Diario de Valladolid

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«NO ME DEJES sola, por favor». La víctima de la «presunta» violación de los cinco de La Manada se dirige en esos términos a un policía agarrándole del brazo. Ha ido a denunciarlos tras haber sido descubierta llorando con amargura en una noche de san Fermín. El juicio contra estos «imbéciles», como los llama su abogado, ha quedado visto para sentencia. La chica, sobre la que se ha vertido de todo, lleva año y medio en tratamiento. La fiscal dice con absoluta contundencia que «actuaron de forma conjunta y organizada», mientras la joven denunciante «no sospechaba ni rematadamente lo que estaba pasando».

«Cuando los acusados terminaron y consiguieron lo que querían, la dejaron tirada y semidesnuda», añadió.

La soledad es uno de los sentimientos más extendidos y crueles entre las víctimas de la violencia machista, que ya se considera en algunos ámbitos como el «Holocausto del siglo XXI» por las miles y miles de muertes que causa en el mundo. La desigualdad es el pilar de tanta crueldad. Ni se contabilizan bien los asesinatos machistas ni hay conciencia del elevado volumen de crímenes en potencia que hay porque son numerosos los casos de malos tratos que no acaban con la víctima de forma física. Porque numerosas son las manifestaciones de malos tratos a mujeres que vemos cada día: en el trabajo, en la calle, en los medios de comunicación… Y las ocultas, y más graves, entre las cuatro paredes del hogar.

En Valladolid se juzga a dos primas por inducir a la prostitución a una mujer. ¿Cómo es posible que en pleno siglo de modernidad siga existiendo esa forma de humillación y esclavitud legal sin derechos, ni controles y asumida por el Estado incluso como forma de riqueza?

Formar en igualdad, proteger a las víctimas, acabar con la complicidad del silencio social, actuar contra la creciente tolerancia sexista de adolescentes y jóvenes… y sobre todo abrir ventanas para avergonzar a los agresores escondidos en portales. Que no sólo son imbéciles, sino delincuentes en potencia que atentan contra la dignidad y la libertad de la mitad de la población. Largo y obligado camino por recorrer.

Me reencuentro con un poema en femenino contra el olvido y la resignación publicado hace seis años: Estoy harta ya... de muertes de mujeres maltratadas, / por indeseables que las trataban como un pelele, / como si ellas fueran una alfombra tirada en el suelo, /de ver tanta tragedia todos los días en la tele, / de escribir este estúpido poema como consuelo,/ de sencillas frases que quedaran muy pronto olvidadas.

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