La Soria que ríe
SORIA y trufa es un dueto inseparable. El diamante negro, tan cotizado en el sector alimentario y tan demandado en la gastronomía actual, ha ejercido como tal, convirtiéndose en un todo un fenómeno cultural y económico. La truficultura en Castilla y León es una realidad creciente. Pero el epicentro es soriano por razones de peso. Acudo al anecdotario tantas veces repetido de la primera plantación de encina micorrizada en Abejar hace 40 años. Un visionario navarro se adelantó a los tiempos. De ahí la trascendencia de la Feria de la Trufa en Abejar, apuesta de un ayuntamiento que desde hace 18 años sitúa a esta localidad soriana en el calendario trufero. Aunque no obtuviese desde el principio el refrendo institucional debido, sería un error no potenciarla más ahora que Aragón lidera la truficultura nacional. Soria capital ha encontrado su sitio y esta vez sí que las instituciones regionales han respondido con fuerza.
El congreso Soria Gastronómica ha sido un espaldarazo importante que ha colocado al mundo micológico en la alta cocina. Gracias a un buen planteamiento, ha desfilado por la capital machadiana lo más granado de la alta cocina internacional. Ahora es cuando hay que sujetar esa bandera con criterio y habilidad para no distraer la atención de los cocineros hacia Soria. La segunda edición del concurso ‘Cocinando con trufa’, que culminó ayer, ha venido a reforzar, la ‘sorianidad’ del acontecimiento, esta vez con la trufa en solitario. Un fenómeno que encaja en el momento delicado que vivimos, pues ha conseguido trasladar e incentivar una actividad gastronómica, turística y de aprovechamientos forestales, creciendo cada año las plantaciones truferas en el medio rural. Que es de lo que se trata. Pero la batalla todavía no está ganada, la mención de calidad es necesaria y el Itacyl debe mover ficha ya. Con más agilidad.
Como también, recuperar el caldo investigador que en su día se llevó a cabo dentro de las políticas medioambientales, hoy más frías y lejos de Soria. La micología, y la trufa como abanderada, es una opción lógica y sostenible que genera una imagen verde y actual. El truficultor no es que sea un ejemplo de transparencia, pero es muy activo y cualificado. Hablamos de diamantes y las joyas cotizan en bolsa. Pero a nadie se le escapa ya que en este asunto Soria sonríe y ostenta el liderazgo incuestionable en la materia, pues en esta tierra se gestó el proyecto micológico de la región.