RESTAURANTE CORRAL DEL TORO (MONLEÓN)
Una cocina sin BIC

Junto al verraco vetón y ante la puerta de la muralla posan José Luis López, Robert Guillén y Jenny Rodríguez.
Lo del Corral del Toro, que así se llama este restaurante en Monleón, es un milagro. Por fin, tras un tiempo cerrado, desde hace un par de meses Robert, Jenny y José han abierto las puertas del bar, del restaurante y de la sonrisa de los habitantes de esta joya histórico-artística que está en la provincia de Salamanca, sin estar declarada conjunto BIC. Pero esto es otra historia y en este caso, lo más necesario para la sociedad civil, rural y para los turistas, es que podamos tomar un café, jugar la partida y sentarnos en una mesa a comer todos los días. Menús diarios a 12 euros con platos de la digna cocina popular. Los domingos, cocido para todos a 18 euros. También hay carta y un buen reparto de croquetas, huevos rotos, patatas bravas, hamburguesas y por supuesto, una ración de jamón ibérico. Los tres trabajaron en otros tiempos en la hostelería, lejos de la subcomarca de Entresierras del Alto Alagón, que es donde se encuentra esta joya de la arquitectura medieval que, con grietas en la muralla, mantiene un caserío laberíntico junto al viejo castillo testigo de la historia de la villa desde el siglo XV. Se visita desde fuera y junto a las puertas de la muralla es una buena disculpa para comer en el Corral del Toro que debe su nombre al romance que musicó García Lorca, el de Los mozos de Monleón. Volvamos a la comanda. Una suerte de que el restaurante esté abierto y atendido y las puertas de la villa abiertas. A veces la gastronomía tiene esta curiosa simbiosis. El verraco a la puerta de Monleón os espera. Por el momento los nuevos gestores del pequeño bar restaurante, propiedad del ayuntamiento, han logrado el aplauso de lugareños y turistas y eso, en los tiempos que corren y en el medio rural, equivale a una estrella de oro en las guías del colorín. No hay que complicarse la vida, basta con cocinar con criterio sin olvidar las carnes rojas del vacuno salmantino ni ese bacalao al pilpil que Robert defiende con todos los decibelios. Fue técnico de sonido antes que cocinero. El emplazamiento, a la entrada de Monleón, con su pequeña terraza en el exterior, garantiza una fácil localización. Ahora basta con buscar en el navegador esta joya salmantina.