Diario de Valladolid

MONTAÑISMO

Conquistadores de cimas

Desde su nacimiento a finales de 2.008, el Club Ojanco ha pretendido hacer de la montaña un punto de encuentro capaz de unir a través de la inclusión a 120 personas de diferentes edades, con y sin discapacidad

Grupo de montañeros que viajó a Peña Vieja, en los Picos de Europa, el pasado año.-EL MUNDO

Grupo de montañeros que viajó a Peña Vieja, en los Picos de Europa, el pasado año.-EL MUNDO

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Guillermo Sanz

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Dice la sabiduría popular que no se puede poner puertas al campo y, por ende, tampoco a la montaña. La ventaja de no tener un pórtico de contención es poder encontrarse dentro de una gran familia de apellido Ojanco formada por decenas de personas. Todas de ellas diferentes pero con un rasgo en común: el amor por la naturaleza.

La idea nació hace casi una década, cuando un grupo de amigos aficionados a la montaña decidieron crear «un club diferente, que estuviese abierto a todo el mundo. Por nuestro conocimiento de la discapacidad, nuestra sensibilidad era muy alta... y decidimos dar el paso», explica David Fernández, uno de los padres fundadores de Ojanco.

Los fundadores del club de montañismo creían que «la manera de incluir realmente era a través de la existencia de espacios para ello. La inclusión de verdad se consigue andando, es decir, haciendo y abriendo mentes y estructuras. La montaña, además, es un medio que nos muestra tal y como somos, lo facilita todo. También hay momentos tensos, pero eso une aún más», explica. Un grupo de 20 personas de distintas capacidades en un escenario como la montaña escribieron juntos la primera línea de esta historia.

El tiempo ha pasado y, paradójicamente, ha rejuvenecido a Ojanco, que hoy cuenta con 120 socios que salen una vez al mes a un espacio natural en el que «la discapacidad se ha diluido, ya que todos somos iguales y la inclusión es en todos los ámbitos, no sólo en la discapacidad, ya que vienen personas mayores, más experimentadas, menos... También tenemos Pequeojanco, que es la sección de niños que salen 3 ó 4 veces al año», explica David Fernández.

«Que todo el mundo se sienta uno más y, a la vez, especial» es uno de los primeros mandamientos de Ojanco, un club que plantea actividades aptas para todo tipo de botas, como explica: «Solemos planificar actividades de distintas dificultades para intentar dar cabida a todas las demandas. Hay salidas sencillas a las que se apunta un tipo de perfil de personas y otras más exigentes a las que viene otra gente. ¡Ojo!, en esta elección la discapacidad intelectual no es un factor determinante, hay personas con y sin discapacidad preparadas para rutas exigentes y otras que no».

Un fin de semana de actividades invernales en el Puerto de Vegarada (León) y la expedición veraniega de alta montaña que se realiza en verano se convierten en las citas anuales que más éxito tienen. Así, Ojanco ha clavado su bandera en iconos como el Atlas, los Pirineos o los Alpes. Aunque, como reconoce David Fernández: «nosotros siempre decimos que el hito más alto de este club no son los 4.167 metros de la montaña más alta que hemos subido, el Toubkal, en el Atlas marroquí; si no el haber llegado a lo que somos ahora: un club especial en todos los sentidos».

Si alguien piensa que las rutas de Ojanco se etiquetan con la palabra light estaría poniendo un pie en el precipicio del error. Sus miembros han ascendido cumbres como Torre Cerredo y Peña Vieja en Picos, Espigüete en Montaña Palentina, Vignemale en Pirineos o el mencionado Toubkal. Palabras mayores.

La calidad deportiva y familiar del club vallisoletano se deja notar tanto en el montañismo como en las carreras de montaña. Entre los integrantes del club se encuentran estrellas como Alma de las Heras, actual campeona de Castilla y León, o Javier Gurpegui, campeón cadete de esquí de montaña.

Cada paso que se da es hacia el pico. Sin olvidar que detrás de la conquista de cada cima está el éxito de haberlo hecho en familia y ese ambiente cálido se deja ver hasta en los detalles más pequeños. «Un aspecto importante en Ojanco es la hora de la comida durante las rutas. Pese a que el montañero de pro recomienda comida energética frugal, hay quien no escatima en peso y se llevan viandas de todo tipo, incluida la bota de vino y algún que otro orujo. Y da igual que la ruta sea fácil o exigente, con el estómago lleno, todo se pasa mejor», bromea.

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