Diario de Valladolid
Javier Pérez Andrés

Javier Pérez Andrés

El robo de un dios en el Duero

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Así, como suena, se trata del robo de un dios, de Baco, el del vino, mitológico por antonomasia. El mismo que aparece en boca de todos cuando se despliega la pancarta cultural del Duero. Lo que posiblemente sepan muy pocos, menos los que tenemos ya sobrecarga de polifenoles, es que Baco, el dios del vino, al que los romanos dedicaron locas fiestas siempre acompañado de la bella Ariadna, llevaba enterrado más de mil añadas en la ribera y una mañana, la del 72, se le apareció a un viticultor, a Victórico, a quien conocí y me contó lo de la niveladora de tierras en el pago de Santa Cruz, en Baños de Valdearados, aunque siempre dijimos que fue un tractor, es más literario.

Y entraron los arqueólogos –cuando Atapuerca no acaparaba el presupuesto- y tras un corto periplo de traslados, el mosaico volvió a su villa y se convirtió en aula arqueológica para turistas y ribereños. Tres años después del descubrimiento, en la cosecha de 1975, en La Horra, se celebró el 25 aniversario de las cooperativas del vino burgalés. Fue en la Cooperativa de Santa Eulalia, paradoja: la mártir en tiempos de Diocleciano que tiene su hornito en la Mérida romana. Casualmente, estos dos hechos, mosaico y cooperativas, fueron el embrión de la hoy rica y poderosa Denominación de Origen Ribera del Duero.

Pero en la Nochebuena de 2011 -me dicen todavía en el pueblo- nos lo robaron. Precisamente, cuando el enoturista disfrutaba de la gran ruta del Duero. Lo expoliaron, arrancaron vilmente sus teselas. Vi llorar a muchos en Baños de Valdearados. Acababa de llegar Lolo a la alcaldía. Se va ir de ella sin recuperar el mosaico. Intervino la Policía Judicial, y la Científica de la Benemérita y, por supuesto, Patrimonio.

Desde entonces, nada más se supo del paradero de esas valiosísimas teselas, de una pieza única del patrimonio arqueológico español. La Junta, o sea, todos nosotros, actuó con criterio y saldó el hurto con una magnifica réplica. Pero al dios nos lo robaron. Me pregunto… si el Codex Calixtino apareció al poco tiempo en la catedral jacobea y los dos sillares visigóticos que nos robaron de Quintanilla del Viñas vuelven a casa gracias a un detective belga experto en arte. ¿Por qué no pensar que, algún día, Baco volverá? Sugiero a los bodegueros de la ribera que, entre todos, contraten a un detective para que nos lo busque. No se pueden criar vinos sin su dios en el Duero.

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