La involución del presidente
«MILES de personas mueren cada año en el Mediterráneo y miles se salvan gracias al trabajo de las ONGs. El Gobierno de Rajoy debe atender ya al barco de Open Arms y comprometerse con una política de cooperación y humanitaria digna en la UE. Hay que parar este drama».
Reproduzco literalmente lo que Pedro Sánchez proclamaba hace solo dieciséis meses, antes de ser presidente, en un tuit jaleado por cientos de miles de españoles de distintas ideologías. Dos meses después, ya en la Moncloa, emocionó a muchos ordenando salvar a los migrantes del Aquarius. Un año después, Sánchez disfruta de sus merecidas (¿?) vacaciones en Doñana e ignora a las 147 personas del barco español; consigue así que algunos equiparen su actitud a la del ultra Salvini, a quien los jueces italianos han leído la cartilla en un varapalo al peligroso fascista que atenta contra la dignidad de las personas.
Preocupantes son esas tendencias que la realidad demuestra cuando un político utiliza gestos para reforzarse a sí mismo. Sánchez olvida demasiado pronto aquello que denominó el «drama» del mar... pese a su forzado giro de última hora. Su memoria a veces es frágil cuando se trata de practicar una política efectiva de solidaridad con los más desfavorecidos. Y lo peor no es solo eso, sino que hay demasiados allegados que, obedientes y sumisos, defienden sus gestos con estas personas que deambulan por el mar y justifican al presidente cuando los olvida y hace todo lo contrario.
Es preocupante la involución de Sánchez y algunos de sus fieles. Con la investidura ocurre algo similar. Quizás responda a lo que Monedero llama no tener ideología. Vuelve a dejar para septiembre sus labores pendientes. Lanza un cúmulo de reuniones con la sociedad civil para humillar a su socio preferente como castigo a sus más que evidentes errores en medio de una disidencia interna. Da la sensación de que ahora busca la derrota definitiva de Podemos. Los ignora, los humilla y un rebaño de sus feligreses adora eso y lo contrario.
Ojalá ese otro puñado de socialistas que aún cree en la democracia le haga reflexionar y evite la involución sanchista. Hay tendencias evidentes de que algunos sectores de la derecha han dejado de creer incluso en esta recortada democracia. La vecina Madrid es un ejemplo paradigmático. Manda huevos que la ‘popular’ Ayuso, heredera de gobiernos corruptos, diga que quiere hacer libres a los madrileños. Manda huevos que Mañueco, desde nuestra tierra, sea el primero en saludar esa alianza con Vox.