AGRICULTURA
"El precio de la patata está como tiene que estar. A 16 céntimos no cubres gastos"
A punto de cerrar una campaña "regular", los productores de Burgos y Palencia prevén un rendimiento medio de 30.000 kilos por hectárea

Recogida de patata en el Valle de Valdelucio, en Burgos, una zona de referencia en Castilla y León que habitualmente arroja grandes producciones
«La gente se está mentalizando de que no es el campo el que gana dinero. Son otros». Más claro agua. O patata, en este caso. José Daniel Bravo, productor de Villaescobedo (Burgos) y socio de la cooperativa Santa Isabel, no se muerde la lengua a la hora de señalar a quienes deciden cuánto paga el consumidor y qué cantidad perciben los agricultores. Mal que pese, la situación actual es relativamente buena aunque mejorable.
«Espero que el precio se mantenga porque ahora está como tiene que estar». En una horquilla de entre 30 y 40 céntimos el kilo, preservar las explotaciones resulta factible. Porque «a 16 céntimos no cubres gastos», bien lo saben quienes se dedican a esto. Tan solo «a partir de 18», aunque malamente, dado que «sembrar una hectárea cuesta 8.000 euros sin contar costes como la mano de obra».
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Que haya precios competitivos «es la única manera de que la gente se anime». Sin embargo, la inflación sigue campando a sus anchas y «muchos se desmoralizan». Todo influye, sin duda, y «nosotros no podemos poner el precio». ¿Conclusión? «Se está abusando mucho del campo».
Al margen de la coyuntura actual, siempre al albur de múltiples factores externos, los productores del Valle de Valdelucio, Tozo (Burgos) y Valdivia (Palencia), enclaves de referencia en Castilla y León, rematan estos días la campaña. Según detalla Bravo, la recogida se retrasó más de lo debido por las lluvias registradas a principios de mes. No pintaba nada bien la cosa este verano, aunque finalmente se puede hablar de un ejercicio «regular» en comparación con el del año pasado.
Todo apunta, en principio, a que se obtendrá una media de 30.000 kilos por parcela. Ni tan mal, dadas las circunstancias, aunque lo ideal hubiese sido superar las cuatro toneladas de la campaña anterior. Lo que ocurre, tal y como apunta Bravo, es que julio se caracterizó por un «calor exagerado», impropio para el microclima de la comarca. A raíz de tales temperaturas, «las patatas han estado de vacaciones porque cuando pasas de 24 grados por la noche se duermen».
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Aparte de cosechar menos kilos que en 2025, el tamaño de la patata también ha experimentado una ligera merma. No en vano, la calidad prevalece y, además, «hay bastante semilla». Por otro lado, Bravo explica que las variedades tardías como la Baraka o la Agria «aguantaron mejor en agosto y septiembre». También la Carlita, aunque su presencia resulte prácticamente testimonial en la zona. En cambio, la Red Pontiac no ha ofrecido rendimientos demasiado elevados porque exige «mucha producción».
Una vez culminada la recogida, la cooperativa Santa Isabel se pondrá manos a la obra para comercializar el género. Con los precios, como decíamos al principio, bajo unos estándares lo suficientemente dignos como para que la actividad siga siendo viable. Retomando esta cuestión, Bravo confía en que el encarecimiento de las materias primas se frene, que los agricultores y los consumidores puedan respirar y que «no se sacrifique al que está trabajando». Por otra parte, nunca está de más subrayar que «no hay cosa más barata para comer con la patata. Con 80 euros, tienes para todo el año».
«Los políticos no saben lo que cuesta abrir un canal comercial»
«El que pagaba era el Gobierno de Argelia y nunca había problema», lamenta José Daniel Bravo. Le apena tanto que no puede ocultar su «impotencia» ante una situación sobrevenida en la que «no sabes qué hacer» y que, por lo que cuenta, ha afectado a multitud de productores burgaleses. Lo que más le duele, sin duda, es que «los políticos no saben el daño que hacen». Mucho menos, por lo que parece, «lo que cuesta abrir un canal comercial».