Diario de Valladolid

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EL SOFOCO de la sequía y el azote de las heladas agitan los relatos de El llanto del trigo, primer libro narrativo del periodista zamorano Luis Miguel de Dios (Guarrate, 1954). En realidad, los doce relatos traslucen de forma muy viva y elocuente el compromiso y la vivencia del periodista con su universo rural. También la expresión depurada y transparente, en un castellano que no renuncia al manejo de palabras vernáculas que resultan las más adecuadas para nombrar labores acendradas y en olvido.

Pero las heladas que amenazan el bienestar campesino y alimentan su fatalidad acechan en el libro: «Heló en abril. El cielo despejado y el brillo plateado de las estrellas dominaban la llanura y anunciaban fuertes pérdidas en los campos». No es una cita traída por los pelos de la oportunidad, ya que todo el libro está sembrado de ideas y peripecias que dibujan mejor que cualquier estudio la esencia de una tierra marcada por la convicción de que su esplendor pasó y ahora viene la desbandada, como el turno que sucede al aliento de la emigración. Pero que nadie busque en los relatos de Luis Miguel de Dios la complicidad con la derrota, ni el recreo costumbrista en los sinsabores, y tampoco el descuido de las canalladas. Que de todo hay en el universo rural.

Porque Luismi nunca ha sido un turista en su casa, ni se permite la licencia de adoptar semblante de pasmo ante episodios que forman parte de su vida y que lo han hecho como es. En su manejo de recuerdos, se deja de pamplinas para apuntarse a la visión juanramoniana de la memoria como «ciega abeja de amargura» tenaz en su laboreo, que incorpora la aventura del Topo de Tabuyo, quien después de sobrevivir durante décadas escondido, busca la muerte ante un toro huido del encierro, las andanzas de Cerebrito por Valladolid, la muerte del Mustio en el País Vasco, de Neftalí en un terremoto en Ecuador y de Eufrasio en un ajuste de cuentas en Madrid. Se suceden las siglas del agricultor, la magia de la fantasía infantil, las desdichas de la pobreza, la lumbre de la tradición y el milagro de las primaveras campesinas.

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