarde de su equidistancia socialista. Ambos, Ortiz y Delgado, eran asiduos a un buen plato de lentejas de la Armuña en la capital charra, previamente remojadas, para establecer estrategias contra el PP. ¿Será este el lawfare al que aluden con insistencia los ministros del gabinete? Sánchez prejuzgó contundente la inocencia de soldado Ortiz. Lo cual nos lleva a concluir que si Sánchez tiene meridiano que no fue su fiscal general, sabe con nitidez quién perpetró la filtración masiva. Y no miro a Óscar López. Que citen a Sánchez, al que no asiste el secreto profesional periodístico, como testigo y quedará resuelto el entuerto y su amigo Ortiz en libertad. Provisional, como la calle aquella del alférez aquel.