Escribá, otra vez con el agua al cuello
El Real Valladolid vuelve a estar a dos puntos del descenso y su técnico vuelve a estar en el foco y cuestionado si no consigue revertir los próximos ‘match-ball’, como sí hizo la pasada temporada cuando llegó al banquillo en una situación límite

Fran Escribá, en la banda de Zorrilla ante el Albacete.
A dos puntos. Otra vez a dos puntos del descenso. El lobo vuelve a asomar las orejas. Y esta vez lo hace con una sensación incómodamente familiar en la que el equipo vuelve a caminar en el alambre justo después de haber conseguido tomar algo de aire. Las primeras jornadas ya fueron un aviso de que la anhelada tranquilidad había que ganársela en el césped con acciones ante el vacío de palabras. Después llegaron cuatro partidos sin perder con ocho puntos de doce y un respiro que parecía empezar a alejar los fantasmas. Pero las dos últimas derrotas han vuelto a encender las alarmas para volver a situar a su técnico Escribá en el centro del huracán tras evidenciar errores repetidos.
Esta temporada el equipo comenzó en puestos de descenso, con un solo punto en tres jornadas con el consuelo de haber jugado los tres partidos como visitante. El arranque volvía a poner a Escribá bajo el foco con una mochila que cargar desde el primer día, la de un entrenador cuya llegada la campaña anterior había estado ligada a una situación límite.
Porque Escribá ya sabe lo que significa lidiar en una situación límite. Aterrizó después de la destitución de Tevenet con el equipo en descenso. Había que ganar. Y ganó desde el principio, con ocho puntos de doce. El equipo dejó de mirar al abismo pero por un tiempo, sólo por un tiempo, curiosamente como ahora.
El primer gran aviso fue en la jornada 33. Después de caer en Burgos, el Pucela se quedó a tres puntos del descenso. Y lo salvó con una victoria convincente ante el Cádiz. El triunfo en casa ante la Real Sociedad B dejó al equipo cinco puntos por encima del descenso y se selló media permanencia. Así se terminó salvando aquella temporada. A base de resistir aunque a base de pinceladas, más bien brochazos. Escribá consiguió entonces espantar un lobo que paradójicamente vuelve a llamar a su puerta.
BAJAS.- Rubio y Dani Pérez, ya disponibles
La historia reciente demuestra que Escribá ya ha sabido salir de ahí. Ahora hay que demostrarlo de nuevo en una campaña en la que el Real Valladolid, de forma incomprensible, parece ya conformarse de salida con un objetivo de mínimos, como es la simple salvación. Una situación que no viven otros ex Primeras que tampoco tienen los números en color negro y sí venden la ‘obligación’ o cuanto menos el deseo de ascender. Aquí, el conformismo se ha convertido en su principal mal. Los próximos duelos ante Leganés, Sporting y Castellón obligan a Escribá a sacar su pócima ya que la cuerda de la paciencia no es eterna pese a que cuenta con el respaldo de Orta. Un respaldo que no es perenne.