Diario de Valladolid

ESPEJOS PARA LA BASE / ÁNGEL GUTIÉRREZ SIERRA

El pupitre en lo alto de una montaña

Puso la primera piedra del Club de Montaña y Ski del colegio San José, el cual acercó a 6.000 niños vallisoletanos a los deportes alpinos durante tres décadas

Ángel Gutiérrez Sierra posa con dos esquíes en el claustro del colegio San José, donde fundó el club de esquí y montaña.-J. M. LOSTAU

Ángel Gutiérrez Sierra posa con dos esquíes en el claustro del colegio San José, donde fundó el club de esquí y montaña.-J. M. LOSTAU

Publicado por
Guillermo Sanz

Creado:

Actualizado:

En ocasiones, el destino parece ser un ente travieso que une caprichosamente los hilos genealógicos y futuros para tejer una vida. Este es el caso de Ángel Gutiérrez Sierra, un hombre con un apellido que, por palabra y obra, evoca un paisaje nevado con las montañas reinando en el horizonte.

Mucho antes de moldear los cimientos del Club de Montaña y Ski del colegio San José, Ángel Sierra escribió el prólogo de su amor por la montaña. La primera línea tuvo como escenario Santander, ciudad que le vio nacer; la segunda Comillas, donde pasó 13 años de su juventud. A orillas del mar se destapó como un enamorado de los deportes. El fútbol, el ciclismo y el frontón de pala dura eran el trío de ases que tenía en su mano. Sin embargo, su vida dio un giro cuando la Universidad de Comillas se trasladó a Madrid y él tuvo que tomar el mismo camino.

«En Madrid hay de todo, pero no encuentras de nada», reconoce Sierra. Con este panorama decidió subirse al primer tren que llegó a su estación. «Yo iba sábado y domingo a la sierra. Allí me encontré con un chico que era de Cruz Roja y me dijo que iba a juntar a un grupo de socorristas de esquí y que estaban pidiendo voluntarios, así que yo me ofrecí», recuerda. Así empezó a aprender a esquiar con 39 años: «Nunca he sido un buen esquiador. Empecé tarde y no había medios», reconoce. Sin embargo, eso no le ha impedido disfrutar de la riqueza del oro blanco durante varias décadas.

La herencia de su etapa madrileña la quiso compartir cuando el destino le puso las maletas en el corazón del colegio San José de Valladolid. Corría el año 1971 y apenas necesitó un parpadeo para darse cuenta de que los bastones y los esquís podrían entrar en las aulas. «Vi que en el colegio había de todos los deportes, menos los de montaña, así que monté el Club de Ski y Montaña del San José», explica. De esta manera partió el primer bus (lleno hasta los topes) a Navacerrada: «Casi todos veían la nieve por primera vez. Fue un día agradable y beneficioso para las siguientes», reconoce.

Un convoy de entre seis y ocho autobuses circulaba cada fin de semana en dirección a los diferentes puntos de la montaña castellano y leonesa. Dos veces al año se cogía la carretera en dirección a Andorra, donde el club viajaba y donde el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, acudía como monitor con regularidad. Durante los treinta años que se mantuvo viva la llama del Club de Montaña y Ski del San José más de 6.000 niños y niñas de diferentes generaciones se acercaron a los deportes de montaña. «Siempre he dicho a los padres que cada euro que inviertan en deportes para sus hijos son 3 ó 4 euros que te ahorras en médicos y boticas», subraya.

El legado de Ángel Gutiérrez Sierra no se despidió cuando el club entonó su canto de cisne en 2002. Su huella quedó grabada en la nieve y en el recuerdo de muchos de sus alumnos, que llegaron a poner su nombre a un club (Sierra XXI) cuando los esquíes se desplazaron hacia el otro lado de los muros del San José. Sierra es, sin duda, una persona que sabe disfrutar de un nuevo capítulo cuando otro pasa de página. Así, con ninguna deuda pendiente, la única espina que queda clavada en su memoria es el hecho de que toda una cantera de esquiadores y montañeros se esfumara como el humo con el viento.

El esquí salió de la vida de Ángel G. Sierra (primero por un ataque de cervicales y después con la desaparición del club), pero la llamada de la montaña sigue entonando su nombre con puntualidad británica. Los 86 años que lucen en su DNI no le impiden, ni mucho menos, caminar al menos una vez al mes por los Picos de Europa. ¿La fórmula de la eterna juventud? El jesuita no la esconde: «Primero, soy vegetariano desde 1972 (cuando descubrió las virtudes de esta práctica en un libro del doctor José Castro) y el segundo, seguir siendo deportista», concluye.

tracking