ARANDA DE DUERO (BURGOS)
Un menú de primera, en un barrio de Burgos
Ángela Vanzeac ha logrado que su restaurante en un barrio del extrarradio de Aranda prospere en una ciudad muy competida

Ángela Vanzeac posa con dos de los platos que elabora en su restaurante.
Aunque los mejores restaurantes suelen concentrarse en el centro de Aranda de Duero, Ángela Vanzeac Iurii ha conseguido con su restaurante Recomiendo que el paseo hasta el polígono residencial merezca la pena. «Creemos en la cocina casera elaborada con productos de calidad y estamos muy agradecidos porque, desde que abrí hace cuatro años, nos han acogido muy bien», afirma.
Ángela aprendió con uno de los mejores hosteleros de Aranda y la Ribera, José Zapatero, propietario del mítico El Lagar de Isilla, en Aranda de Duero, y también de la alternativa La Casona de La Vid.
De origen moldavo, Angela llegó a España decidida a buscar una vida mejor. «Moldavia se había separado de Rusia y vivía una crisis muy fuerte. No fue una decisión fácil, pero, cuando mi marido recibió una oferta para trabajar en el campo en 2003, supimos que era el momento. Primero fue él y luego me uní yo dentro de la agrupación familiar», recuerda.
Su primera parada fue Villaconejos (Madrid). Acostumbrada a trabajar en hostelería, Angela vivió momentos complicados. «Como no tenía permiso de trabajo, no encontraba nada y eso de estar todo el día en casa no es para mí», asegura.
La suerte cambió gracias a una empresa vitivinícola que le ofreció la ansiada autorización. «No era lo que me gustaba, pero, para cumplir la ley, no tenía otra forma. Hubo que adaptarse», relata agradecida porque, cuando terminó la cosecha, pudo realizar un curso de cocina para extranjeros en Aranda. «Con ese curso hice las prácticas en Lagar de Isilla. Allí estuve 14 años, en los que me trataron como si fuese de la familia. Aprendí muchísimo, sobre todo la forma de trabajar la cocina mediterránea», detalla.
Su gran sueño se cumplió el 7 de abril de 2022, cuando inauguró su propio proyecto, Recomiendo. «Compramos el local y lo reformamos por completo porque era un bar antiguo que estaba muy mal y, la verdad, es que ha quedado muy bien. Tenemos siete mesas para 32 personas y, en la terraza, otras diez mesas», explica.
Desde entonces ofrece desde almuerzos y comidas entre semana hasta cenas los viernes, sábados y domingos. «Lo que más nos piden es el arroz negro cremoso con chipirón y gambón, y el arroz cremoso con boletus», destaca, sin olvidar otras opciones que siempre funcionan, como el rodaballo, el entrecot, el cachopo de ternera con cecina y queso, el calamar a la plancha o el pulpo con parmentier de patata. «Para mi es prioridad tanto la calidad de los productos como la presentación, que cuido al detalle porque la comida sabe mejor si entra primero por los ojos», defiende.
En postres, cualquier opción es buena. «La tarta de queso y la de naranja con helado de chocolate, son las que más vendemos, pero todo es casero y está muy rico, también la crema de yogur con frutos del bosque y el flan de huevo», anima.
En Recomiendo hay dos menús. El básico, activo de lunes a viernes, cuesta 16,90 euros e incluye cinco propuestas de primer plato, cinco de segundo, que van variando, postre, agua, vino postre y café.
Con un precio de 32 euros, incluido el postre, el menú especial es todavía más amplio, seis alternativas de primer plato, entre las que destacan las alcachofas confitadas con jamón y parmentier de boniato, el agnolotti de queso y trufa con salsa de foie y el gambón a la plancha; y siete segundos, con opciones para todos los gustos: entrecot, cachopo, pluma ibérica, rodaballo, calamar y pulpo.
La carta se completa con la hamburguesa Recomiendo, tres ensaladas (mixta, templada y de bacalao con vinagreta de naranja y lascas de almendra), cuatro opciones de carne (mollejas, entrecot, cachopo y pluma) y cuatro de pescado (ventresca de atún, calamar del Cantábrico, rodaballo y pulpo). Además, los más pequeños tienen su propio menú infantil, donde pueden elegir entre pechuga villaroy con huevo y patatas o lomo a la plancha con patatas y croquetas.
De la cocina se encarga ella. «Lo más difícil de este negocio es el personal. Es muy difícil encontrar un buen equipo y, además, he tenido mala suerte con bajas laborales prolongadas y días de absentismo, en días clave como Sonorama, que la verdad te hacen polvo», señala agradecida eso sí a las compañeras que sí lo dan todo.
Asegura que la hostelería es su vida y, lo cierto es que así es en la práctica, ya que pasa gran parte de ella en el restaurante. Salvo los lunes, que cierra, Recomiendo abre de 9.30 a 17.00 horas de martes a jueves; los viernes y sábados, de 9.30 a 19.30 horas; y los domingos, de 10.00 a 18.00 horas. «Estoy contenta, me gusta la cocina y el contacto con la gente, y, aunque tengo a cinco personas trabajando para que funcione, hay que estar. Este es mi sueño y trabajo cada día para poder continuar en un futuro», afirma.
Ante la pregunta de si se plantea volver a su país natal, Angela ya tiene una respuesta. «La tierra de uno siempre tira, pero en Aranda he hecho mi vida. Tengo a mi marido, que es transportista, y mi hija ha terminado la carrera de Derecho con matrícula de honor. En Castilla y León hemos encontrado nuestro sitio», termina.